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Cambiar el cigarrillo tradicional por uno electrónico salvaría millones de vidas

El escenario más optimista estima que se evitarían 6,6 millones de muertes prematuras y el más pesimista 1,6 millones

Miércoles 04 de octubre de 2017 • 13:32
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Cambiar del cigarrillo tradicional al electrónico podría evitar 6,6 millones de muertes prematuras
Cambiar del cigarrillo tradicional al electrónico podría evitar 6,6 millones de muertes prematuras. Foto: Shutterstock

Si los fumadores cambiaran el cigarrillo tradicional por el electrónico podrían evitarse en Estados Unidos entre 1,6 y 6,6 millones de muertes prematuras en diez años, según un estudio publicado hoy por el Centro de Cáncer Lombardi, de la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos.

La investigación calculó que los 6,6 millones de muertes prematuras menos sería el escenario más optimista, mientras que el más pesimista sitúa esa cifra en 1,6 millones. Para llegar a esta hipótesis se compararon los daños producidos por los cigarrillos tradicionales con los de los electrónicos, así como por los diferentes tiempos en el inicio de fumar, el dejarlo o el cambiarlo por los electrónicos.

Además, señala el informe, este cambio representaría entre 20,8 y 86,7 millones de años de vida más para los fumadores en Estados Unidos."Adicionalmente habría tremendos beneficios de salud, incluida la reducción de enfermedades que incapacitan a los fumadores (enfisema pulmonar severo, entre otras), la disminución de dolor y sufrimiento y la reducción de la exposición al humo de segunda mano", afirmó David Levy, profesor de Oncología de Georgetown Lombardi y autor líder del estudio.

Debate entre los especialistas

El uso del cigarrillo electrónico (o vaporear, como se lo define) divide a los especialistas. Los defensores, apoyados en trabajos como éste, sostienen que es la mejor herramienta para lograr que la población deje de fumar; y presionan a los gobiernos para lograr políticas públicas tendientes a estimular el cambio. En tanto, los detractores advierten que aún se carece de evidencias para afirmar que pueda tratarse de un reemplazo nicotínico; y que tampoco se sabe científicamente si el cigarrillo electrónico es inocuo o no.

Levy está seguro. "Las políticas existentes necesitan ser complementadas con políticas que motiven a sustituir los cigarrillos más mortíferos por cigarrillos electrónicos ya que el reporte de 2014 del Cirujano General de EE.UU., la máxima autoridad sanitaria del país, recomendó diseñar una estrategia para poner fin a la epidemia de tabaco del país, pero no ha sido presentada ninguna estrategia adicional diferente del actual 'status quo' de políticas de control del cigarrillo".

Según el investigador, las políticas actuales incluyen altos impuestos para los cigarrillos tradicionales, sitios públicos donde no se puede fumar, campañas de prevención en los medios, programas para dejar de fumar y restricciones publicitarias. Otra sugerencia de los investigadores es reducir la cantidad de nicotina en los cigarrillos tradicionales como una forma de ayudar a disminuir su daño y favorecer el cambio hacia los electrónicos.

En cambio, para la doctora Marita Pizarro, codirectora ejecutiva y directora del área de control de tabaco de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FIC), "hasta ahora lo que sabemos es que no hay evidencia suficiente para respaldar su uso. Ni para dejar de fumar; ni los daños que podrían provocar su consumo", afirma. "Hay evidencia de que se ha encontrado en el vapor que queda suspendido en el ambiente sustancias tóxicas como formaldehído y propilenglicol que son sustancias que se encuentran en el humo del tabaco. Son concentraciones menores, pero aún así podemos saber cuáles pueden ser los daños que provoque", añade la Pizarro.

Los estudios, muchos de instituciones muy serias, en pro y contra se acumulan. Sin embargo, todavía no se ha podido llegar a una conclusión general. Por lo que cada país toma decisiones diferentes en cuanto a su uso. Mientras en países como Estados Unidos, Japón y los que conforman la Unión Europea han habilitado el producto aunque todavía no lo han admitido como un sistema para dejar de fumar; otros países lo prohíben.

En nuestro país la comercialización está prohibida desde 2011 por disposición de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Incluso, en la Ley Nacional de Control del Tabaco, que fue promulgada ese mismo año, se clasifica al cigarrillo electrónico como un producto del tabaco, por lo que le caben las mismas reglas. Por supuesto, como cualquiera puede comprobarlo,esta prohibición no se cumple y de hecho puede conseguirse el cigarrillo electrónico hasta en kioscos. En la región, Uruguay, Brasil y Venezuela tampoco permiten su venta.

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