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Carles Puigdemont, el segundón que terminó arrinconando a Rajoy

Domingo 01 de octubre de 2017 • 18:54
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LA NACION
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Carles Puigdemont tuvo que cambiar de lugar de voto por los inconvenientes
Carles Puigdemont tuvo que cambiar de lugar de voto por los inconvenientes. Foto: AP

BARCELONA.- Cuando hace sólo veinte meses se convirtió en el presidente de la Generalitat, pocos se lo tomaron en serio. Un error de cálculo en el que cayeron muchos en La Moncloa e incluso, en esta comunidad.

Se cebaron con su parecido al mago Harry Potter o con el pertinaz flequillo, al que se suele definir como "la síntesis del que usaron todos los Beatles" o, incluso, con el que caracterizó al fallecido cómico Jerry Lewis.

Hoy, Carles Puigdemont - 54 años, casado, dos hijas- acaba de poner patas para arriba el mapa político español y sacado a luz la peor crisis en las cuatro décadas que lleva la democracia española.

Todo un récord para un político que se asomó hace relativamente poco a la actividad y que, según cuenta la historia, llegó a la cúpula del poder catalán poco menos que de forma circunstancial. "Él mismo se define de esa manera", dicen quienes le conocen. "Un candidato circunstancial".

Tan rápido ha sido todo que no abundan las biografías que explican al personaje y su circunstancia. Sí queda claro que es un independentista convencido. Que comenzó su carrera en el partido Nacionalista de Jordi Pujol, pero que, en rigor, lo suyo fue, desde el comienzo, el secesionismo.

Siempre hay anécdotas al uso para las figuras políticas. La que en ese terreno se cuenta de Puigdemont asegura que, más de una vez en que tuvo que viajar a Madrid, se dio el gusto de sacar el pasaje triangulando con algún destino fronteras afuera de España.

¿Para qué? "Pues para ingresar en un vuelo internacional y regalarse la sensación de que entraba en otro país", escuchó LA NACION. De ser cierta, la anécdota y su filiación con el independentismo serviría, también, para dar pie a quienes asocian sus convicciones con un grado de obsesión. O sea: difícil que dé marcha atrás.

Filólogo de formación y con un fuerte pasado en el periodismo, su forma de comunicar tal vez sea el punto en el que mejor se diferencia del que hoy es su antagonista.

El presidente Mariano Rajoy prefiere el silencio y comunica poco. En teoría política muchos dirían que, en los tiempos que corren, gobernar sin comunicar es bastante parecido a no gobernar. Puigdemont es lo contrario: no pasa un día sin que intente mantener fresco un mensaje político.

Protagonista de varias biografías "urgentes" -escritas en cuestión de semanas- en ellas se destaca su infancia en la Cataluña natal así como la huella que le dejó un accidente de autos que por muy poco no le cuesta la vida. Tanto, que considera ese día de enero de 1983 como el de su segundo cumpleaños.

Hablan de su carrera en el periodismo, de cómo conoció a su mujer -rumana de origen- de sus inicios como alcalde de Grona y de cómo el ex presidente Artur Más "le cedió el puesto" cuando tuvo que dimitir.

Hoy, el hombre que más memes y bromas tiene en la política local se ha convertido en sorpresa internacional. Nadie sabe a dónde conducirá esto. Pero sí que ha sido capaz de alterar el rumbo como pocas veces hasta ahora.

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