Piqué, el futbolista que les gana a los políticos

Martes 03 de octubre de 2017

Hay veces en que el deporte es más efectivo que cualquier político. Se está viendo en la crisis española, donde el fútbol cumplió este domingo un papel importante. Primero fue la decisión del Barcelona de jugar en un Camp Nou vacío, y luego -las malas lenguas hablan de impecable sincronización- las lágrimas de Gerard Piqué ante las cámaras de televisión. "Se pudo ver en 174 países de todo el mundo", se enorgulleció ayer el Barcelona.

Piqué es el hombre ideal para transmitir el mensaje de un Barcelona entusiasmado con una hipotética independencia de Cataluña. Pide "poder para los jugadores", quiere crear un medio propio para evitarse leer a periodistas que no respeta y tiene 16,4 millones de seguidores en Twitter, diez veces más que Mariano Rajoy, jefe del gobierno español. Alto, rubio, de ojos celestes, casado con una cantante de fama mundial y -sobre todo- gran futbolista, lo que Piqué dijo el domingo llegó a muchos españoles y al resto el mundo con mucha más efectividad que el mensaje de Rajoy, un político de barba antigua que se viste a la antigua y habla antiguo. Lo sabe bien el central del Barcelona, que el lunes siguió aprovechando con astucia las redes sociales.

España es, impulsada por su dramática historia, una sociedad especialista en el blanco y el negro. Ama los contrastes: de derecha o de izquierda, republicanos o monárquicos, españoles o catalanes, taurinos o antitaurinos, del Real Madrid o del Barcelona? y así interminablemente. Llamativo, porque los españoles llevan décadas -desde la muerte de Francisco Franco en 1975- construyendo una sociedad que, más allá de su pasión por las tribus, progresa y funciona. En ese sentido vale la pena observar lo que sucede con su fútbol: que 200 hinchas ultra silbaran ayer a Piqué en un entrenamiento de la selección hace mucho ruido en las redes, pero en el fondo dice poco, es anécdota. Eran apenas 200 sobre mil y era en Madrid tras un domingo caldeado en el que Cataluña se lanzó a la separación del resto de España. ¡Lo que podría haber pasado en una situación similar en otras sociedades!

Más peso que los silbidos al catalán tiene el ejemplo de una selección española en la que conviven los dos extremos: un Piqué que simpatiza con una eventual secesión y un Sergio Ramos que es símbolo acabado de la españolidad. Uno del Barcelona y el otro del Real Madrid, ambos vitales en el equipo que fue campeón mundial y dos veces campeón europeo. Vicente del Bosque, que dirigió la selección por más de seis años, confesó en 2013 que, si pudiera, jugaría "con diez mediocampistas". Ése era el modelo más extremo del Barcelona de Josep Guardiola, que alguna vez goleó 4-0 al Santos en la final del Mundial de Clubes despreciando a los delanteros.

Que Guardiola sea todo un demonio independentista para muchos en España, al igual que el Barcelona, no deja de ser curioso: sin el técnico hoy en el Manchester City y sin el club catalán es probable que la selección española no hubiera llegado a lo que llegó. Nadie recuerda hoy, a la hora de ver jugar a España, a "La Furia", aquel combinado que mezclaba un poco de talento con bastante tosquedad. No, España es desde hace una década una selección que juega muy bien, y en ella se lucen hombres de casi todas las regiones del país y de muchas sensibilidades diferentes. La selección de un país en el que llevar la bandera propia está mal visto por muchos y que recibe con alivio el dato de que su himno nacional no tiene letra, porque así se evita más problemas y discusiones.

España juega al fútbol, la selección argentina también, pero sus realidades no pueden ser más diferentes.

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