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Referéndum en Cataluña: "¡Somos catalanes y españoles!", el grito a favor de la unidad

En Barcelona, Madrid y otras ciudades hubo marchas en rechazo a la consulta independentista; críticas a Puigdemont

Domingo 01 de octubre de 2017
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LA NACION
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En Barcelona, marchas a favor de la unidad
En Barcelona, marchas a favor de la unidad. Foto: Adrián Quiroga

BARCELONA.- Al grito de "¡Somos catalanes y españoles!" y el clamor que pedía "Puigdemont, a prisión", miles de personas, antes silenciosas, se animaron y, sobre la hora, salieron ayer a la calle a expresar su rechazo al referéndum secesionista que el gobierno regional convocó para hoy.

"¡Locos... están todos locos...! ¡No deberíamos haber llegado nunca a esto!", repetían los corrillos entre la multitud que colmó la plaza Sant Jaume, en Barcelona.

Pequeño, pero representativo, era ése un espacio político a conquistar por quienes rechazan el referéndum. Su empedrado alberga tanto el corazón político de la ciudad como de toda la región catalana.

"Es nuestro lugar", decían los manifestantes por el no, al colmar la plaza que, poco antes, había albergado a los defensores del sí.

A simple vista, parecería que estos últimos son más activos a la hora de ocupar la calle. Eso, justamente, es lo que quiere el gobierno regional del presidente Carles Puigdemont.

Repetida en todo el escenario español, la marcha por la unidad española tuvo un valor especial en esta ciudad, donde quienes se oponen al referéndum estaban, hasta ahora, temerosos de expresar su desacuerdo.

"Cuando lo único que escuchas es que eres un fascista si no votas, es hora de preocuparse. Las cosas llegaron demasiado lejos", comentó a LA NACION uno de los manifestantes.

Ir en contra de lo que, a simple vista, parece la corriente mayoritaria, requirió para muchos una dosis especial de activismo.

"Hasta ahora, todo esto me daba igual. Creo que lo de la independencia no irá muy lejos. Pero es preocupante la forma en la que este gobierno -por el regional- está manejando las cosas", comentó otro.

Un joven, con banderas de España, la UE y Cataluña
Un joven, con banderas de España, la UE y Cataluña. Foto: Reuters / Y. Herman

En una puja por ocupar el espacio público, las concentraciones se repitieron en toda España. Una de las más nutridas fue en Madrid, donde, según datos oficiales, hubo más de 10.000 personas en la céntrica Plaza Colón. Flamea allí la bandera más grande de España: casi 300 metros cuadrados en un mástil de 50 metros de altura.

Pamplona, Logroño, Murcia, Valencia, Sevilla, Málaga y Zaragoza fueron algunos de los centros donde se marchó en contra de la fractura.

La convocatoria en territorio catalán tuvo el valor adicional de romper una inercia que, hasta ayer, mucho se parecía a temor. "Yo vivo en L'Esquirol, en lo que es poco menos que la «cuna» del independentismo. Te juro que da miedo decir que piensas distinto", escuchó LA NACION.

Hubo un momento de tensión cuando varias personas intentaron descolgar el cartel que, con la leyenda "Més democracia" fue colocado en el Ayuntamiento de Barcelona para llamar a votar.

A pesar del forcejeo, la enorme pancarta resistió en su lugar, aunque perdió unos cuantos metros de género blanco en la intentona.

En venganza, hubo huevazos contra el edificio, a cuyas ventanas intentaron treparse varios manifestantes. Uno de ellos resbaló y cayó sobre el duro empedrado. "No hay dolor, no hay dolor", lo alentó el coro.

Otros impidieron la quema de una bandera independentista que intentó un grupo de exaltados. Pero nadie pudo impedir que llovieran los insultos contra Puigdemont y todo su equipo.

"Som espanyols" ("somos españoles), decían algunos de los carteles, en rechazo a la idea de que lo catalán se opone a lo español. De los balcones empezaron a asomar banderas españolas. Muchas de ellas, con el aspecto de haber sido desempaquetadas apenas horas antes.

La reacción respondió, en buena medida, al llamado a "salir a la calle" que se hizo desde medios oficiales.

Al final, tanto de un lado como del otro, se buscó lo mismo: que la ciudadanía saliera a defender lo suyo en el espacio que le tocaba. Si no es el de las urnas, que sea el de las veredas. Un llamado final y riesgoso, casi sobre la hora.

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