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La incapacidad de Rajoy hipoteca su futuro político

Martes 03 de octubre de 2017
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Mariano Rajoy ha demostrado toda la fuerza del Estado para impedir el referéndum, pero también toda la debilidad de ese tipo de fuerza. Confundir una profunda cuestión política con una simplemente jurídica o policial es grave y limitado. Y, como se ve y se verá, inútil e incapaz. Rajoy creerá que habrá impedido un problema político, pero se encontrará con otro mayor. El apoyo a la independencia estaba repartido, pero a partir de la noche del domingo el apoyo a la desconexión emocional y política habrá aumentado. Y el futuro político del presidente, seguramente, habrá quedado hipotecado de manera definitiva. Éste es el balance.

Las órdenes recibidas por los funcionarios públicos de la Guardia Civil y la Policía Nacional han sido torpes. No hay recursos humanos ni técnicos para impedir un referéndum reconvertido en un gran escenario global y con inmensas colas intergeneracionales. Rajoy piensa en cifras y datos; sus rivales, en imágenes y emociones. Las fuerzas de seguridad se enfrentaban a un desafío desconocido, en el que el balance semiótico no iba a dejar dudas a favor de quién decantaría. Los medios de comunicación nacionales e internacionales, así como el relato transmedia de la sociedad digital, se encargarán de este veredicto. La derrota estética es parte de otras derrotas. La política hoy navega por el desenlace emocional. Y Rajoy ha perdido el corazón de Cataluña.

Esta batalla política es una batalla posmoderna: la fuerza contemporánea no se mide por músculos, sino por neuronas. Lo físico y analógico frente a lo líquido y digital. Este choque de recursos duros y blandos es parte del debate sobre los límites del poder. Alguien debería leer (o releer) a Moisés Naím y su libro de cabecera El fin del poder. Empresas que se hunden, militares derrotados, papas que renuncian y gobiernos impotentes: cómo el poder ya no es lo que era.

Rajoy ha arrastrado a su gobierno, a las instituciones, a su partido, a los otros partidos constitucionalistas y al resto de apoyos que lo siguen -o toleran a una victoria imposible. Todos se han sumado a la suerte de un líder que parece que no tiene recursos ni ideas para hacer frente a este desafío con otras herramientas que no sean la judicialización de la política.

Rajoy se escuda en las leyes, en los jueces y en las fuerzas de seguridad para no asumir responsabilidades, buscar soluciones y ofrecer alternativas. Ha prometido algo que no podía cumplir: que impedir el instrumento significaría derrotar el independentismo y a sus líderes. Gran fracaso, justo cuando los errores y excesos del soberanismo empezaban a hacer mella en su consistencia y en su mayoría. Justo en el momento en que empezaba a decaer su apoyo.

Rajoy no podrá liderar la próxima e inevitable y deseable negociación. Ayer inhabilitó a los líderes catalanes que han promovido el referéndum, que ha sido considerado ilegal por parte de la justicia. Sin reconocer que hemos llegado hasta aquí, también, por su incapacidad. Rajoy ha secuestrado al PP, y pretende hacerlo con el Estado y con España. El PP deberá reflexionar qué líder puede reconducir esta situación si es que quiere resolver los problemas con soluciones, no con actuaciones que se viven como humillaciones por una mayoría más amplia que la independentista.

El País

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