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Memorias del horror

Lunes 02 de octubre de 2017
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LA NACION
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La inocencia de las mariposas / Autor: Rolo Sosiuk / Intérpretes: Marisa Provenzano, Rolo Sosiuk, Matías Acosta, Natalia Laphitz, Lucas Martínez Forréis, Claudia Pellegrino, Leandro Sandonato, Iván Skamarda / Músicos: Matías Borinelli (clarinete), Natalia Calza (violoncello), Constanza Ibarra (piano) e Iván Skamarda / Iluminación: Agustín Coronel / Música: Iván Skamarda / Dirección: Víctor Cano Ayerra / Duración: 65 minutos / En Teatro del Artefacto, los sábados, a las 20 / Nuestra opinión: buena

Más de 70 años pasaron desde que el mundo tuvo conocimiento del holocausto judío a manos de los nazis. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad tuvo la oportunidad de conocer hechos desgarradores no sólo por el testimonio de los sobrevivientes, sino por la literatura, el cine (documental o de ficción) y el teatro. Es un tema que nunca se agota, no envejece, porque cada nueva mirada aumenta nuestra capacidad de asombro ante el crimen que afectó a todo el género humano.

La inocencia de las mariposas es la historia real de Friedl Dicker, maestra del campo de concentración de Terezin, donde ayudó a que niños de entre 5 y 16 años eludieran los abusos y la violencia de los genocidas instándolos a refugiarse en el dibujo y la poesía.

El 10 de junio de 1940, la Gestapo tomó el control de Theresienstadt (hoy Terezin, República Checa) e instaló una prisión en la "Fortaleza pequeña". El 24 de noviembre de 1941, el lugar fue convertido en un gueto amurallado, con una fachada que permitía esconder la operación de exterminio de los judíos, impulsada por el jefe de las SS, Reinhard Heydrich.

Para el mundo exterior, Theresienstadt debía aparecer como una colonia judía modelo. Pero se trataba de un campo de concentración, que también fue utilizado como lugar de transición hacia Auschwitz y otros centros de exterminio.

Rolo Sosiuk reescribe en lenguaje escénico los últimos días de la maestra y de los niños en ese campo, para acercarnos la angustia y desesperación de esos chicos que, sin entender lo que sucedía, sólo querían regresar a casa con sus padres.

Cano Ayerra, desde la dirección, ha diseñado una estructura teatral que da cabida a la poesía, la música y el canto, generando un clima profundamente conmovedor, con un ritmo preciso. Cuenta con la sugerente iluminación de Agustín Coronel.

En esta atmósfera desgarradora se desenvuelve un elenco muy homogéneo, en el que se destacan Rolo Sosiuk y Marisa Provenzano, tanto en la actuación como en el canto, con la colaboración de músicos que se presentan en vivo.

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