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Plan para el arroyo Maldonado

Lunes 02 de octubre de 2017
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Foto: LA NACION

Entre 1929 y 1939 se entubó el cauce del arroyo Maldonado, que cruza el subsuelo de la ciudad y cuyo emisario principal se construyó en hormigón armado con 16 metros de ancho y 35 de altura. Décadas después, en el primer lustro de este siglo, se introdujeron reformas importantes, aprobadas como parte del Programa de Gestión de Riesgo Hídrico, que llevaron a la construcción de dos aliviadores.

El dato desalentador reside en que el curso del arroyo recibe anualmente unas 1100 toneladas de residuos, entre los cuales abundan las botellas de plástico y un sedimento gelatinoso que, por lo común, cubre el agua. La experiencia de recorrer el túnel, por el cual circula el arroyo, en la distancia que separa las calles Niceto Vega y Juan B. Justo en un extremo y Punta Carrasco en el otro combina la oscuridad con el repugnante olor del aire.

La tarea de limpieza que ejecuta el personal procura librar el agua de botellas y residuos que impiden la circulación del arroyo, que nace en La Matanza.

Así, también, se realiza la periódica tarea de limpieza del aliviador ubicado entre Galicia y Juan B. Justo en un extremo y el Río de la Plata en el otro. Si esa periódica labor de saneamiento no se cumpliera, el riesgo de contaminación sería una realidad, de acuerdo con palabras de Lucas Llauradó, director de Pluviales del Medio Ambiente y el Espacio Público.

Se trata de una labor necesaria en relación con un sistema pluvial de 800 kilómetros de conductos y 30.000 sumideros.

Una parte de los residuos puede ser reutilizable, como las botellas de plástico, que se compactan y se entregan a cooperativas para su reciclado. La limpieza de los aliviadores reclama el trabajo de cien personas durante diez días. La descripción de los trabajos realizados en esta compleja obra, su plan de entubamiento original y el plan reciente de Gestión de Riesgo Hídrico significan un alto beneficio para la vida de la ciudad.

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