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Candelaria: el pueblo al que el agua llega gracias a la solidaridad

Sus pobladores construyen cisternas para no tener que caminar horas en su búsqueda; el Estado y ONG impulsan la iniciativa

Jueves 05 de octubre de 2017
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CANDELARIA, Santiago del Estero.- Agua, solidaridad y trabajo son sinónimos en este pueblo, 300 kilómetros al norte de la capital provincial, en pleno Chaco Americano, en el límite con Salta. Las cisternas de 10.000 litros, que empezaron a construirse hace unos dos años, son la única manera de no tener que caminar horas para acarrear agua para consumir desde el río.

El programa Sed Cero estima que unas 100.000 familias no acceden al agua en el país
El programa Sed Cero estima que unas 100.000 familias no acceden al agua en el país. Foto: LA NACION / Diego Lima

En esta localidad viven unas 500 personas, dispersas en un paisaje polvoriento atravesado por el Salado, un río que crece entre enero y abril, pero cuya agua no logra acumularse porque faltan obras.

El programa Sed Cero -una plataforma colaborativa entre organismos estatales, ONG y empresas privadas- capacitó y financió a los pobladores para construir cisternas de ferrocemento para recolectar agua de lluvia.

La familia de María Magdalena Luna y Matías Villalba estuvo entre las primeras que tuvieron una cisterna. Antes de ese tanque, cuando él llegaba de trabajar a la noche hacía varios viajes al río en su moto para traer, en cada uno de ellos, dos bidones de 20 litros de agua. "Apenas alcanzaba", dice. "La de la cisterna la usamos sólo para beber, le agrego unas gotas de lavandina, como nos enseñaron -cuenta Luna-. Ganamos tiempo y también tranquilidad, porque ahora sé qué agua toman los chicos".

Sed Cero estima que en el país hay unas 100.000 familias sin acceso al agua. En su mayoría forman parte de una población rural ubicada en el Chaco Americano, región que se extiende desde el norte cordobés y comprende Bolivia y Paraguay. El programa entiende el acceso al agua como una oportunidad para generar un cambio sustancial en las comunidades. "Es una puerta de entrada, un habilitante para trabajar en otras áreas", dice el coordinador del proyecto en Candelaria, Nicolás Avellaneda.

Fátima González está por unos días en la casa de sus padres, que tiene cisterna. Ella, su pareja y sus tres hijos viven en el paraje Brea Pozo, a unos 15 kilómetros de aquí. "No hay nada de nada; sólo cinco casas. Para comprar hay que hacer tres kilómetros, y ocho para ir a la escuela -relata-. Vamos a hacer un tanque, así estamos mejor".

La pelea por el agua en esta parte del monte santiagueño lleva años. Lucrecia Gil Villanueva, que integra Sed Cero por la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación, llegó al lugar en 1999, cuando se excavaron pozos surgentes. "Lo primero a resolver era el acceso; la calidad quedaba pendiente", recuerda. La Fundación Avina, que integra Sed Cero, financió las perforaciones piloto, que llegan hasta los 120 metros, para evitar el arsénico de las capas superiores.

En el marco de Sed Cero -del que participan el Inta, el Ministerio de Agua de Santiago del Estero, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la Tecnológica, asociaciones campesinas, la comisión municipal de Boquerón, Avina y tiene el financiamiento de la empresa Danone- se construyó un centenar de cisternas, la mayoría en Candelaria, aunque también hay en Taco Ruyoj, Tacio, Consuelo y Villa Matoque.

Las cisternas, además del reservorio, incluyen una bomba manual y chapas acanaladas para ampliar la captación de agua.

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