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Golpe a golpe

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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4 de octubre de 2017  

Las muchedumbres rugen de amor con sus sucesivos triunfos. En la piel llevan tatuada la cara de su líder y se droga hasta la siguiente internación. Pero no es Diego Maradona.

Cada uno de sus puñetazos lo celebran multitudes, pero también su presidente, que valora su ascenso social desde orígenes tan humildes. Tampoco es el Mono Gatica.

Sus adversarios le temen. Liquida las peleas con contundentes nocauts. Pero esas mismas manos también convierten en cadáver a su esposa. Y, sin embargo, no es Carlos Monzón.

Ciertos ídolos deportivos merodean arenas movedizas parecidas.

El venezolano Edwin Valero participó en 27 peleas y la mayoría las ganó en el primer round. Se admiraban con Hugo Chávez y por eso los jueces eran indolentes cuando maltrataba a su esposa y a otras mujeres. Al masacrar a su pareja ya no pudo eludir la prisión. O sí: se ahorcó con su pantalón horas después de entrar en ella.

El estreno de El inca, el film que narra su trágica historia, fue un éxito de efímeras tres semanas en Venezuela porque la justicia de ese país resolvió arrancarla de los cines.

Conviene que el héroe oscuro de pecho tatuado con la imagen de Chávez sea olvidado. Pero El inca inició su carrera hacia el Oscar. Valero no termina de morir y sigue dando pelea

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