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La vigilia, entre la inquietud y los nuevos obstáculos

Mientras el referéndum suma trabas, los líderes catalanes moderaron su expectativa de votos

Domingo 01 de octubre de 2017
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La vigilia, entre la inquietud y los nuevos obstáculos
La vigilia, entre la inquietud y los nuevos obstáculos. Foto: Reuters / Sergio Perez

BARCELONA.- "Esta noche no dormimos." A Xavier Reinales se le nota la ansiedad en la voz. Corretean chicos a su alrededor en el patio de la escuela del barrio de Gracia, donde 20 padres se instalaron a partir de anteayer para "defender el referéndum" y evitar que las fuerzas de seguridad cierren el edificio, designado como centro de votación para la consulta de hoy.

La vigilia se alarga. Cada cuatro horas pasa una patrulla de los Mossos d'Esquadra, la policía autonómica catalana, para chequear que no estén celebrando "actividades políticas". Cumplen órdenes judiciales. Los padres que juran que no, que son jornadas extracurriculares. Los agentes les advierten que a las 6 de la mañana (hora local) tendrán que irse. Se labra un acta, la firman y todos en paz.

Los activistas por la independencia habían recibido temprano un mensaje viral por WhatsApp: les indicaba a concentrarse hoy en los colegios a las 5 de la madrugada. Las consignas son "máximo respeto, colas ordenadas, resistencia pacífica, cero violencia". El plan consiste en dejar que los Mossos desalojen los colegios a las 6, pero presionar para que después puedan entrar las autoridades electorales con las urnas y las mesas, de modo que a las 9 se pueda empezar a votar.

"Yo me voy a quedar a hacer lo posible para que no precinten el colegio, sin violar ninguna ley", afirmaba Mirella Trías, de 34 años, presidenta de la asociación de padres de la Escuela de la Concepción, en el Ensanche. El edificio desbordaba de alumnos felices de vivir un sábado distinto, ajenos a la epopeya que se pretendía gestar a su alrededor. Había colchones en el suelo. Los vecinos traían cajas de comida. En cada rincón se comentaban las noticias del mundo exterior.

Allá afuera, muy cerquita, los españolistas tomaban las calles de Barcelona por primera vez en mucho tiempo. Llenaron la plaza Sant Jaume, frente al Palacio de la Generalitat. Se supone que era día de reflexión (veda), pero quién iba a decirles algo si toda la elección está sostenida sobre una ley declarada ilegal por la justicia.

Bloqueo

La Guardia Civil había asestado poco antes otro golpe a la organización de la votación: irrumpió en el Centro de Telecomunicaciones del gobierno catalán con la intención de desactivar el sistema informático que, en teoría, se usaría para el escrutinio. Eso impediría, además, una eventual votación telemática. Se sospecha que era un plan B de los independentistas en caso de que funcione el cerrojo a los colegios electorales.

Se ordenó bloquear 29 aplicaciones que maneja el gobierno catalán. Una comisión policial quedó al mando del edificio y no se irá hasta pasado mañana.

"Nada de esto desbarata la logística del referéndum", respondió casi de inmediato Jordi Turull, el vocero del presidente catalán, Carles Puigdemont. La convocatoria se mantiene, al igual que la disposición de que si los partidarios de la independencia son mayoría -sin importar la cantidad que participe- en 48 horas se declarará la fundación de la república catalana.

Pero en el ambiente del separatismo era notable la inquietud. Las expectativas se moderaban. "Si conseguimos un millón de votos sería un éxito desbordante, ante las dificultades que están poniendo para ir a votar", dijo el líder de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez.

La cifra parece poca cosa comparada con los 5,3 millones de ciudadanos inscriptos en el padrón. El 9 de noviembre de 2014, en la consulta no vinculante y también considerada ilegal que organizó el anterior gobierno catalán, concurrieron a las urnas 2,3 millones. A Puigdemont le costará vender como un triunfo una cifra menor a esa.

Por eso resulta clave la movilización callejera. El llamado a tomar los colegios y resistir persigue conseguir la foto preciada de miles de personas esperando para votar. O en su defecto otra imagen fuerte: la Guardia Civil secuestrando urnas en medio de un tumulto o bloqueando por la fuerza la entrada a los centros electorales.

La ANC comunicó a sus socios que las urnas se trasladarán a los colegios a las 8.30, media hora antes del inicio oficial de la votación.

En la delegación del gobierno español transmitían calma. Informaron que los colegios ocupados eran 163 (menos de un 10%). "Todos los demás están cerrados y no abrirán", insistían. Es la información que recibió en Madrid el presidente español, Mariano Rajoy , otro que tampoco esperaba dormir antes de la batalla política más dramática de su carrera.

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