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Médicos y hospitales, desbordados luego de la tragedia

Miércoles 04 de octubre de 2017
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LAS VEGAS (AP).- Las víctimas no dejaban de llegar. En autos, en ambulancias que esperaban en cuarta o quinta fila, a pie o al borde de la muerte, llegaron por centenares.

"No tengo ni idea de a quién he operado", dijo el doctor Jay Coates, cirujano de traumatología en un hospital que recibió a muchos de los heridos después de que Stephen Paddock disparó desde la ventana de un hotel en Las Vegas a la gente que estaba abajo en un concierto. "Llegaban tan deprisa que nos ocupábamos de los cuerpos. Sólo intentábamos evitar que la gente muriera."

El ataque se convirtió en el tiroteo masivo más mortal en la historia moderna de Estados Unidos, con 59 muertos y 527 heridos.

El University Medical Center of Southern Nevada era uno de los muchos hospitales que se vieron desbordados. "Todas las camas estaban llenas", dijo Coates. "Teníamos gente en los pasillos, gente afuera y más gente que llegaba", recordó.

Las enormes y espantosas heridas que vio en su sala de operaciones, señaló, mostraban que no era sólo la enorme cifra de víctimas lo que hacía diferente a este ataque.

"Estaba muy claro con el primer paciente que vi y operé que esto era un arma de gran potencia -dijo Coates-. Esto no era un arma normal de la calle. Era algo que hizo mucho daño al penetrar en el cuerpo."

El cirujano dijo que había visto heridas similares en el pasado, pero "por supuesto nunca tantos pacientes".

El agresor, un contador retirado de 64 años al que le gustaba apostar, se suicidó cuando las autoridades entraron en su habitación del hotel.

Tenía 23 armas, algunas con mira, en su cuarto del hotel y casino Mandalay Bay, donde se alojaba desde el jueves. Rompió dos ventanas para crear posiciones de francotirador desde las que descargó un aluvión de balas sobre las 22.000 personas que asistían al concierto, a unos 450 metros de distancia, según las autoridades.

Dos de las armas se habían modificado para hacerlas totalmente automáticas, según dos funcionarios estadounidenses familiarizados con la investigación.

Coates dijo que no se habían perdido vidas debido a la falta de preparación, aunque quizás hubieran podido salvar más con un número menor de víctimas. "Le diré que todo el mundo que debía vivir vivió -dijo Coates-. Los que perdimos creo que si hubieran sido los únicos pacientes en entrar por la puerta habríamos podido salvarlos."

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