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Jorge Zabala: "La seguimos peleando, fueron muchas las promesas incumplidas"

Lunes 02 de octubre de 2017
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Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

"Lo que menos te imagines está acá abajo", dice Jorge Zabala sobre la vía del carguero de la línea Roca que atraviesa el Riachuelo en la villa 21-24 de Barracas. "Arriba se ve más limpio porque pasa una lancha que levanta la basura, pero lo imprescindible es limpiar el fondo."

Tiene 65 años y cuando llegó al barrio, hace 18, la casilla de chapa, nylon y cartón que levantó junto a su mujer quedaba a orillas de la cuenca, donde hoy se asientan otras igual de precarias. "Esas casas corren peligro de derrumbe, porque cuando crece el Riachuelo se come todo. Acá hay muchos problemas de contaminación y plomo en sangre, sobre todo en los chicos. Ahora, se está combatiendo a los roedores, pero cada dos por tres nos encontramos con alguna viborita y arañas por doquier", detalla.

Actualmente, los Zabala viven a unos 35 metros de allí, junto con sus dos hijos menores, de 19 y 10 años.

Compromiso vecinal

"Cuando empezó lo del Camino de Sirga nos dijeron que nos íbamos a tener que ir. Se llamó a un cuerpo de delegados y mis vecinos me eligieron representante de la manzana 26", cuenta Jorge. A sus espaldas, un chancho come lo que encuentra sobre el suelo.

Desde hace siete años, Jorge tiene cáncer de amígdalas. Pesa 59 kilos y dice que le sería difícil enumerar los problemas de salud que tuvo a lo largo de su vida.

Afirma que hoy los vecinos viven mejor que en la época en que él llegó: "Pero continúa siendo una villa y la seguimos peleando, tuvimos muchas promesas incumplidas".

Rescata el trabajo que realizan desde la Defensoría General de la Ciudad, con gran presencia en el barrio. Ese día, Luis Duacastella, defensor general adjunto, y Agustín Territoriale, coordinador del Programa sobre Hábitat, charlan con los delegados.

"Mi sueño es el mismo que el de mis vecinos: ver terminado el famoso Camino de Sirga, que tengamos cloacas, que podamos abrir la canilla y tomar el agua que sale de ahí", confiesa Jorge. "Yo sé que es mucho lo que estoy pidiendo. Pero si en algo soy pedigüeño es para el barrio."

villa 21-24 Barracas, Ciudad de Buenos Aires

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