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El tsunami institucional le dio a la economía un primer cimbronazo

El mercado no quedó al margen de las tensiones internas; temen que los productos catalanes sufran un boicot

Martes 03 de octubre de 2017
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LA NACION
Mariano Rajoy, en la Moncloa, sale a recibir al líder del PSOE
Mariano Rajoy, en la Moncloa, sale a recibir al líder del PSOE. Foto: AFP / Javier Soriano

BARCELONA.- No es una hecatombe, pero sí una luz amarilla. Por primera vez la crisis institucional penalizó a la economía española en los mercados. Los principales perdedores fueron, justamente, empresas catalanas.

Los bancos Caixabank y Sabadell fueron los más afectados. Al cierre del mercado, ambos cerraron parejos, con una caída del 4,5 por ciento. "La incertidumbre pesa", coincidieron diversos analistas. Con ser el más fuerte, el castigo a la banca catalana no fue el único. El temblor fue generalizado: que la prima de riesgo escalara diez puntos fue uno de los datos de la jornada.

"Lo otro, lo de las empresas y la cotización en bolsa, tiene, seguro, mucho más de especulativo. Pero lo de los bonos de deuda españoles es más significativo", sostuvo Enrique Iñíguez, de Exis Consultores, en diálogo con LA NACION. El Ibex 35, el índice promedio de la bolsa madrileña, cayó el 1,21%.

Lo ocurrido marca un giro. Hasta ahora, los mercados subrayaban el ritmo de una economía al margen de las tensiones internas.

El desafío institucional "puede hacer más difícil el gobierno en minoría del presidente Mariano Rajoy", dijo Holger Schmieding, economista jefe del Berenberg Bank, una inversora alemana muy seguida por medios europeos.

En voz baja, empresarios catalanes temen reacciones populares contra sus productos. Sobre todo, su industria vitivinícola, con el cava a la cabeza. "No sería la primera vez que nuestra producción figure a la cabeza de las afectadas cuando se sacuden estas cuestiones emocionales", dijo a LA NACION un empresario del sector.

La señal de los mercados ha sido una poderosa luz amarilla, pero la coincidencia es que todavía es demasiado temprano para sacar conclusiones definitivas.

El empresariado catalán se mantiene hasta ahora en prudente silencio. Pocas empresas han tomado posición ante la posibilidad de una declaración de independencia.

El poderoso Grupo Planeta, que tiene su cabecera en esta ciudad, advirtió sobre la posibilidad de trasladarla en caso de que la crisis llegara a ese extremo. Otras empresas, como la alimentaria Nestlé y la automotriz Ferrari, mantienen inalterables programas de inversión anunciados recientemente.

Aun con las señales de alerta, la corriente mayoritaria es cauta sobre los efectos reales.

"Independencia? ¿qué significa independencia?", ironizó el economista jefe para Europa de una importante firma de Wall Street. Puso sobre la mesa lo que ocurre con Gran Bretaña y su anunciada salida de la Unión Europea. "Significa años de negociación. Nada de lo que pueda decidir Cataluña puede tener un plazo menor", sostuvo.

En la calle, en tanto, el debate es otro. ¿Quién gana o quién pierde más con una ruptura? ¿España en su conjunto o Cataluña en particular? Más allá de que la economía catalana significa el 20 por ciento del PBI español, los lazos son enormes. El territorio español es el principal mercado de las ventas catalanas -de allí su pánico a un eventual boicot-, mientras que el hecho de pertenecer a uno de los principales países del bloque europeo es fundamental para la región.

"Cuando, años atrás, la alemana Volkswagen anunció la intención de retirar su planta de Cataluña, fue el gobierno de España el que se movió y presionó a Berlín para evitarlo", recordó un veterano economista barcelonés.

"Me pregunto qué suerte tendría el señor Puigdemont ante Angela Merkel en una situación similar. Se me ocurre que, tal vez, tardaría un poco más en conseguir la audiencia", añadió, sarcástico.

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