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10 lugares de Argentina que muy pocos conocen

Si ya fuiste a las cataratas y el glaciar, te invitamos a desafiar tus conocimientos del país y acercarte a los meteoritos de Campo del Cielo, los de Ojos de Mar, el Bañado la Estrella, el Puente del Diablo y más.

Puente del Diablo, La Poma, Salta. Foto: Sebastián Pani
Puente del Diablo, La Poma, Salta. Foto: Sebastián Pani.
Viernes 06 de octubre de 2017 • 13:44
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Los viajes pueden llegar a hacerse vicio. Uno va primero a Iguazú, al PN Talampaya, la Quebrada de Humahuaca y el Glaciar Perito Moreno y se ceba. Quiere más. Escucha un nombre que no le suena y se da cuenta de que involuntariamente "para la oreja". ¿Mar Chiquita en Córdoba? ¿La Payunia en Mendoza? ¿Jasimaná en Salta? Revista Lugares acaba de lanzar una edición especial Argentina Insólita con 58 de estos sitios, ideal para quienes buscan ir más allá de los sitios conocidos. Esta es una selección:

Ojos de Mar

Tolar Grande, Salta.

Ojos de Mar, Tolar Grande, Salta. Foto: Sebastián Pani
Ojos de Mar, Tolar Grande, Salta. Foto: Sebastián Pani.

Son tres pequeñas lagunas celestes en medio de un salar blanco inmaculado en las afueras de Tolar Grande. Si los salares son de por sí raros, estas lagunas del color del mar Caribe, sorprenden aún más. Para protegerlas, la municipalidad armó un pequeño estacionamiento, senderos y cartelería que explican que no sólo es peligroso acercarse al borde de las lagunas porque el terreno es frágil y quebradizo, sino que, sobre todo, es muy nocivo para el medio ambiente. Aunque esas alturas puedan parecer un entorno poco propicio para la vida, en 2009 la investigadora del CONICET María Eugenia Farías, a cargo del Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas de Lagunas Andinas, descubrió aquí la presencia de estromatolitos, unos microorganismos especializados en transformar el dióxido de carbono en oxígeno que datan de hace miles de millones de años. Son invisibles al ojo humano, pero están vivos y tienen un alto valor científico.

Puente del Diablo

La Poma, Salta.

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Son unas escondidas cavernas en el cauce del río Calchaquí, en las afueras de La Poma. El sitio no es evidente, y si bien hay algunos carteles, conviene no ir solo. Zacarías Ábalos. C: (0387) 15 611-4077 es guía baqueano. La bajada hasta el cauce del río es bastante pronunciada, y una vez allí, la posibilidad de doblarse un tobillo entre las piedras no es baja, por lo que estar acompañado es importante.Se trata de una formación que se gestó naturalmente por la explosión del volcán Los Gemelos. Al solidificarse la lava sobre el río Calchaquí, lo obstruyó, y con los años las aguas cavaron un paso y formaron un puente natural de unos 150 metros, lleno de estalactitas y estalagmitas en medio de una gran oscuridad. El óxido de hierro le da una tonalidad rojiza a las piedras que van del ocre al blanco y al negro, en una atractiva paleta mineral. El trayecto de unos 500 metros se divide en cuatro etapas, que van sumando dificultad a medida que el cañón se estrecha, se hace más oscuro y profundo. Los más valientes terminan casi en penumbras, del otro lado del puente, y con el agua por el cuello. La mayoría, en cambio, sale y entra por el mismo lugar, y se moja poco más que las rodillas.

Campo del Cielo

Gancedo, Chaco

Meteorito de Campo del Cielo, entre Chaco y Santiago del Estero. Foto: Gentileza Mauricio Bianchi
Meteorito de Campo del Cielo, entre Chaco y Santiago del Estero. Foto: Gentileza Mauricio Bianchi.

Se trata de un área de 1.350 km2 donde hace 4.000 años cayó una lluvia de meteoritos. Está justo en el límite con Santiago del Estero, y a 15 km de la localidad de Gancedo. Los qom piensan que son gotas de sudor del sol; los wichi afirman que son pedazos de la luna que arrancaron los jaguares a zarpazos. El científico norteamericano William Cassidy, que investigó la zona a finales de los 60 con apoyo de la NASA, fue quien descubrió el meteorito El Chaco, de unas 28 toneladas, que fue -hasta el año pasado cuando se descubrió el Gancedo de 30 toneladas- el segundo más grande del mundo después del Hoba que está en Namibia y pesa 60 toneladas. En 1990, el famoso cazameteoritos de Arizona, Robert A. Haag, viajó a la Argentina para comprarlo, participando del intento de robo en asociación con empresarios locales. La maniobra fue detenida por la policía y el meteorito fue devuelto a su sitio. Paradójicamente, este hecho dio notoriedad al Campo de Cielo: se sancionaron leyes que protegen a los meteriotos, se creó el Parque Piguem N'Onaxa en 2005 y desde ese mismo año se realiza en Gancedo la Fiesta Nacional del Meteorito. Hay en el lugar un centro de interpretación donde se exhiben algunos meteoritos y se proyecta un documental en 3D.

Campo de Piedra Pómez

El Peñón, Catamarca

Campo de Piedra Pómez, El Pe?ón, Catamarca
Campo de Piedra Pómez, El Pe?ón, Catamarca.

Es un lugar tan asombroso que ha empezado a oficiar de postal de la puna catamarqueña. En las afueras de El Peñón, muy cerca del volcán Carachi Pampa, la actividad volcánica gestó este campo de suelo arenoso donde dominan unas formaciones extrañas de roca color talco y ocre con puntas rosadas, como copos de merengue, que se recortan en diagonales contra el cielo azul. El área, a más de 3 mil metros de altura, tiene una extensión de 25 kilómetros y se la puede recorrer a pie, con la precaución de llevar gorro para el sol y agua. Un cartel sobre la RP 34 indica el acceso, entre el pequeño pueblo de El Peñón y Antofagasta de la Sierra. Es recomendable visitarlo con guía y 4x4, o asegurarse de contar con precisas coordenadas de GPS, porque es muy fácil perderse. Como las visitas se incrementaron en los últimos años, la provincia declaró la zona Área Natural Protegida en 2011. Se instalaron unos domos para guarparques, pero están casi siempre vacíos, y lamentablemente las huellas de las motos, cuatris y 4x4 que circulan fuera de la ruta han dejado varias marcas.

Quebrada del Yeso

Vinchina, La Rioja

Quebrada del Yeso, La Rioja. Foto: Mariana Roveda
Quebrada del Yeso, La Rioja. Foto: Mariana Roveda.

Altas y rojizas formaciones flanquean este pasaje de 12 km que atraviesa la Sierra de los Colorados por el lecho de un río seco. Fue escenario del rally Dakar, entre otras competencias internacionales, por sus formas imponentes, producto de la erosión del agua y el viento. Las laderas, estriadas de finas vetas de yeso, tienen una textura parecida a la del hojaldre, pero con una inclinación de 45º provocada por los movimientos tectónicos. Se accede desde El Condado, en las afueras de Villa Castelli, a 30 km de Vinchina, únicamente en 4x4 por un terreno accidentado y semidesértico, aunque también es posible ir en camioneta propia, siempre con un guía, como lo es Mariano Platero. T: (0380) 15 467-5400.

Ischilín

Córdoba

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Ischilín.
Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Ischilín..

Unos 120 km al norte de Córdoba, este pueblo histórico en el camino entre Deán Funes y Capilla del Monte, se conserva casi como hace 400 años. Especialmente su iglesia de 1730, la única en Sudamérica que los jesuitas construyeron sin participación de esclavos.Todo comenzó como una encomienda indígena que Luis Jerónimo de Cabrera le concedió a Miguel de Ardiles. Muy pronto, en la época colonial, Ischilín jugó un importante rol en el Camino Real como paso alternativo hacia el Alto Perú. El algarrobo de la plaza está en pie desde hace unos 400 años y fue testigo del momento en que Facundo Quiroga fue advertido que podía sufrir una emboscada, la cual tuvo lugar a 80 km de allí, el 16 de febrero de 1835, en Barranca Yaco. La iglesia de Nuestra Señora del Rosario fue construida en 1706 y consagrada en 1730. A 4 km del pueblo, en el paraje Loza Corral, se encuentra la casa en la que vivió el pintor Fernando Fader, cuya residencia se ha transformado en un atractivo museo. Su nieto, Carlos Fader, fue quien se ocupó de restaurar buena parte del pueblo y abrió al público la posada La Rosada, que hoy está en manos de Ignacio Castro.

Epecuén

Buenos Aires

Epecuén. El pueblo quedó bajo el agua con la inundación de 1985. Foto: Ignacio Arnedo
Epecuén. El pueblo quedó bajo el agua con la inundación de 1985. Foto: Ignacio Arnedo.

Fue en noviembre de 1985, fecha de la gran inundación, cuando el destino esta localidad cambió. Todos sus esplendores quedaron sepultados bajo las aguas espesas del lago Epecuén; las mismas aguas sanadoras -clorosulfatadas, alcalinas, sódicas, bicarbonatadas, bromuradas, azufradas- que por décadas convocaron multitudes y mereció el florecimiento de la villa termal. Se fueron todos de acá y a nadie se le ocurrió apostar a un renacimiento. Solo el balneario municipal, restablecida la calma, volvió a activarse. Tampoco se fueron los flamencos, que siguen dando cuenta de la Artemia salina, crustáceo casi invisible aquí disponible. La Pompeya argentina, en la que destaca la emblemática silueta del matadero de Salamone, es imán para fotógrafos, directores de cine, producciones de moda. Calles desiertas, suelos agrietados, árboles blancos que todavía jalonan, inertes, la antigua avenida Colón; postes de luz caídos, con sus antiguos aislantes de porcelana aferrados al óxido; arquitecturas quebradas que devuelven imágenes inverosímiles de escaleras y ventanas en suspenso; los toboganes sin público de las piletas, olorosas de materia orgánica; los carteles que indican lugares imaginarios, y los tamariscos cuyas ramas evidencian la dirección del viento en la madrugada fatídica que empujó el agua.

Bañado La Estrella

Las Lomitas, Formosa

Bañado La Estrella, Formosa
Bañado La Estrella, Formosa.

Es el tercer humedal más importante del continente americano, después del Pantanal de Brasil y los Esteros del Iberá. Tiene una superficie de 400 mil hectáreas y su origen se debe a los desbordes del río Pilcomayo de 1940, que se intensificaron a partir de 1966. El nuevo ecosistema significó la muerte del bosque nativo (formado por quebracho blanco y colorado, palo santo y algarrobo) y la aparición de otro tipo de flora. Los troncos que se mantienen en pie, hoy se ven cubiertos de enredaderas y las imágenes espectrales que tomaron inspiró a los lugareños llamando a esas figuras chámpalas o chámpales. Una fauna propia de los humedales completa este hábitat donde es posible observar gran cantidad de lobitos de río, yacarés, vizcachas, carpinchos y osos hormigueros. Las aves reinan, especialmente garzas, cigüeñas y jabirúes. Se accede por la RN 81 hasta Laguna Yema y de ahí por la RP 28, que llega hasta el Bañado mismo. El Jabirú organiza salidas con varios meses de anticipación en la mejor época, que es julio y agosto.

Laguna Diamante

Mendoza

Laguna Diamante, Mendoza. Autor: Flor Aletta
Laguna Diamante, Mendoza. Autor: Flor Aletta.

Su lecho es el cráter de un volcán extinto, rodeado de cerros altísimos. Entre ellos se destaca el volcán Maipo, que se refleja en la laguna como un diamante perfecto. Con 14 km² y una profundidad de 70 metros, se encuentra a 100 km de la localidad de Pareditas. Es uno de los principales reservorios de agua dulce de la provincia. El entorno de escorias volcánicas y aguas cristalinas fue descripto por Antoine de Saint-Exupéry después de que su amigo, el aviador francés Henri Guillaumet, realizara en 1927 un aterrizaje forzoso en la laguna. Estuvo perdido varios días en la cordillera, hasta que fue salvado por un puestero. El sinuoso trayecto que lleva a la laguna parte del refugio Alvarado, la base de guardaparques. Desde allí son 43 km que pueden hacerse con cuidado en auto común si el camino está habilitado. Entre mayo y septiembre, suele cerrarse por nevadas. La zona es árida y la vegetación, escasa. Suelen cruzarse manadas de guanacos. Hay que anotarse en el puesto de guardaparques al ingresar.

Cajón del Río Pico

Río Pico, Chubut.

Cajón del Río Pico, Las Pampas, Chubut. Foto: Ivana Salfity
Cajón del Río Pico, Las Pampas, Chubut. Foto: Ivana Salfity.

Por estos paredones de 30 metros de altura corre en zigzag el río Pico, que nace en la cordillera y desemboca en el Pacífico. Conocido también como el Cajón Grande, es un paraje increíble de esta cuenca hidrográfica que constituye un auténtico paraíso para los pescadores por su variedad de truchas marrones, arcoiris y fontinalis. Sus aguas cambian de azul profundo a color petróleo, en medio de un frondoso bosque rodeado de cerros, mitad argentinos y mitad chilenos. A este lugar se llega desde la comunidad rural Atilio Viglione (ex Aldea Las Pampas, aunque sus pobladores la siguen llamando así) con indicaciones precisas o con un guía de la zona, porque hay que atravesar varias propiedades privadas. Una parte del camino se puede hacer en auto y el resto a pie por un verde valle donde es común cruzarse con ovejas y caballos entre cañaverales y barbas de viejo que cuelgan de los ñires y lengas, siempre cuesta arriba y bordeando el río. La complicada logística se compensa con el premio de acceder a uno de los rincones más prístinos de la cordillera.

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