Ricardo Gareca, de Tapiales a Miraflores: hay un Tigre al acecho

Cultor del perfil bajo y del trabajo en silencio, el DT argentino logró el respaldo de todos en Perú y sólo piensa en llevar a su equipo a Rusia

Diego Morini
LA NACION
Jueves 05 de octubre de 2017

Si hay algo que lo incomoda es estar en el centro de la escena. No por escaparle al compromiso, todo lo contrario, sino porque las luces nunca lo atrajeron. Prefiere caminar por Miraflores, en Lima, e ir a comprar al supermercado Wong o tomarse un avión con destino a Córdoba para visitar a sus nietos, Felicitas y Benjamín. Ricardo Gareca es actor principal, pero involuntario, de una historia que sin duda él hubiera tratado de evitar que se escribiese. Tener que ser nuevamente juez de una definición entre la Argentina y Perú no es algo que le cause mucha gracia. Pero ahí está. Asume la empresa sin inmutarse. Así como no le tembló el pulso en la definición de aquel gol que le dio al equipo de Carlos Bilardo la clasificación a la Copa del Mundo de México 86, tampoco ahora le zumba el oído por el murmullo que crece nervioso porque va a buscar como entrenador de Perú un triunfo que puede empujar al abismo a Messi y compañía.

Se mantiene en silencio el Tigre, como lo bautizó a Gareca el relator uruguayo Walter Nelson. No quiere pronunciarse por el choque en la Bombonera. Le escapa a las cámaras, prefiere hablar con Robertino, su hijo menor, sobre su trabajo como profesor de educación física, o con Milton, el mayor, para conocer cómo es que le va en su experiencia como entrenador de la séptima división de Vélez. Trata de aislarse, oficia de escudo protector de los medios de comunicación su jefa de prensa Romina Antoniazzi.

Está conectado a tiempo completo con el desafío más trascendente de su carrera como técnico. Pero a su manera. Si bien los títulos con Universitario y con Vélez, así como el mal trago con Palmeiras –apenas dirigió 13 partidos– le curtieron el lomo, lo que vivirá en este compromiso de las eliminatorias ante la Argentina lo expondrá como nunca. No muestra tensión, pero por dentro le hierve la sangre. Se apoya en su ladero, Nolberto Solano, un hombre que conoce bien de qué se trata eso de jugar en la Bombonera porque allí, en la casa de Boca, se dio el gusto de compartir equipo con Diego Maradona.

No fue sencillo el camino en Perú. Si bien ahora todos lo respaldan y hasta ya se habla de extender el vínculo con Gareca sin importar el resultado de este camino hacia Rusia 2018, hubo un golpe de duda tras un comienzo errante en las eliminatorias (con cuatro derrotas, un empate y una victoria). Se alzó la voz de Juan Carlos Oblitas, director deportivo de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), para sostener el proceso del técnico argentino. Incluso, cuando el Tigre pateó el tablero en la Copa América Centenario, en los Estados Unidos, dejando afuera de la nómina a los históricos Pizarro, Vargas y Zambrano, recibió el guiño de las máximas autoridades de la FPF y allí consolidó todavía más su ciclo. Sus paseos por el Malecon Armendariz le permitieron advertir que la gente tenía una mirada positiva sobre el recambio que impuso con apellidos como los de Christian Cuevas, Edison Flores y Miguel Trauco. Un café por las calles de Miraflores con Gladys, su compañera desde los 17 años, resultó suficiente medir el pulso de su gestión.

Si bien en estos días le recordaron su gol ante Perú en el 85 y su decepción por haber quedado afuera de la lista de la Argentina para México 86, Gareca asegura que no tiene rencor con Carlos Bilardo. Incluso, reconoce que tiene una buena relación con el entrenador campeón del mundo. Se aleja de la controversia y prefiera mantenerse distante de las comparaciones entre aquella cita en el Monumental y ésta que se vivirá hoy en la Bombonera. No quiere darle espacio a la distracción.

Confía plenamente en lo que puede dar su equipo, les pidió a los dirigentes, con Oblitas a la cabeza, que absorban todo tipo de dificultades y que no les trasladen preocupaciones a los futbolistas. “Es positivo al máximo”, confesó el director deportivo. Mantiene sus rituales inalterables, cuida de los detalles, pero no se extralimita en sus obsesiones. Mantiene la esencia del barrio, recuerda sin titubeos que a Gladys, su mujer, la conoció en el club Juvencia, ahí cerca de su casa en Tapiales. Sigue convencido de que los procesos largos no suelen ser los mejores y que saber cambiar a tiempo es la clave del éxito en un proceso. Y ahí es donde se duda sobre si aceptará seguir en Perú después de Rusia 2018.

Ricardo Gareca está nuevamente ante un escenario trascendente para su carrera, con la Argentina y Perú como protagonistas. Caprichos del destino, le dicen algunos. Los recuerdos lo conmueven, la adrenalina crece, pero él mantiene el temple. Hay un Tigre agazapado y que está listo para dar el zarpazo.

El respaldo de la gente al equipo de Gareca

La selección de Perú se despidió de la gente en Lima de una manera muy particular. Los aficionados acompañaron todo el recorrido del equipo desde la Videna, el predio en el que se entrena el equipo, hasta el Aeropuerto Jorge Chávez. Más de 1000 personas se reunieron para saludar a los jugadores.

Confianza de los peruanos en las apuestas

El favoritismo de Argentina no frenó a los peruanos a jugar masivamente por su selección, al grado que de cada 10 apuestas registradas en ApuestaTotal.com, nueve de ellas confían en el triunfo del equipo de Ricardo Gareca. “El peruano es un jugador que siempre apuesta con el corazón”, reveló Antonio Salord, gerente de producto de Apuesta Total.

En esta nota:
Ver comentarios
Ir a la nota original