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La tierra de Benetton: en un ambiente enrarecido, la armonía quedó fisurada

Desde la desaparición de Maldonado, el clima se volvió más tenso con los mapuches; la empresa multinacional no descarta desinvertir en la Patagonia si no se soluciona el conflicto

Domingo 01 de octubre de 2017
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LA NACION
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La Pu Lof Cushamen. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
La Pu Lof Cushamen. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
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La Pu Lof Cushamen. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
La Pu Lof Cushamen. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
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El Río Chubut. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno
La Pu Lof Cushamen. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

ESQUEL.- Gabriel Colipi viajó desde la comunidad Pillan Mawisa, espera en el camino de ripio y levanta su dedo. Es lo único que se mueve en la inmensidad de la estepa árida, apenas surcada por el deshielo y sembrada de coirones secos.

El mapuche se traslada a otra comunidad para advertir por la aparición de zorros muertos en sus viviendas, un símbolo que lee en clave intimidatoria. Un patrón de estancia frena su camioneta, clava sus botas en suelo y ensaya un breve interrogatorio, seco e imperativo. La escena no pasa a mayores, pero la tensión se siente en el aire.

Desde que la desaparición de Santiago Maldonado dejó en carne viva el conflicto territorial, en la tierra de Benetton el ambiente está enrarecido. La armonía está definitivamente fisurada.

La estancia Leleke, propiedad de la Compañía Tierras del Sud Argentino (CTSA) en la zona de la precordillera andina de Chubut, ocupa unas 356.000 hectáreas y es el escenario donde se volvió más virulenta la protesta mapuche, que considera que el latifundista huinca (el hombre blanco que somete) es el verdadero usurpador en la tierra de sus ancestros.

Desde la óptica de los Benetton, sin embargo, el reclamo mapuche es un fenómeno nuevo, que se puso de manifiesto luego de que en 1991, el holding italiano compró CTSA (y sus tierras) al consorcio inglés que se instaló en la Patagonia durante un siglo.

Para estos empresarios, los mapuches conducidos por Facundo Jones Huala, que en 2015 se instalaron en el Pu Lof Resistencia Cushamen a la vera de la ruta 40, pertenecen al grupo radicalizado RAM. Pero muchos dirigentes aborígenes en Chubut niegan que tal corriente exista en la Argentina. Y aseguran que "hay 145 mapuches desaparecidos desde el retorno de la democracia".

"Benetton ejerce violencia gracias al apoyo del Estado. No es sólo mandarnos a la Gendarmería, es una opresión contra nuestro pueblo porque nos dejan sin recursos", dice a LA NACION un peni (hermano) que no quiere ser identificado, en el lugar donde Santiago Maldonado fue visto por última vez. Envuelto en harapos que sólo dejan ver sus ojos, pide que le lleven tabaco y fruta. Hace chistes y describe al joven desaparecido como "un anarquista" que aquel 31 de agosto "durmió poco y se mostró inquieto".

La empresa del Grupo Benetton, es dueña de 902.000 hectáreas en la Argentina. De acuerdo a los últimos balances contables presentados por CTSA, a los que accedió LA NACION, las ganancias del último año ascendieron a los $ 44 millones. La producción de lana alcanzó los 800.000 kilos, mientras que se vendieron unas 40.000 cabezas de ganado ovino. Más allá de la puja territorial, el problema de los mapuches se agrava porque, en ese mismo territorio generador de riqueza, viven en una situación de marginalidad extrema con dificultad para satisfacer sus necesidades básicas.

Consultados por LA NACION, en CTSA aseguraron que el conflicto trae preocupación en Treviso, Italia, donde vive Luciano Benetton, que está al tanto de la desaparición de Maldonado. Carlo Benetton, otro de los dueños de la multinacional, suele hacer visitas periódicas a la Argentina. Los italianos hoy advierten que podrían desinvertir si no hay una solución a corto plazo. "La compañía se encuentra revisando sus planes de inversión, debido a que la falta de seguridad jurídica hace inviables sus operaciones", manifestó un comunicado del holding que hoy tiene 9000 hectáreas de superficie forestada y alrededor de 130 empleados. "Cuando aparece un grupo incendiario genera dudas seguir invirtiendo", manifestaron fuentes del holding a LA NACION.

Como un tiro por elevación al Estado argentino, enumeraron una serie de denuncias radicadas contra los mapuches por el presunto incendio de puestos y casillas forestales, hurto de hacienda y la supuesta "privación ilegal de la libertad de un puestero con un posterior simulacro de fusilamiento".

Tensa conviviencia

La interacción entre los mapuches y los Benetton no siempre estuvo signada por la violencia recrudecida, ni en todos lados se manifestó igual, si bien el conflicto siempre estuvo latente. El 80% de los empleados de la compañía son de descendencia aborigen. Algunos mapuches comprenden el fenómeno por la necesidad de trabajo, pero otros, más extremistas, consideran que el empleado de Benetton "es un huinca más".

Las comunidades mapuches también muestran variaciones. Los miembros de Resistencia Cushamen, conducidos por el lonko [líder] Jones Huala, son jóvenes de origen citadino, se muestran radicalizados contra el capitalismo occidental y consideran válidos los sabotajes y cortes de ruta.

A unos 10 kilómetros, el Pu Lof Vuelta del Río, conducido por Silvio Huilinao, es un grupo dedicado a las tareas de campo, conservador de la tradición mapuche, que convive desde hace muchos años en ese espacio. Ejercen actos de protesta y son respetuosos de la causa de Jones Huala, pero muestran una tónica pacífica. "No quieren violencia. Incluso evitan que los animales de Benetton entren en su territorio porque no quieren problemas", relata un referente mapuche de la zona a LA NACION.

Otro caso es el del matrimonio de Rosa Nahuelquir y Atilio Curiñanco, que tuvo relevancia pública cuando decidió regresar a sus tierras ancestrales, tras vivir una vida fabril. Perdieron un juicio de usurpación contra los Benetton, pero finalmente consiguieron el reconocimiento de su tierra. Estos grupos no están coordinados. Pero el conflicto creciente los empezó a solidarizar.

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