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Influencia extranjera en el voto

Emilio Cárdenas

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PARA LA NACION
Martes 03 de octubre de 2017
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Ya no cabe duda alguna de que la Federación Rusa procuró activamente influir en los resultados de las últimas elecciones nacionales norteamericanas. Lo hizo a través de las redes sociales. Especialmente, Twitter y Facebook, con cuentas y personas falsas o sutilmente disfrazadas.

Como era de suponer, actuó con disimulo difundiendo toda suerte de mentiras y atacando fundamentalmente a la candidata que, creía, era la que menos le convenía como ganadora, Hillary Clinton, a quien acusan de estar detrás de algunas campañas en favor de la democracia que desembocaron en protestas en las calles de algunas de las ciudades rusas. Las notorias debilidades personales de Hillary Clinton y, muy especialmente, su conocido problema de falta de credibilidad probablemente magnificaron el impacto de ese oscuro esfuerzo.

Hoy la cuestión, por su seriedad, está siendo investigada directamente por los comités de Inteligencia de las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos, que pronto convocarán a audiencias públicas sobre este tema. Ya se ha invitado a Twitter, Facebook y Google a participar en ellas, lo que está previsto para el 1º del mes próximo. Tanto Facebook como Twitter han entregado ya a esos comités sus respectivos listados de cuentas falsas operadas desde la Federación Rusa, con toda suerte de intermediarios. Twitter cerró ya 201 de ellas. Facebook ha identificado unas 3000 cuentas desde las que se distribuyeron mensajes rusos.

Mientras tanto, desde Rusia, la difusión a través de las redes sociales de mensajes falsos con impacto en la sociedad norteamericana sigue siendo muy activa. El objetivo perseguido parece claro y siempre el mismo: dividir, enfrentar y confundir permanentemente a la sociedad norteamericana para debilitarla. Así como el de sembrar y alimentar el "antiamericanismo" y estimular las divisiones raciales.

El principal disfraz utilizado es reiterado: el de ser pretendidos "activistas" norteamericanos. Para las maniobras, en general se mantienen cuentas anestesiadas por un rato, a las que de pronto se despierta y pone en funcionamiento, con objetivos diferentes. Prueba de esto es que con una de ellas hoy se difunde y defiende, disfrazada de texana, la idea de separar a Texas del resto de la Unión.

Twitter, a diferencia de Facebook, no exige conocer el nombre de los titulares de sus cuentas, casi un aliciente para sembrar confusión desde la opacidad. Además, el recurrir a prestanombres es siempre una posibilidad. Lo que alimenta la falta de transparencia desde la que se actúa en los esfuerzos por distorsionar la verdad.

Twitter se había mantenido hasta ahora en silencio sobre esta delicada cuestión. Facebook, no. Primero negó que hubiera habido maniobra alguna por parte de la Federación Rusa, para luego cambiar de posición. Acaba de entregar al Congreso norteamericano nada menos que el mencionado listado de 3000 cuentas con vínculos comprobados con la difusión de mensajes políticos originados en la Federación Rusa. Con ellas se materializaron y se siguen empujando las campañas de división y desprestigio.

Por el momento son los múltiples actores de las propias redes los que tienen en sus manos la tarea de identificar las falsedades, alertar a los usuarios sobre ellas, difundir la verdad y hasta refutarlas, si es posible. Pero lo cierto es que no siempre es fácil, ni posible, identificar las mentiras y denunciar a sus autores. Quizás lo único que se pueda hacer, al menos mientras las distintas facetas del problema se analizan, sea estar muy alertas y no ceder pasivamente espacios cuando de pronto se advierte que existe insistencia en los intentos por confundir o dañar. Participar, entonces, en defensa de la asediada verdad.

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