El Distrito de las Artes sumó otra joven galería en La Boca

Llegada desde Martínez, Quadro inauguró con una muestra dedicada a los siete artistas que representa. Entre ellos se contó Julieta Barderi, que ahora tiene su propia exposición

Daniel Gigena
LA NACION
Jueves 05 de octubre de 201719:10

La galería Quadro se mudó de Martínez a La Boca. Ese movimiento estratégico, concretado en julio de este año, situó el espacio que coordina Federico Gonz en el corazón del concurrido Distrito de las Artes, a pocas cuadras de la Usina del Arte y de las galerías Barro y Walden, entre otras. La mudanza favoreció la difusión de los artistas de la galería, que ahondan en diversas disciplinas.

Galeristas, gestores culturales, coleccionistas, estudiantes y público interesado en el arte argentino contemporáneo asistieron a la inauguración de la sede y de una muestra colectiva con obras de los siete artistas que la galería representa. Para La soledad más poblada del mundo se eligieron trabajos de Julieta Barderi, Leonardo Cavalcante, Dolores Casares, Lucía Delfino, Manuel Aja Espil, Alejandro Montaldo y Nicolás Ponton en una muestra colectiva al cuidado de Mariana Rodríguez Iglesias.

"Luego de dos años trabajando en zona norte, con un staff establecido y el proyecto de la galería orientado al arte contemporáneo, decidí que era el momento para instalarnos en el circuito de Buenos Aires -cuenta Gonz-. Fue así como arrancó la búsqueda de la nueva sede. Estaba muy decidido en la elección del barrio, porque el proyecto y la forma de trabajo de la galería con sus artistas tienen que ver con lo que La Boca nos podía brindar: espacio expositivo para muestras, intervenciones, site específic y un circuito muy interesante."

Integrante de Meridiano (cámara que nuclea las galerías de arte contemporáneo), Quadro cuenta ahora con más de cien metros cuadrados de exposición y una trastienda abierta a los visitantes. En la esquina de Agustín Caffarena 199, una vidriera similar a una enorme pantalla deja ver las obras de los artistas. Vecinos de La Boca y paseantes se detienen y echan una mirada al interior de la nueva sede de la galería, que nació en 2015 y ya participó de arteBA y de otras ferias internacionales. Está abierta jueves y viernes de 14 a 19; los sábados recibe de 12 a 18.

Códigos para un hechizo

Allí, Julieta Barderi (Buenos Aires, 1982) inauguró su cuarta muestra solista hace pocas semanas. Esta vez, el curador elegido fue Sebastián Vidal Mackinson, que ya había seleccionado pequeñas obras de masilla sobre madera y objetos de la artista para exponer en la Casona Fernandini, en la ciudad de Lima, en simultáneo con artLima durante abril de este año. ¡Beafait, Beaufatt, Beaufet! asocia seis trabajos de Barderi, artista premiada varias veces desde 2013.

"El nombre de la muestra presenta tres maneras erróneas de designar un mueble", revela Barderi. Como partículas de una morfología rota y de nuevo recompuesta, los dibujos, las instalaciones y esculturas blandas se acoplan en un código avieso y a la vez risueño. Ninguna obra acepta una lectura lineal y en la muestra cada pieza es, además, un eslabón de las otras.

Para Vidal Mackinson, la artista "se interesa en la relación impertinente de la correspondencia entre la nominación y su objeto. Busca, diagrama, se extraña, se divierte en esos vínculos imposibles y siempre en movimiento".

Desde el título de la muestra, que evoca la pronunciación de un conjuro políglota, hasta la utilización de ángulos y puntos de vista inesperados para la apreciación de obras, Barderi ensaya un "contagio" entre materiales, procedimientos y contenidos. La pana azulada de un almohadón donde descansa una placa de masilla migra para convertirse en soporte de detalles ampliados de dibujos. Y éstos, a su vez, se apoyan en cuadros compuestos de terminologías curiosas que parecen copiar la forma de los balaústres de piedra que diseñan una instalación.

Es una muestra donde se interrogan las formas de mirar. Una pieza compuesta por nueve placas de madera asume la dimensión colosal de la mano de un gigante a la que adorna un amuleto fosforescente. A su lado, a elevada altura, se agita el retrato de un personaje que parece salido de una sátira de Francisco de Quevedo. Una serie de dibujos en acrílico, expuesta en forma de cruz, narra el tour de un elenco desmembrado. "Me interesa desplegar la historia del propio material o de la propia obra", sugiere la artista.

En 2006, Barderi egresó de la Escuela de Artes Visuales Regina Pacis. Asistió al taller de Alejandra Seeber y al de Eduardo Stupía en la Universidad Torcuato Di Tella; realizó clínica de obra con Tulio De Sagastizábal y en 2014 participó de la Beca FNA-CONTI, donde hizo clínica de obra con Eduardo Basualdo, Stupía y Verónica Gómez. También realizó el taller "El texto de la obra" con Silvia Gurfein.

Actualmente, participa del Programa de Artistas de la UTDT. "Es enriquecedor estar en contacto con otros artistas y reflexionar sobre la propia poética", dice al respecto. El sábado próximo y el 14 a las 17, Barderi y Gonz esperan al público para guiarlo en un recorrido por una exposición que invoca la frágil magia del arte.

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