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Cataluña lanza un ultimátum y exige que la UE siente a Rajoy a negociar

Puigdemont pidió una mediación internacional y reclamó que saquen a los policías nacionales de su región; sin embargo, dejó dudas sobre si hay consenso dentro del separatismo para declarar la independencia en estos días

Martes 03 de octubre de 2017
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Un grupo de partidarios de la independencia insulta a la Policía Nacional en la sede de esa fuerza de seguridad en Barcelona
Un grupo de partidarios de la independencia insulta a la Policía Nacional en la sede de esa fuerza de seguridad en Barcelona. Foto: Reuters / Yves Herman

BARCELONA.- La agitación no cede en Cataluña. Las marchas independentistas se sucedían ayer como réplicas tras un terremoto. A la medianoche empezó una huelga. Con la crisis instalada en la calle después del caótico referéndum separatista de anteayer, el líder catalán, Carles Puigdemont, lanzó una suerte de ultimátum antes de cumplir su amenaza de declarar la independencia; pidió una mediación de la Unión Europea que siente a la mesa a Mariano Rajoy.

Además, exigió que se retiren de Cataluña los 10.000 policías y guardias civiles que participaron del operativo represivo del día anterior en los centros electorales.

A sus palabras siguieron los hechos. Cientos de manifestantes se congregaron en Barcelona frente a la Jefatura de la Policía Nacional, en la vía Laietana. "¡Asesinos!", les gritaban. En la ciudad de Calella echaron a un grupo de agentes del hotel en que se alojaban. En ningún otro los querían recibir.

Puigdemont quiso mostrarse fortalecido. Pero su puesta en escena el día siguiente del referéndum sembró dudas sobre si el frente secesionista está de verdad decidido a proclamar esta misma semana la república catalana, una medida que desatará una respuesta de Madrid cuyas consecuencias son inmanejables. Por lo pronto, los diputados separatistas evitaron ayer ponerle fecha al debate parlamentario en el que intentarían votar la declaración de independencia. Compran tiempo.

"El momento aconseja una mediación que ha de ser internacional para que sea eficaz. Se ha de construir un clima de distensión", anunció Puigdemont, sin detener el curso de colisión: "Ha habido un resultado claro y sobre él tomaremos decisiones políticas".

Rajoy no muerde el anzuelo. Desconoce el derecho del gobierno catalán de sentarse a la mesa en pie de igualdad para un diálogo en el que la expectativa de los separatistas sería pactar otro referéndum legal, vinculante y definitivo.

El margen de juego de Rajoy se redujo después del 1-0. La carga policial contra votantes indefensos -por más que estuvieran participando de una elección declarada ilegal por la justicia- llenó de dudas a sus aliados frente a la insurrección catalana.

El líder socialista Pedro Sánchez sigue a su lado en esta batalla. Ayer, durante la reunión que mantuvieron en la Moncloa le reclamó que abriera de forma inmediata una negociación con la Generalitat. Y fue crítico de la actuación policial, que Rajoy defiende sin fisuras.

Se vislumbra un límite en el respaldo del PSOE: no está nada claro que Sánchez vaya a avalar una suspensión de la autonomía catalana si el conflicto escala. No querrá quedar atado a una medida que podría desatar una revuelta popular mayor que todo lo visto hasta ahora en Cataluña.

El gobierno central contempla esta opción sólo en caso de que Puigdemont y sus aliados consumen la declaración de independencia. El único apoyo seguro que le quedará en esa operación es el de Ciudadanos, cuyo líder, Albert Rivera, pide que Rajoy aplique ya mismo esa receta. Rajoy, cauto por naturaleza, pisó el freno. Le dio vértigo el impacto que tuvo fuera de España lo que pasó anteayer en Cataluña. Los heridos, la desobediencia masiva de una porción de la población, los desbordes de los antidisturbios en su cacería de unas urnas de plástico.

La Comisión Europea calificó de inválido el referéndum y pidió diálogo, pero deslizó un mensaje para Rajoy: "La violencia nunca puede ser un instrumento de la política".

La convicción unánime en la UE es que es ilegítima la pretensión de los separatistas. También lo es que va siendo hora de que Rajoy dé una respuesta política a un reclamo que saca a la calle a tanta gente desde hace cinco años.

Según el gobierno de Cataluña, 2,3 millones de votantes (de un padrón de 5,3 millones) asistieron anteayer a los colegios electorales. Es incomprobable, dado que la votación se celebró con el sistema informático caído y el escrutinio careció de mínimas garantías de imparcialidad. Como fuera, la movilización resultó inmensa. Y al mismo tiempo ni siquiera en los números ofrecidos por los organizadores supera la mitad de la sociedad. Lo mismo ocurrió en los anteriores dos intentos del independentismo de probar su hegemonía. A su manera, el domingo Puigdemont se cargó de razones. La represión de la "policía española" puede ensanchar su base de simpatías.

El repudio a las fuerzas de seguridad estatales es la consigna de la huelga general de hoy, en la que confluyen los sindicatos Comisiones Obreras (CC.OO.) y Unión General de Trabajadores (UGT), asociaciones de estudiantes, partidos políticos y los grupos de presión del independentismo, Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural.

La medida de fuerza será coronada por una manifestación en Barcelona contra Rajoy, que se prevé inmensa. La presión, de todos modos, la sentirá también Puigdemont.

"No nos falle, presidente", dijo ayer Jordi Sànchez, presidente de la ANC. Es el mensaje que está en el aire entre los que creen el discurso de la ruptura definitiva. Ahora no es tiempo de mediaciones ni diálogo. "Hemos votado y hemos ganado", repiten. Quieren esta semana la declaración de independencia.

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