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Las lágrimas de Gerard Piqué, sorprendente factor en el caos catalán

Desde el fútbol, el central tiene una efectividad y alcance internacional con su mensaje que no tienen los políticos

Domingo 01 de octubre de 2017 • 19:01
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La pena de Gerard Piqué
La pena de Gerard Piqué.

Las lágrimas de Gerard Piqué funcionan como inesperado factor de impacto en la crisis catalana. Que un futbolista tenga ese protagonismo es una España en crisis puede sorprender, aunque si se escarba un poco en la historia no es para nada inesperado.

Piqué es, hace rato, bastante más que un futbolista. Dicen los que lo conocen bien que su coeficiente intelectual supera por bastante a la media. Cierto o no, lo concreto es que Piqué es exitoso como jugador, audaz como emprendedor con una compañía de videojuegos y figura de relevancia mundial potenciada por ser esposo de la cantante Shakira. El central encarna como pocos personajes públicos el sueño de independencia de muchos catalanes, porque se expresa con claridad y su discurso viene desde un rincón inusual, el del deporte. Así, lo que diga o haga Piqué llega a mucha gente que no escucharía a un político o un intelectual, pero sí a un futbolista.

Piqué es al mismo tiempo una suerte de "demonio" para muchos españoles, que no le perdonan que vista la camiseta de la selección, con la que fue campeón mundial y europeo, y al mismo tiempo promueva un referendum para decidir la independencia. Parecido a lo que sucede con Josep Guardiola -campeón olímpico con España-, aunque el foco intenso de la polémica local está puesto en Piqué. Aclaración importante: el jugador nunca apoyó expresamente una Cataluña independiente, pero sí defendió la necesidad de votar.

Que en España lo quieran o no es, sin embargo, anecdótico a esta altura: lo importante en el caso de Piqué no es ya cómo lo vean sus compatriotas, sino el alcance internacional de sus palabras. Si las imágenes de la policía golpeando gente en Cataluña son demoledoras para la posición del gobierno de Mariano Rajoy, ver a una estrella internacional llorando por lo que sucede con su gente y descalificando al jefe del gobierno español conmueve y genera simpatía -y empatía- en todo el mundo. También en la Argentina, claro.

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