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En su propio 23 de Febrero, el rey mostró una firmeza hasta ahora desconocida

Pronunció un discurso de seis minutos más duro de lo esperado; el país evocó la intervención de su padre durante el golpe de 1981

Miércoles 04 de octubre de 2017
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LA NACION
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MADRID.- Felipe VI se estrenó como rey. Formalmente lo es desde hace poco más de tres años. Pero ayer ejerció por primera vez el papel que se le asigna: el de buscar una instancia superadora en situaciones de crisis extrema.

Un grupo de catalanes independentistas escucha el discurso de Felipe en un bar de Barcelona
Un grupo de catalanes independentistas escucha el discurso de Felipe en un bar de Barcelona. Foto: Reuters / Yves Herman

"Vivimos horas difíciles", fueron las palabras con las que arrancó su discurso más arriesgado. Un recurso extraordinario para una situación que también lo es. Las próximas horas dirán hasta qué punto los seis minutos de su intervención serán capaces de mover la aguja en una dinámica que, de no descender, parece conducir al quiebre del país.

Las circunstancias son otras. Pero lo ocurrido evocó la intervención de su padre, el rey Juan Carlos, durante el intento de golpe de Estado de 1981. El tiempo demostró que en aquella ocasión ese discurso fue decisivo para evitar el drama. En la misma línea, queda aún por develar si lo de Felipe fue su propio 23-F.

Por lo pronto, el tono y el contenido sonaron arriesgados. Fue un discurso durísimo. Tenso, pero con una firmeza que hasta ahora no se le conocía, el joven rey descargó todas las culpas sobre la Generalitat.

Le endilgó una "deslealtad inadmisible" y, en su condición de "garante de la unidad española", llamó a fuerzas e instituciones a sumarse en el esfuerzo para terminar con ese comportamiento "que divide a la sociedad catalana y a los españoles".

Habló de la necesidad urgente de concordia", pero quedó claro que no habrá puentes con quienes "vienen incumpliendo, de manera reiterada, consciente, irresponsable y deliberada, la Constitución española y el Estatuto de Autonomía" que rige para Cataluña.

Dicho de otra manera, no parece abrir una puerta para el diálogo con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. El hombre cuya agenda ha puesto patas para arriba el mapa institucional y político de España.

Si Puigdemont hizo ayer una poderosa demostración de fuerza con las masivas protestas y concentraciones en Barcelona y en toda Cataluña, horas después el rey hizo otra. Dicho de otro modo: o la ley y las instituciones o nada. No hay diálogo ni puente con quienes no las respetan.

Es posible que el destinatario primordial de ese mensaje haya sido el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). No por nada a la agrupación que lidera Pedro Sánchez lo del rey no terminó de gustarle del todo. Lamentó la ausencia de un llamado al "diálogo" con los rebeldes catalanes.

"Bueno, el rey habló de concordia y se supone que la concordia implica diálogo. Pero nos parece que faltó esa apelación", se escuchó cerca de la sede de Ferraz, el cuartel general del partido cuya alineación es fundamental para evitar un precipicio.

Pero el propio Felipe se encargó de aclarar que no había espacio para otra opción que la firmeza. "La corona tiene su compromiso con la unidad y con la permanencia de España", dijo.

Lo suyo fue un llamado a cumplir la ley, muy en línea con lo que es la posición del presidente Rajoy. No es una sorpresa: los discursos del rey se escriben en consulta con la presidencia del gobierno.

Nadie de buena fe duda de eso. Pero lo que se añoró fue la ausencia de mención de los hechos que forman parte de la crisis: el voto independentista catalán y la represión policial que lo puso en jaque. No corresponde a la corona proponer medidas concretas, pero sí enviar mensajes. Eso fue lo que hizo ayer. Su intervención marcó una pausa en la espiral. Fue un discurso necesario: su solo anuncio abrió expectativa y detuvo una dinámica que venía en alza.

Fue su discurso más importante. Habló para los españoles y para los catalanes que sienten que nadie los representa. La famosa "mayoría silenciosa" que no vota por la independencia, pero que tampoco se pronuncia en contra. "No están solos y nunca lo estarán", les dijo. Le tocó intervenir en una crisis compleja que afecta especialmente a Cataluña, pero que impacta en toda España. Un intento para desarticular la tormenta perfecta.

Lo que dijo es que hay que frenar esto. Lo que no hay es unanimidad sobre cómo hacerlo. Lo que no está claro es si el mensaje calará en una población con el mayor grado de rechazo a la monarquía y que tiene por hábito silbarlo a más no poder cada vez que aparece.

Pero era su hora. Tenía que poner la cara y lo hizo. La partida, ahora, es otra. Un rey declarado garante de un Estado versus un gobierno regional en rebeldía y una sociedad en plena revuelta contra la "opresión". La narrativa sí que cobra intensidad.

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Cinco cadenas históricas

Fuera de los habituales mensajes navideños, el rey Juan Carlos I usó sólo en cuatro oportunidades la cadena nacional. Y ayer fue la primera vez que la utilizó Felipe VI

Golpe de Estado

Tras el golpe de Estado liderado por el coronel Antonio Tejero, el mensaje televisado del rey, vestido de uniforme militar, la noche del 23 de febrero de 1981, afirmó el rumbo de la naciente democracia española

Barbarie terrorista

Pasaron 23 años hasta que el rey volvió a usar la cadena nacional en mensajes políticos. Fue la noche del 11 de marzo de 2004 para condenar los ataques de Al-Qaeda contra trenes de Madrid, que dejaron 193 muertos

Muere Adolfo Suárez

El 23 de marzo de 2014 el rey volvió a vestirse de luto frente a las cámaras de TV para despedir al ex presidente Adolfo Suárez, su "amigo leal", "colaborador excepcional" en la instauración de la democracia en España

Abdicación

Con singular emoción, el 2 de junio de 2014 don Juan Carlos se dirigió a la nación para explicar los motivos de su renuncia al trono tras casi 40 años de reinado. "Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven", dijo

Referéndum catalán

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