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Hoteles y restaurantes, al rescate de los alimentos

Miércoles 04 de octubre de 2017
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Un kilo de comida por día, por persona. Eso es lo que se estima que, intencional o accidentalmente, se desperdicia en nuestro país: 16 millones de toneladas de alimentos al año.

En este tan vergonzoso como preocupante escenario, damos la bienvenida a una iniciativa que asomó en Rosario y que debería poder aplicarse en todo el país. La Secretaría de Medio Ambiente y Espacio Público de la municipalidad de esa ciudad, junto con la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Rosario (Aehgar), lanzaron un plan de concientización bajo el lema "Los alimentos no se tiran".

Serán los mismos locales gastronómicos rosarinos los que informen a sus clientes que pueden llevarse los alimentos que no consumieron.

En abril del año último, el Concejo Municipal aprobó una ordenanza en esa dirección denominada "Sobras cero", a la que ya adhirieron unos 80 locales de los dos corredores gastronómicos más importantes de la ciudad.

Se espera que a esa movida continúen sumándose más y más comercios y que se identifiquen en la entrada y en los menúes con el eslogan "Los alimentos no se tiran".

En distintos lugares del mundo es habitual que los comensales pidan llevarse lo que no consumieron, envasado en lo que suele llamarse "bolsa para el perro" (doggy bag). La costumbre es cada vez más frecuente entre nosotros. Rosario pasa a ser la primera ciudad del país que formalmente tiene como derecho asumido del cliente el de llevarse la comida que no llega a consumir en el local.

Una vez más, la sinergia público-privada evitará que lo que no se consume en la mesa termine en la basura.

Cualquier cambio cultural comienza gestándose de manera individual antes de asumir una forma colectiva. Cuando las políticas públicas fijan rumbos en la dirección correcta, la necesaria transformación de nuestros hábitos se acelera.

Le damos entonces la bienvenida a esta iniciativa que, confiamos, será rápidamente puesta en práctica en todo el país mientras aguardamos que nuestros legisladores se aboquen de una buena vez a la impostergable sanción de la ley conocida como "del buen samaritano", tendiente a promover la donación de alimentos destinados a comedores e instituciones a las que llegan los eficientes bancos de alimentos. No hay motivos razonables ni justificaciones posibles para que esa norma se siga demorando. El hambre no puede esperar.

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