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El Gobierno contribuyó a que fracasara el arrepentimiento de Vandenbroele

Para el entorno del supuesto testaferro de Boudou fue el principal responsable de que se filtrara información confidencial sobre las negociaciones que estaban llevando adelante con Patricia Bullrich

Domingo 01 de octubre de 2017
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LA NACION
Alejandro Vandenbroele.
Alejandro Vandenbroele.. Foto: Archivo

Alejandro Vandenbroele , el presunto testaferro del ex vicepresidente Amado Boudou en varias operaciones clandestinas, contactó al Gobierno para acogerse al régimen del arrepentido y al sistema de protección de testigos. Y las dos veces se frustró todo. Por acciones y errores de funcionarios que filtraron esos contactos a la prensa o, peor, alertaron a sus enemigos, según reconstruyó LA NACION durante las últimas semanas a base de los relatos coincidentes de media docena de fuentes dentro y fuera del Ejecutivo.

"Ahora ya es tarde. Es tarde desde lo jurídico porque ya está por comenzar el juicio oral [por el caso Ciccone] y se agotó la oportunidad que ofrece la ley, que es durante la etapa de instrucción. Pero también es tarde porque el Gobierno se encargó de boicotearlo. Lo que no sabemos es si a propósito o por negligentes", lanzó, cargado de frustración y bronca un allegado a Vandenbroele que participó de las negociaciones.

El círculo íntimo de Vandenbroele niega, sin embargo, que él haya actuado como "testaferro" del ex vicepresidente Boudou para quedarse con la ex Ciccone Calcográfica. Como máximo, admiten, actuó como "gestor de negocios", pero también de otros que siguen en las sombras. Y que lo siguen de cerca, o incluso amenazan, para que mantenga su boca cerrada.

"Alejandro no buscaba beneficios económicos por contar lo que sabe. Sólo quería protección para él y para los suyos", detalló un informante que teme que ahora el acusado termine como "carnero" para ocultar a los "verdaderos dueños de la plata".

El primer contacto ocurrió hace dos meses. Quedó en manos de un amigo de Vandenbroele que tenía llegada a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich . Por eso las negociaciones quedaron en sus manos, en vez de su par de Justicia, Germán Garavano , responsable último del programa de protección a testigos.

La abogada de Vandenbroele, Liliana Cobas, se reunió a solas con Bullrich, quien le ofreció toda la ayuda del Gobierno, pero también le aclaró que el camino correcto era a través del juez federal Ariel Lijo y el fiscal Jorge Di Lello, que instruyen el caso Ciccone, mientras ella alertaba a Justicia para que lo protegieran.

¿Cuán cerca estuvo el acuerdo? "Cerca" o "muy cerca", según la fuente que se consulte. ¿Qué significa eso? Que Vandenbroele estuvo "a una hora", por reloj, de cruzar la línea y sentarse cara a cara con Bullrich u otro funcionario. Junto a Vandenbroele, sin embargo, afirman que el primer intento se cayó porque desde el Gobierno los derivaron con la persona menos indicada en Comodoro Py. "Lo mandaron a hablar con el enemigo", esgrimió un miembro de su círculo.

¿Por qué creen eso? Porque el potencial arrepentido ni siquiera había dado su primer paso para avanzar por esa senda cuando comenzó a recibir amenazas y aprietes. "El teléfono de Alejandro estaba al rojo vivo", rememoraron a su lado.

Furiosa, su abogada Cobas le envió entonces un mensaje a Bullrich. "Olvídese de todo esto". Contactada por LA NACION, Cobas declinó responder preguntas para esta nota.

Semanas después, sin embargo, la abogada volvió a intentarlo. Evaluó que negociar era la mejor de las opciones posibles en el cada vez más acotado margen de maniobra de su cliente. Contactó a Bullrich y para el viernes 25 de agosto ya habían encaminado otra vez el diálogo, al punto de que acordaron que el lunes 28, Vandenbroele daría en Buenos Aires el paso decisivo.

Pero algo pasó durante la tarde de aquel viernes 25. Alguien filtró lo que en teoría debía ser un secreto a rajatabla. Y las negociaciones terminaron en la tapa del diario Clarín del sábado 26, lo que descolocó a Vandenbroele y su abogada.

El cerrajero de varias causas

"Ahí se cayó todo", confiaron junto a Vandenbroele, "por temor a que le pegaran un tiro a él o a alguien de su familia. Es una lástima porque él podía ayudar a resolver esta investigación... y otras también".

¿Cuáles serían esas investigaciones? La primera y más cercana, el caso Ciccone, que empezará pasado mañana su juicio oral. Allí, Vandenbroele podría responder varias incógnitas: ¿Cuál fue el verdadero rol de ciertos miembros de la familia Ciccone en esa operación? ¿Quién fue el financista en las sombras? ¿Raúl Moneta, el banquero Jorge Brito o algún otro mecenas aún desconocido? ¿Quiénes son los dueños aún ocultos de la sociedad The Old Fund? ¿Y de la uruguaya Dusbel?

A esa primera investigación, se suman otras que Vandenbroele podría desenredar. Entre ellas, por el presunto enriquecimiento ilícito de Boudou o por la comisión por $ 7,8 millones que The Old Fund cobró del gobierno de Formosa. ¿Hubo, además, otros supuestos negociados de Boudou aún no detectados? ¿Hay activos aún ocultos? ¿Se lavó dinero? ¿Cómo? ¿Cuál fue el rol del gobernador Gildo Insfrán en la sospechada renegociación de la deuda pública formoseña?

Por esas y otras preguntas aún sin respuestas en el entorno de Vandenbroele no comprenden por qué desde el Gobierno filtraron que negociaban un acuerdo. ¿Por ansiedad? ¿Para presionarlo, en la creencia de que así terminaría de dar el salto? ¿Por afán de protagonismo?

"La verdad, no lo sabemos. Pero ellos (por los funcionarios del Gobierno) boicotearon esto. Esa es la verdad", se lamentó una fuente de diálogo permanente con Vandenbroele que accedió a hablar con LA NACION bajo condición de mantener su nombre en reserva. "Estábamos a un paso".

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