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Candela: mafias bonaerenses en su máxima expresión

En el juicio oral del aberrante crimen de la niña hubo tres condenas, pero falta investigar los nexos con la política, la policía provincial y el narcotráfico

Martes 03 de octubre de 2017

Seis años después del crimen de Candela Sol Rodríguez, y luego de siete meses de juicio oral, un tribunal condenó a dos hombres a cadena perpetua como coautores del hecho y a cuatro años de cárcel a un tercero.

Pero para un caso que involucró al narcotráfico, a la policía bonaerense y su servicio de inteligencia, y también a funcionarios políticos y judiciales de la provincia, y en el que los padres de la niña, de 11 años, jugaron un papel ambiguo, la sensación fue que apenas se llegó a rozar la cáscara de un hecho muy complejo y que los principales responsables han escapado de la Justicia, muy probablemente porque ésta al principio no quiso buscarlos.

Foto: LA NACION

Esa sensación se hizo certeza en el voto de la jueza Raquel Lafourcade, al que adhirieron los jueces Mariela Moralejo y Diego Bonanno. Lafourcade afirmó: "Tengo experiencia. Aun a riesgo de ser tildada de soberbia, debo decirlo. Y con los años que cargo sobre mis hombros creí haberlo visto todo. Pero debo rendirme ante la evidencia. Sin duda estaba equivocada. En el homicidio de Candela se entretejieron intrigas, política, delitos de toda calaña y fundamentalmente silencios. Lo relevante fue lo no dicho. Lo oculto".

A Candela la secuestraron el 22 de agosto de 2011 en la esquina de su casa, en Hurlingham. Desde el comienzo, la policía y la justicia provinciales cometieron graves y llamativos errores: se anunciaban los allanamientos, se difundían las llamadas extorsivas a la casa de la madre y los mensajes que ella cursaba a los secuestradores, a quienes parecía conocer.

Por eso, una hipótesis en danza era un pase de facturas o una extorsión contra el padre de la niña, quien se hallaba preso por un caso de piratería del asfalto. El fallo afirma que se trató de un ajuste de cuentas contra el padre por algún delito cometido.

Nueve días después del secuestro, Candela murió a manos de sus captores. El cuerpo, que apareció a 30 cuadras de la casa, no lo halló la policía, sino una cartonera que revisaba la basura. Pero la policía o los funcionarios judiciales no adoptaron las medidas de rigor para preservar el sitio del hallazgo en busca de rastros y huellas. No hubo real voluntad de encontrar a la niña con vida.

Se trató de una sucesión de fracasos buscados que impidieron hallar a Candela y, luego del trágico desenlace, identificar a sus captores y homicidas. Eso fue evidente en el juicio oral y se tradujo en 28 investigaciones iniciadas por pedido de la fiscalía, la querella y las defensas. Existe además un expediente, denominado Candela 2, en el que hay tres acusados. Es uno de los males de la justicia argentina: que la policía termine siendo un factor decisivo en los sumarios; la lentitud para instruirlos, con lo cual se demora el arribo al juicio oral, y la tardía apertura de una causa con los hilos que han quedado sueltos pese a los años transcurridos. En el caso Candela, el fiscal Marcelo Tavolaro fue desplazado luego del hallazgo del cuerpo, igual que el juez de garantías Alfredo Meade.

La complicidad policial fue ineludible y decisiva para el trágico final de Candela. Por ejemplo, un matrimonio declaró ante los policías de Villa Tesei que había presenciado el momento en el que a la niña se la llevaban en una camioneta negra. Sin embargo, al leer el acta de la declaración, advirtieron que los policías habían modificado los datos del vehículo. Una mujer es investigada porque efectuó una declaración que, se supo en el juicio, no era suya, pero por la cual cobró 100.000 pesos de adelanto de recompensa.

La sentencia cuestiona, además, la actuación del subcomisario Guillermo Gustavo Pacheco, que fue detenido durante el juicio por presunto falso testimonio. "Su declaración fue un grotesco", sostiene la sentencia.

En cuanto a la razón de fondo del crimen, en una entrevista, el juez Bonanno aseguró que en todas las hipótesis "siempre aparece la policía y su sociedad con los traficantes".

Poco después de cumplirse un año del horrendo crimen, en esta columna afirmamos que el caso era una sucesión de dolorosas frustraciones; que las autoridades bonaerenses, encabezadas por Daniel Scioli, estaban en deuda con toda la sociedad, y que el esclarecimiento debía ir acompañado por una indispensable investigación de las complicidades políticas, policiales y judiciales. Pese al largo tiempo transcurrido, la investigación aún está en deuda con la sociedad.

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