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En la Casa Rosada le prenden velas a Messi

Jueves 05 de octubre de 2017 • 00:45

Más allá de la pasión futbolera que pueda anidar en cada funcionario, el Gobierno sigue con desvelo el angustioso desenlace de las eliminatorias que sentenciarán si la Argentina se clasifica al Mundial de Rusia 2018. La inquietud oficial, sobre todo la del presidente Mauricio Macri , florece una vieja disputa entre lo que afirma la sociología del fútbol, que minimiza de manera empírica el impacto de un resultado deportivo en el curso político-económico de un país, y la fantasía del poder político, que sostiene lo contrario.

Justamente, para el año que viene, el Gobierno quiere acelerar una etapa de “reformismo permanente”, que prevé modificaciones estructurales que necesitarán tanto de aval político como social. Reforma laboral y tributaria, redistribución de subsidios en los servicios públicos y un reparto diferente de recursos entre las provincias son apenas algunas de las iniciativas que ya están en el radar de la Casa Rosada.

Ahora, ¿estas reformas podrían detenerse si es que el seleccionado nacional de fútbol se queda sin Mundial? Se supone que no.

Sin embargo, en el Gobierno entran en pánico cuando imaginan un 2018 sin el Mundial como el entretenimiento de una buena parte de la sociedad. En algunos despachos no sólo fantasean en que la eventual ausencia del selccionado en Rusia cambiaría el humor social, sino que creen que mediáticamente la atención se focalizaría sólo en la política doméstica en lugar de ocuparse de los goles de Messi.

Desde la sociología deportiva, encarnada en Pablo Alabarces, licenciado en letras de la UBA y experto en la temática con más de diez libros publicados, se rebate la inquietud gobernante por la suerte que pueda correr entre hoy y el martes próximo el equipo de Jorge Sampaoli. “Macri está convencido de que si no hay Mundial estamos en problemas. Pero la verdad es que no hay pruebas que nos permitan identificar que haya o no problemas si es que definitivamente no clasificamos. Es una ilusión no demostrada”, argumenta el sociólogo.

Alabarces agrega, con una pizca de ironía: “Es una falacia si el Gobierno le teme al desencanto de las masas en un contexto de reformas y ajustes sólo por un resultado deportivo. Pero es cierto que la fantasía polítca está: por eso el kirchnerismo, secretamente, hasta apoyaría a Perú porque cree que podría obtener algún rédito político”.

Su pasado como gestor deportivo en Boca Juniors, que resultó el trampolín ideal para desembarcar en la política, explica tal vez el gran interés que vuelca Macri en el fútbol. Desde que ocupa el sillón de mando de la Casa Rosada, talló directamente en la interna de la AFA para elegir al sucesor de Julio Humberto Grondona; ofició de mediador para resolver los tironeos por la televisación de los partidos del torneo local, y su última gran escenificación fue ayer, para avanzar un paso más en la probable organización del Mundial de 2030 junto con Uruguay y Paraguay. A veces da la sensación que el Presidente le dedica al fútbol más de lo que debería ocuparle.

Desde siempre, la clase gobernante parece estar convencida en el impacto que pueda tener el deporte en el curso de su gestión. La dictadura militar organizó el Mundial 78 en busca de un consenso que nunca logró y los gobiernos democráticos que le sucedieron acumularon fotos y hechos con el fútbol que en su momento podían redituar política o electoralmente. Desde el balcón de la Casa Rosada con Alfonsín y Maradona al programa Fútbol para Todos de Cristina Kirchner o a las gestiones de Macri, durante el verano pasado, para agasajar a Messi en la embajada argentina de España.

Con o sin la Argentina en competencia, el Mundial de Rusia no garantizará el éxito o el fracaso del “reformismo permanente” que impulsará el Gobierno. Serán otros los factores que probablemente incidan en las políticas públicas que se adopten. En cambio, la no clasificación sí sería un fuerte impacto para el comercio y los fabricantes de televisores, dos sectores que sufrieron los coletazos de la apertura de las importaciones. Y ni imaginar el alcance de la catástrofe para la industria del fútbol si es que Messi no asiste a Rusia 2018.

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