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De traductoras a empresarias globales: un caso de éxito en más de 20 idiomas

Se anticiparon a la tendencia en un sector que corre detrás de la automatización y el desarrollo de la inteligencia artificial; hoy más del 80% de sus ingresos provienen del exterior y gracias a alianzas corporativas trabajan en todo el mundo

Jueves 05 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
Paula Ferrari y Gabriela Roselló, fundadoras de Go Global
Paula Ferrari y Gabriela Roselló, fundadoras de Go Global. Foto: LA NACION / Soledad Aznarez

Paula Ferrari y Gabriela Roselló se conocieron hace 16 años, mientras cursaban la carrera de Traductor Público en la Universidad de Morón. Fue allí donde comenzaron a soñar su futuro. El próximo año, ese sueño llamado Go Global cumplirá una década como empresa formalmente constituida, que ya se ha posicionado entre los principales proveedores de servicios lingüísticos de América latina, según un informe de julio de la empresa de investigación de mercado independiente Common Sense Advisory (CSA Research).

El desafío aún es grande: pasar de una simple traducción al servicio de asesoramiento, consultoría y localización, que tiene que ver cada vez más con las necesidades del marketing en las empresas y la globalización.

En la Argentina, Go Global cuenta con 20 empleados y una red de 200 colaboradores. Para dar respuesta a sus principales clientes en el exterior, abrieron oficinas en Barcelona, España y en Oregon, Estados Unidos. El servicio se cotiza por palabra, con un valor aproximado de $ 1,60 y se calcula que cada traductor puede trabajar sobre 2500 palabras por día.

En 2016 la facturación ascendió al US$ 1 millón y proyectan un crecimiento del 10 por ciento para este año.

-¿Recuerdan quién fue el primer cliente?

Gabriela Roselló (G.R.): -Sí, fue un ex jefe del estudio de abogados donde trabajaba antes. Esta persona me conocía y sabía que estaba iniciando mi proyecto, por eso me recomendó y a partir de ahí surgieron muchos nuevos clientes.

-Contratar personal es síntoma de que el negocio funciona, pero a la vez aumentan los riesgos. ¿Cómo manejaron esa etapa?

Paula Ferrari (P.F.): -Entendimos que nuestro potencial y valor agregado era la gestión y coordinación de equipos más grandes y, con la llegada de un cliente muy importante de Estados Unidos, en 2009, pudimos dar ese salto. Nos obligó a organizarnos, a armar una red de traductores, y representó un quiebre a nivel profesional.

-¿Cómo se desarrolló el negocio?

G.R.: -La base es la traducción de documentos porque somos traductoras, pero fueron surgiendo nuevos servicios, como la capacitación en empresas. Hoy en día definimos a Go Global como una empresa que brinda soluciones en idiomas y tecnología relacionada para que las organizaciones puedan comunicarse con distintas culturas. Nuestro mayor potencial es combinar procesos, personas y trabajo profesional con una fuerte base tecnológica. Además, somos representantes en América latina de MemoQ, que es una herramienta de traducción asistida y una plataforma colaborativa de proyectos. Se comparten todos los activos lingüísticos como glosarios, referencias, bases de datos y estilos.

-¿Cómo se dio la diversidad de idiomas?

P.F.: -Comenzaron a pedirnos traducción al francés, entonces teníamos dos opciones: o se la ofrecíamos o corríamos el riesgo de perder al cliente. Entonces pensamos, ¿por qué no? A partir de ahí el espíritu fue responder a la demanda del cliente y poner todos los recursos a disposición para no perderlo. Por eso recurrimos a una tercerización hasta que fuimos armando nuestra propia estructura física y de recursos humanos. En 2013 firmamos un contrato con una empresa brasileña y nos vimos obligadas a tener buenas relaciones con traductores allá. Descubrimos que es fundamental hacer buenos lazos a partir de comprender la idiosincrasia de cada lugar.

-¿Y cómo llegaron a cubrir 23 idiomas?

G.R.: -Obviamente no manejamos personalmente todos los idiomas. Nos fuimos formando en algunos pero la expansión se dio a partir de alianzas.

P.F.: -Surgió a partir de la demanda de los propios clientes. Los que hacemos en nuestras oficinas son cinco: inglés, francés, alemán, italiano y portugués; y firmamos un joint venture con Global Communications Business Group (GCBG), establecida en el Reino Unido. Primero nos contrataron como proveedores y luego nos invitaron a ser parte porque les faltaba cubrir Estados Unidos y América latina.

-¿Cómo funciona el servicio en la Argentina?

P.F.: -El mercado se está abriendo pero es inmaduro aún, hay bastante desconocimiento y vemos compañías con procesos ineficientes porque hacen las traducciones internamente. Esto a veces conlleva una pérdida de tiempo porque al no apoyarse en un proveedor profesional, salen mal. Lo bueno es que si la Argentina se sigue abriendo al mundo hay mucho trabajo por desarrollar. Hoy más del 80 por ciento de nuestras ventas son exportaciones.

-¿Cómo impacta la variación del precio del dólar y la coyuntura económica?

-G.R.: -Pasar de un dólar a $ 8 a uno a $ 16 es un cambio superimportante y nos afectó mucho, lo mismo que la inflación, porque la estructura de costos se mide en moneda local y tres cuartas partes son destinados a salarios. Por más que venimos creciendo en ventas, en dólares, en el último tiempo perdimos en rentabilidad. Es un negocio donde el precio se fija de manera global y no hay mucho por pelear; al contrario, como hay más trabajo el cliente tiende a bajar la oferta.

P.F.: -La tendencia de la industria a nivel global es de crecimiento, que es positivo pero, sobre todo en un mercado como el argentino, hay que hacer mucho más esfuerzo para mejorar la productividad respecto del año anterior.

-¿Cuál es el sector que más demanda traducciones?

P.F.: -El farmacéutico es un gran comprador de nuestros servicios por su característica multinacional y también el desarrollo en investigación que se lleva a cabo en muchos países a la vez. En realidad es una necesidad para cualquier empresa multinacional o que desee posicionar su producto o servicio en otro país.

-¿Cuál es el servicio más solicitado?

G.R.: -Contra todos los pronósticos y los desarrollos tecnológicos sigue siendo la traducción de textos. Se calcula que de todas las traducciones que se hacen en el mundo solo el 4 por ciento se realiza de manera profesional. Es tanto el contenido que viaja por todo el mundo, de un país a otro, que no da abasto la capacidad de los traductores.

P.F.: -El mercado cambia constantemente y, sobre todo en 2016, hubo muchos avances. Se logró un salto de calidad importante con la traducción automática neuronal y cada vez hay más proyectos de postedición automática. También se van sumando nuevas áreas como el subtitulado y trabajos de diseño gráfico -como un brochure- que conllevan un trabajo de localización e interpretación.

-¿La coyuntura favoreció el éxito?

G.R.: -¡No, es todo mérito propio! -risas-. Lo cierto es que las oportunidades te tienen que encontrar trabajando

P.F.: -Si pienso en las primeras traducciones, una partida de nacimiento de una persona que se iba a estudiar afuera, no tiene nada que ver con el enfoque actual y, sin embargo, la carrera de Traductor se sigue dictando en la Facultad de Derecho. Paralelamente a eso, la globalización es lo que permite que empresas pequeñas puedan salir al exterior y creo que ésa fue nuestra visión.

-¿Se forman profesionales en este sentido?

P.F.: -Hay universidades que están más abiertas al intercambio con las empresas y otras que nos ven como el enemigo. Tenemos un programa de pasantías con la Universidad de El Salvador, donde dos pasantes van rotando por 6 meses y esa apertura es muy productiva. Nuestro objetivo es vincularnos con todas las partes interesadas para poder, entre todos, levantar la vara. Somos pymes que traemos trabajo que de manera individual no se consigue, por eso nos relacionamos, incluso, con competidores.

-¿Y cuál es la tendencia?

G.R.: -Por un lado, los clientes son cada vez más conocedores y eso los vuelve más exigentes; por otro lado, va a ganar terreno la traducción automática, que se va perfeccionando a diario, y nuestro rol tendrá más que ver con la postedición y corrección.

P.F.: -Y lo que va a aumentar es la traducción creativa, que tiene relación con el marketing, a partir del vínculo con las características propias de cada país. Es clave tener en cuenta que necesitás cerca de 20 idiomas para abarcar el 90 por ciento de la población mundial, pero hay 12 idiomas que te generan el 80 por ciento de las oportunidades de negocios.

-¿Cómo creen que impactará la aplicación de la inteligencia artificial?

P.F.: -El impacto de la tecnología es muy fuerte y para trabajar en la exportación de servicios tuvimos que aggiornarnos por completo. De hecho, contamos con un ingeniero en sistemas, que trabaja en la localización de software para traducción. La traducción asistida por computación va generando bases de datos con las traducciones pasadas; cada texto nuevo se procesa para reutilizar o reciclar contenido. También existe la traducción automática. Hay versiones más sofisticadas que la que ofrece Google, por ejemplo, entonces lo que aportamos es una postedición por parte de una persona. Detrás de esto hay una gran ingeniería para optimizar el servicio.

G.R.: -Recibimos formatos raros, desde el prospecto de un medicamento hasta un videojuegos que se hizo, por ejemplo, en Japón; ahí también nos ayuda el ingeniero en localización porque, más allá de lograr extraer el texto en el formato que llegó, luego se intenta siempre devolverlo de la misma manera, o en un formato editable, de manera de respetar lo que el cliente utiliza.

-¿Los emprendedores prevén en sus costos la traducción?

G.R.: -Hay de todo. En el plan de globalización de una empresa seguro está previsto el costo de traducción tanto de la web como de los productos, catálogos, folletería, etc. Pero el emprendedor más pequeño va trabajando sobre la marcha.

P.F.: -Hemos tenido casos en los que se subestimó el servicio de traductorado. Puntualmente nos pasó que una empresa que ya había pasado todos los procesos para insertarse en Corea entregó el producto con traducciones automáticas y no se lo aceptaron. Perdió la oportunidad. Por eso el desafío para las compañías es llegar personalizadamente a sus mercados objetivos.

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