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Banfield-Arsenal: el equipo de Grondona dio el golpe en el Sur y logró su primer triunfo en la Superliga

El conjunto de Sarandí dio vuelta el partido y ganó 2-1

Lunes 02 de octubre de 2017 • 21:29
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Arsenal de SarandíArsenal de Sarandí

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Foto: FotoBAIRES

La nueva camiseta "a lo Celtic", la goleada histórica en Arroyito, la futura estatua al Emperador Falcioni, la participación asegurada en la próxima Libertadores, los pibes de las inferiores que nutren el primer equipo de savia nueva, la posición en la tabla... Cuando la vida sonríe y llueven los elogios es fácil creer que el sol iluminará siempre. Incluso cuando se nubla el fútbol. Y no es así, mucho menos en un torneo donde las ventajas entre los de arriba y los de abajo se miden en centímetros.

Hay partidos que da pereza jugar y días más proclives para la holganza que para el despliegue de las virtudes. Si en un lunes con la cabeza puesta en Messi, en Dybala, en Perú y en Rusia, el rival es un equipo que solo sabe sumar derrotas en el torneo, la sensación de fiaca termina por ganar a todo el mundo. Así, los once que pisan la cancha lo hacen con la intensidad en niveles mínimos, los hinchas alientan casi por compromiso y la noche se desliza inevitablemente hacia el bostezo.

Banfield se asomó al campo con la somnolencia en el cuerpo y encontró que enfrente tenía un adversario con cierta propensión al suicidio. Arsenal regaló un gol a los 11, en la primera acción que el local logró dar tres pases seguidos -el arquero Santillo dio rebote hacia un costado y ningún defensor fue al rebote-; se quedó con diez a los 32, cuando Contreras se hizo echar sin discusión; y dio todas las muestras suficientes de equipo entregado a su suerte.

Pero el cúmulo de ventajas fue un boomerang para el Taladro. Se vio tan sobrado que no encontró la manera de abandonar la almohada. No hubo durante más de una hora ni asomo de alguno de sus reconocidos méritos. Impreciso Remedi, lento Dátolo, embarullado Sperduti, irresoluto el pibe Álvarez, desconectado Cvitanich, a Banfield solo le quedó el ímpetu de Mouche para recordar los antecedentes inmediatos.

Arsenal, en cambio, tuvo un par de cosas a favor: encaró el partido despierto, y en medio de todos sus despropósitos no bajó nunca los brazos. Manejó la pelota mejor que su encumbrado rival casi desde el arranque, tuvo en Calzada y Wilchez dos jugadores con buen pie, y con el ingreso de Federico Milo en el complemento le bastó para desnudar las falencias locales en el fondo. Un cabezazo suyo a los 65 y una larga carrera que definió Ferreyra a los 86 dieron vuelta el resultado cuando nadie apostaba por los de Grondona.

Banfield quiso sacudirse el sopor cuando ya no había tiempo de nada. Quizás haya aprendido que en el fútbol argentino nadie puede dormirse en los laureles.

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