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Tras una consulta caótica, avanza Cataluña hacia su independencia

El operativo de las fuerzas de seguridad españolas para evitar que se realizara el referéndum separatista terminó en una violenta represión que dejó centenares de heridos; Puigdemont dijo que la declaración es inminente

Lunes 02 de octubre de 2017
La furia de una ciudadana ante la represión de la policía española
La furia de una ciudadana ante la represión de la policía española. Foto: Reuters / Enrique Calvo

BARCELONA.- El gobierno de Cataluña se lanzó anoche a la insurrección. Al cabo de una jornada electoral dramática, con represión policial y cientos de heridos, el presidente regional, Carles Puigdemont, anunció su voluntad de avanzar esta semana con una proclamación unilateral de la independencia.

Dio por válidos los resultados del referéndum que celebró a pesar de la prohibición judicial y de un inmenso operativo de las fuerzas de seguridad españolas para cerrar los colegios, desalojar por la fuerza a los votantes y secuestrar urnas.

"Nos hemos ganado el derecho a tener un Estado independiente que se constituya en forma de república, de acuerdo con lo previsto en la ley del referéndum", dijo Puigdemont, pasadas las 22. Esa norma -declarada ilegal por los tribunales- sostiene que la ruptura se proclamará dentro de 48 horas.

La crisis más grave en 40 años de democracia en España está en marcha. Si el separatismo concretara la amenaza, el gobierno de Mariano Rajoy respondería con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que le permitiría suspender la autonomía catalana. La justicia podría imputar a Puigdemont y sus aliados por delitos como el de rebelión, sancionado con penas de entre 15 y 25 años de cárcel.

Los independentistas resistirán en la calle. Lo demostraron desde la madrugada del domingo, cuando ocuparon cientos de escuelas para impedir que la policía cumpliera la orden judicial de cerrarlos. Y allí seguían a la medianoche, después de los disturbios, a la espera del resultado oficial.

Miles de personas votaron en Cataluña
Miles de personas votaron en Cataluña. Foto: DPA

Los datos los brindó el vicepresidente Oriol Junqueras: dijo que habían votado 2,2 millones de ciudadanos (de un padrón de 5,3 millones), de los cuales el 90% se inclinó por la independencia. El escrutinio era un acto de fe. La acción judicial tiró abajo el sistema informático en los centros electorales, no había fiscales imparciales y nada impedía que alguien votara dos veces.

"La represión salvaje del gobierno de Rajoy horroriza a la enorme mayoría de los catalanes, obstaculizó la votación y reafirma la desconexión respecto de un Estado que no respeta nociones democráticas básicas", afirmó Junqueras.

Los choques en las calles de Barcelona, Girona y otras ciudades ocurrieron sobre todo por la mañana. Dejaron 800 heridos, dos de ellos graves, según las autoridades catalanas. Pero sobre todo aportaron una imagen de descontrol que indignó incluso a muchísimos catalanes que no apoyan la ruptura y encendió alarmas de preocupación en Europa.

La revuelta en Cataluña pone a Rajoy contra las cuerdas. "Hemos hecho lo que debíamos hacer", dijo, a las 20.21, en un discurso al país desde el Palacio de la Moncloa. Defendió la actuación de la policía ante "quienes violan la legalidad y rompen la convivencia". Y proclamó: "El referéndum independentista simplemente no existió".

Las palabras contrastaban con la potencia de las imágenes de miles de personas agolpadas en los 2315 colegios habilitados por la Generalitat para consumar su acto de desobediencia. Puigdemont pudo vanagloriarse de que hubo urnas y hubo papeletas, como se cansó de vaticinar.

Foto: Reuters

Lo que sucedió ayer en Cataluña sobrepasó la imaginación. A las 5 de la mañana ya había una infinidad de gente formando "comités de defensa" en las escuelas. Una hora más tarde empezaron a llegar las urnas chinas de plástico traslúcido. Eran transportadas en máximo sigilo y disimuladas en bolsas de basura por vecinos particulares que las tenían en custodia. Burlaron así los operativos policiales que durante días las buscaron por toda Cataluña.

El gobierno de Puigdemont anunció por sorpresa un cambio de reglas a las 8, una hora antes de la apertura de las mesas. Los ciudadanos podrían votar en cualquier colegio; no era necesario ir al que indicara el padrón.

Los Mossos d'Esquadra, la policía autonómica, se presentaron a labrar actas en los centros, pero desistieron de desalojarlos pese a la orden que les había girado la justicia. A las 9, las fuerzas estatales se resignaron a asumir la carga de la represión. En algunos colegios se registraron insólitos choques verbales entre guardias civiles y Mossos.

Uno de los operativos más violentos se desarrolló en el pabellón de Sant Julià de Ramis, Girona, donde estaba registrado Puigdemont. Mientras los policías destrozaban las puertas y se pegaban con los asistentes, el presidente votaba en otro pueblo, Cornellà de Terri, aprovechando la flexibilidad que él mismo había dispuesto un rato antes.

Las escenas de la represión volaban en infinitas cadenas de mensajes telefónicos. Más gente salía a "resistir". Al mediodía en la plaza Sant Jaume de Barcelona, frente al Palacio de la Generalitat, se aglutinaban activistas separatistas, por un lado, y catalanes españolistas, por otro. Hubo empujones, insultos. Los Mossos acordonaban el edificio, donde Puigdemont monitoreaba su día D.

Incidentes durante la votación
Incidentes durante la votación. Foto: AFP

La tensión se trasladó entonces al Camp Nou, el estadio del Barça. El club pedía suspender su partido contra Las Palmas por miedo a una invasión de cancha. El motivo: el club canario había decidido bordar una banderita española en la camiseta del primer equipo. Al final se jugó a puertas cerradas, lo que obligó a desalojar a casi 70.000 personas. Dos goles de Messi, lo único normal.

Filas para votar

En las escuelas se formaban colas de hasta dos horas para llegar a la caja de plástico. Con el sistema del censo caído y la señal de Internet bloqueada por orden judicial, los presidentes de mesa registraban a mano quién emitía el voto.

Ya importaba poco el escrutinio. El 1-0 se había convertido en una inmensa movilización contra el gobierno de Rajoy y en una coartada para que Puigdemont enfilara hacia la declaración de independencia.

"¡No pasarán!", se oía en las escuelas cada vez que se acercaban los furgones policiales. Ecos guerracivilistas. Pasaron, siempre que lo intentaron, pero fue insuficiente: sólo cerraron por completo 92 colegios, según informó el Ministerio del Interior.

A las denuncias del separatismo se sumó la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, siempre ambigua cuando se trata de posicionarse sobre la ruptura. "Rajoy es un presidente cobarde que inundó de policías nuestra ciudad", denunció. Su aliado Pablo Iglesias, de Podemos, llamaba sin éxito a una alianza para destituir al presidente del gobierno.

Apenas se dejaron vías de salida. Rajoy dijo que convocaría a todas las fuerzas políticas a dialogar. Puigdemont quiso involucrar a Europa, en una insinuación de que si apareciera un mediador podría desistir del paso final.

Pero a la gente que en la madrugada de hoy bailaba en la plaza de Cataluña no le interesaba más diálogo. Ya no cantaban "¡votaremos, votaremos!". Bramaban, embriagados: "¡Hemos votado, hemos votado!".

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