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De Barcelona a Madrid, un marcado contraste de estados de ánimo

De la efervescencia de la ciudad condal se pasa a la tristeza y la resignación de la capital española

Miércoles 04 de octubre de 2017
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LA NACION
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Miles de personas protestaron en Madrid contra el referéndum en Cataluña
Miles de personas protestaron en Madrid contra el referéndum en Cataluña. Foto: AFP / Gabriel Bouys

MADRID.- Son sólo 600 kilómetros; unas tres horas en tren de alta velocidad. Pero es como pisar otro mundo: venir desde la Barcelona en plena efervescencia separatista hasta esta capital es, por lo menos, en materia de estados de ánimo y de intensidades, como cruzar una frontera emocional.

No es que el problema sea ignorado. Al contrario: está presente en numerosas pistas. Entre ellas, en la multitud de banderas españolas que, recién colgadas, se asoman en los balcones de la Calle de Alcalá.

Hay también banderas catalanas. Pero su cantidad es inversamente proporcional a la de la Barcelona en rebeldía. Aquí la que gana no es la estelada, como se denomina la que refleja el ánimo de independencia, sino la senyera. La que con sus cuatro franjas rojas sobre fondo amarillo representa a la región y no sus afanes políticos.

Se nota, también, que las banderas españolas en los balcones madrileños son un fenómeno reciente. Una respuesta de estos días al planteo catalán.

A las que cuelgan de los balcones en Barcelona se les advierte, en cambio, el desgaste de las que llevan mucho tiempo clavadas en una ventana. Como el reflejo de un mensaje que no termina de cuajar ni de recogerse.

Para buena parte de los madrileños y de los españoles, en general, que viven aquí, la cuestión catalana estalla con estruendo apenas en la espiral de estos días.

Estar estuvo siempre, como está el folklore. Pero apenas ahora se instala en la agenda como algo que los confronta y los interpela. Y lo que se ve no parece gustar.

Se palpa tristeza. Un pesar casi físico, de hombros caídos y rostros serios, junto con la sensación de que la respuesta no es sencilla y que tal vez ni siquiera exista todavía. Pero lo que no hay es efervescencia, ni ruido ni el reclamo callejero a toda hora. No hay urgencia, no hay intensidad en el debate.

"Como que sigamos así, perdemos todos", es la frase que más se escucha. Por primera vez en muchos años Madrid se asoma a la posibilidad real de que el país del que es capital cambie de forma y pierda a Cataluña.

"Cataluña se va. No verlo es estar ciegos", dijo ayer Iñaki Gabilondo, uno de sus periodistas estrella.

Son pocos los que, al día de hoy, lo han dicho aquí con esa claridad. El mensaje y la posibilidad que encierra penetran con ánimo caído. Madrid y Barcelona tienen sus rivalidades, se sabe. Hoy, no es eso lo que toca.

Jóvenes cuelgan las banderas catalanas por las calles de Barcelona
Jóvenes cuelgan las banderas catalanas por las calles de Barcelona. Foto: Reuters / Jon Nazca

A diferencia de Barcelona, no se vio ayer aquí euforia alguna.

Pero la vida sigue. Desde la parálisis y las calles tomadas desde la capital catalana, aquí la actividad transcurre con sus propias urgencias. Todo funciona. Se habla de muchas, muchísimas cosas y no sólo de Cataluña.

Volviendo al viaje en ese tren que da envidia: dos asientos adelante, una mujer con dos hijas pequeñas apeló al celular para contarle a una amiga que se iba "de vacaciones a Madrid" porque "las chicas, con esto de la huelga, están sin clases". Se iba de Barcelona a pasarla bien aquí. No era la experiencia de todos. Era la de ella. Pero no menos real.

Pasillo de por medio, una abogada que en su computadora hace una pausa para hablar con la oficina. "Oye, lo de Cataluña está fatal, ¿no?", dice. Ha subido a mitad de camino, en Zaragoza. No se engancha y pronto cambia de tema. Hay un compañero de trabajo enfermo. Un turista japonés, máquina de fotos al hombro, se prepara para usarla a rabiar.

La idea de que tal vez Cataluña dé un paso hacia la independencia se cuela en las conversaciones. Pero está muy lejos de ser una obsesión ni una prioridad.

DICHOS Y HECHOS

El conflicto catalán se cuela en otros ámbitos

Nadal, en defensa de Piqué por los insultos en el entrenamiento

El tenista español Rafael Nadal, número uno del ranking, defendió ayer al futbolista del Barcelona Gerard Piqué tras los silbidos e insultos que recibió durante el entrenamiento de la selección por su apoyo al referéndum independentista catalán. "Silbar a Piqué también es expresarse de forma radical", expresó.

"A mí no me gusta que silben a nadie, no entiendo a la gente que lo hace", dijo el tenista mallorquín en la conferencia de prensa que dio ayer en Pekín, luego de derrotar al francés Lucas Pouille. "Creo que todas las actuaciones de forma radical, sean de unos o de otros, están mal. La radicalización en general, sea futbolística, tenística o de cualquier deporte, cualquier fanatismo, es algo malo", añadió.

Los empresarios, preocupados por la crisis política

La escalada de la tensión en Cataluña puso en guardia a las principales empresas de España. "Como español y como individuo estoy muy preocupado y asustado. Ésa es la palabra. Hay un gravísimo problema y hay que reconocerlo. Los políticos tienen que solucionar este problema con diálogo y entendimiento", advirtió ayer el presidente de la cadena de supermercados Mercadona, Juan Roig, durante un acto en Madrid para impulsar la construcción del corredor mediterráneo.

Todos los empresarios presentes en el acto coincidieron en remarcar que lo que España necesita "en momentos de incertidumbre como el actual" son proyectos que "vertebren al país y fortalezcan la economía".

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