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La polémica votación: irregularidades y cambio de reglas en un día de alta tensión

Las autoridades catalanas fueron modificando las condiciones del sufragio a medida que la policía buscaba impedirlo; pocas garantías para el conteo

Lunes 02 de octubre de 2017
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LA NACION
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Foto: AFP

BARCELONA. Puño en alto, el "¡hemos votado!" de la multitud estalló para cerrar una jornada de rebelión popular que terminó muy por arriba de las expectativas con las que arrancó.

A los tropezones con el sistema informático, el comicio cerró sin garantías a la vista en el conteo de votos. La carga policial obligó a que los organizadores se vieran forzados a cambiar las "reglas" varias veces sobre la marcha. Al final, terminaron permitiendo que cada uno votara donde quisiera y como pudiera.

El primer ejemplo lo dio el propio presidente de la Generalitat. Cuando Carles Puigdemont no pudo llegar a la escuela de Sant Julià de Ramis que tenía asignada porque la habían tomado los antidisturbios, lo que hizo fue votar en otro lado. La información, con la foto del caso, se suministró por su cuenta oficial de Twitter.

La policía regional, encarnada por los Mossos d'Esquadra, optaron por no intervenir en el bloqueo y se limitaron a "constatar" lo que pasaba. Incluida la "resistencia" ciudadana dentro de los sitios de votación. Allí, la "estrategia" corrió por cuenta de las "instrucciones" dadas por los organizadores, dispuestos a sacar adelante el comicio contra viento y marea.

Hubo gente que votó varias veces. Muchos lo hicieron en cualquier mesa y luego de haber soportado agresiones policiales.

"Ya saben, si viene la Policía Nacional o la Guardia Civil, ustedes, culo al suelo y todos juntos, a una, brazos enlazados y a resistir", instruyó, parado sobre una silla, uno de los organizadores de la atípica votación.

Al igual que en muchas otras, así arrancó la mañana en la escuela Jaume Balmes. Al igual que en otras, la irrupción de las fuerzas enviadas por Madrid lo impidió. Vestidos de negro de pies a cabeza y con el rostro cubierto, los efectivos fueron levantando uno por uno a los que resistían. "¡Fuera!", les gritaban. "¡Cerdos, cretinos, desgraciados!", respondía la gente.

La violencia estalló y hubo pánico. Varias mujeres fueron arrastradas, escaleras abajo. Otra fue lanzada puertas afuera. Un adolescente de no más de 15 años fue zarandeado.

A otros los sacaban -literalmente de los pelos. Los efectivos les lanzaban, luego, las pertenencias que dejaban atrás. O las tiraban para otro lado.

A esa hora, ya se sabía que el comicio no era posible, pero el gobierno catalán lo mantuvo en pie. Pidió a la gente que no se rindiera y la respuesta fue abrumadora. A nadie le importó que el voto ya no tuviera garantía alguna: las "reglas" se cambiaron hasta tres veces en tanto y en cuanto Madrid torpedeaba.

Lo peor fue el bloqueo del sistema informático y de cómputo. Sucesivamente, la Generalitat permitió, primero, que fuera sin sobre. Luego, sin papeleta. Después, en cualquier lado, sin control alguno de padrón, según informó el ministro portavoz, Jordi Turull.

Para entonces, la Moncloa daba por desbaratada la convocatoria. "Pedimos a la Generalitat que cese ya en su «irresponsabilidad» y detenga la «farsa» de un referéndum, que nunca fue legal", dijo la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, en línea con lo que más tarde sostuvo Rajoy.

Lejos de eso, el pulso se mantuvo. Los que en Balmes fueron empujados y zarandeados por la Policía Nacional, lejos de amedrentarse, fueron en busca de otras mesas.

"¿Tienes idea de adónde puedo ir a votar ahora? Si hay algún colegio por aquí cerca que todavía no lo hayan cerrado", preguntó a LA NACION uno de los frustrados votantes del colegio Balmes.

El comicio derivó en una toma de las calles. La Sociedad Civil Catalana (SCC), principal entidad de los no independentistas, publicó fotos de un hombre votando varias veces en distintos centros de la ciudad. A los independentistas no les importó.

Nadie sabía bien dónde estaban las urnas. En algunos casos, llegaron de pronto a los colegios en autos particulares. El diario La Vanguardia, de esta ciudad, informó de un operativo digno del servicio secreto con nombres clave y todo para distribuirlas. Otras no llegaron nunca y fueron sustituidas por cajas de cartón improvisadas. Otras muchas fueron incautadas por la policía y, al igual que su carga de votos, fueron a parar no se sabe adónde.

Por mucho que se empeñó, la policía no pudo impedir que la gente llegara a los colegios a depositar su voto en una urna. Lo complicó y mucho. Pero los otros persistieron y al final del día cantaron su victoria. Posiblemente atípica, pero con la embriaguez de quien cree que ya no hay marcha atrás.

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