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Gran vía

Martes 03 de octubre de 2017
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Hace algunos años, la reina Sofía, esposa del entonces rey de España, Juan Carlos I, visitó las oficinas de una agencia de publicidad. Subió a la terraza, con vistas privilegiadas al centro de Madrid, miró hacia abajo y dijo: "Así que ésta era la famosa Gran Vía". Una de las consecuencias de estar muy alto (y los reyes y la nobleza lo están) es que se pierde lentamente el contacto con la realidad. Algo de esto le pasó a Mariano Rajoy, el atribulado presidente de España: en los últimos tiempos se desconectó tanto de lo que sucedía en sectores sociales y geográficamente diversos de su país que si hoy lo pusieran en la Gran Vía se asombraría como la primera vez. Lo que le está sucediendo a España es el quiebre de buena parte de los puentes que unían un país apasionado por la diversidad.

Desde hace décadas, los jóvenes de Cataluña y de otras regiones aprenden en la escuela que son diferentes entre sí. Una falsedad: catalanes, andaluces, castellanos, gallegos y vascos se parecen entre sí mucho más de lo que están dispuestos a admitir. El problema es otro y se sintetiza en las fotos de policías españoles pegándoles a españoles desarmados. Los secesionistas catalanes no le pedían tanto a ese Rajoy que dejó de entender a su país. Cualquier día le hacen un monumento.

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