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Trump siguió el ritual de cada matanza, pero sin señales de abrir un debate

Martes 03 de octubre de 2017
Foto: AP / Evan Vucci

Condolencias, una plegaria, un llamado a la unidad del país y una visita al lugar de la tragedia. Eso fue todo lo que ofreció Donald Trump , un presidente que ha forjado un estrecho vínculo con el lobby de las industria de las armas.

Trump siguió al pie de la letra el ritual que han seguido sus predecesores ante una tragedia recurrente, que ahora golpeó en la "Ciudad del Pecado". Pero no abogó por más controles, como solía hacer Barack Obama , ni brindó una propuesta o solución alguna para un flagelo que pega, literalmente, casi todos los días, y a veces más de una vez en un mismo día.

En Estados Unidos, los tiroteos son una tragedia recurrente sin solución a la vista. Washington sólo ha ofrecido "pensamientos y oraciones" y banderas a media asta. Ahora, con Trump en la Casa Blanca, los renovados reclamos de intentar cambiar esa realidad parecen destinados a caer en oídos sordos.

Eso aun cuando un "tiroteo masivo" -cuando cuatro o más personas, sin contar al tirador, mueren o resultan heridas- es tan frecuente que la mayoría ni siquiera aparece en las noticias. Este año, antes de la masacre de Las Vegas, ya hubo otros 272 incidentes, según Gun Violence Archive. Mientras la televisión, los portales y las redes sociales dedicaban aire y espacio a Las Vegas, otro "tiroteo masivo" pasaba inadvertido. Uno más. En Lawrence, Kansas, tres personas murieron y al menos otras dos resultaron heridas en la madrugada de anteayer.

Esa frecuencia no ha alterado el ritual. A cada tiroteo que llega a las noticias le siguen los "pensamientos y oraciones" del arco político, a los que se suma un reclamo desde la izquierda: más controles, más regulaciones de las armas de fuego. Una cruzada contra la "epidemia de violencia armada" que sufre el país, resistida con determinación y eficacia por los republicanos en el Congreso con el respaldo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, según sus siglas en inglés), el brazo político de la industria de las armas de fuego.

Un grupo de policías intenta descubrir el lugar de donde provienen los disparos
Un grupo de policías intenta descubrir el lugar de donde provienen los disparos. Foto: AFP / David Becker

"Éste es un momento de luto nacional y de oración", dijo Mitch McConnell, líder republicano del Senado.

Un senador demócrata, Chris Murphy, de Connecticut, que vivió el flagelo a fines de 2012 con la matanza de Sandy Hook, dejó ayer toda su frustración al descubierto.

"Esto debe parar. Es exasperante que mis colegas del Congreso tengan tanto miedo a la industria de armas de fuego que fingen que no hay respuestas de política pública a esta epidemia. Hay, y los pensamientos y oraciones de los políticos son cruelmente vacíos si se combinan con la continua indiferencia legislativa", dijo Murphy.

Ya Obama dijo, hace exactamente dos años, tras un tiroteo en Oregon, visiblemente frustrado: "Los pensamientos y oraciones no son suficientes". Esa misma frase, calcada, fue repetida ayer por varios demócratas en el piso del Senado.

Un hombre consuela a una mujer después de la lluvia de balas
Un hombre consuela a una mujer después de la lluvia de balas. Foto: AFP / David Becker

Ese reclamo encontrará ahora un eco mucho más débil.

Ayer, la Casa Blanca intentó silenciar el debate: Sarah Huckabee Sanders dijo que no era momento para discutir políticas públicas, sino para "consolar a las víctimas", y que era "prematuro hacerlo".

"Hay un momento y un lugar para un debate político, pero ahora es el momento de unir al país", dijo Sanders.

Algunos republicanos fueron más allá y acusaron a quienes levantaron la bandera de los controles de las armas de "politizar" la masacre.

La mayoría de los norteamericanos quiere controles más estrictos de las armas. Pero hay divisiones: un tercio de los republicanos creen que la violencia armada es un problema "grande", contra el 65% de los demócratas, y la mayoría cree que el acceso a las armas no aumenta los tiroteos, contra el 64% de los demócratas que piensan lo contrario.

El poder de la industria armamentista ha crecido con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Trump recibió el respaldo explícito de la NRA en la campaña, un apoyo del que hizo alarde cada vez que pudo. Este año, a fines de abril, Trump se convirtió en el primer presidente en hablar ante la convención nacional de la organización desde Ronald Reagan, en 1983.

Un par de botas texanas, símbolo de la música country norteamericana
Un par de botas texanas, símbolo de la música country norteamericana. Foto: Reuters / Steve Marcus

"Sólo un candidato en la elección vino a hablar con ustedes, y ese candidato es ahora el presidente de los Estados Unidos, de pie ante ustedes de nuevo", dijo Trump.

Un aplauso lo interrumpió unos segundos. Trump los llamó "sus amigos", elogió su "activismo" y les prometió defender la segunda enmienda constitucional, que garantiza el derecho de portar armas, y les dijo que el "ataque" contra sus "libertades" desplegado por la administración de Barack Obama, quien intentó sin éxito elevar los controles de las armas, había llegado a su fin.

Otro aplauso sirvió de antesala para una frase que el auditorio no había escuchado en persona en años: "Tienen un verdadero amigo y campeón en la Casa Blanca", les dijo el presidente. "Puedo decirles con orgullo que nunca jamás los defraudaré", cerró.

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