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Un día con Infantino en Buenos Aires: qué le gustó y qué lo sorprendió

LA NACION compartió la jornada con el presidente de la FIFA, que quiere volver, quedarse más tiempo y conocer la Bombonera

Jueves 05 de octubre de 2017
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LA NACION
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El presidente de la FIFA, Gianni Infantino (izq.), junto al presidente de la AFA, Claudio Tapia,
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino (izq.), junto al presidente de la AFA, Claudio Tapia,. Foto: AP

Cuando Gianni Infantino aterrizó en Ezeiza el sol aún no había salido, pero enseguida tendría una primera impresión del fútbol argentino. Gentileza del helicóptero que lo depositó en cuestión de minutos en el centro de la ciudad y a pocas cuadras de su hotel, en el que estuvo apenas tres de las diez horas que pasó en Buenos Aires. ¿Qué fue lo primero que vio del fútbol argentino?

"Las canchas de San Lorenzo y de Huracán. La de Huracán me impresionó, muy bonita", admitió el presidente de la FIFA durante un diálogo con LA NACION en su suite del hotel Park Hyatt. La de Boca, sede hoy de un partido de obligaciones y angustias para la selección, no entró en su radio visual, y a la de River la vio muy de lejos. "Es mi primera vez en la Argentina, y la verdad que tengo que venir otra vez con más tiempo, quedarme un par de días".

Aunque dar la vuelta al mundo es lo suyo, Infantino rara vez vuela 13 horas para visitar un país y regresar ese mismo día a Europa. Si lo hizo en un miércoles trepidante fue sobre todo por la persuasión de Alejandro Domínguez , el cada vez más influyente presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol). La visita del jefe del fútbol mundial fue tomada en Perú como una conspiración, con buena parte de la prensa amarillista -abundante allí- dando por hecho que Infantino había venido a cerrar con Domínguez y Claudio Tapia la clasificación por decreto de la Argentina al Mundial. "Los tres en el palco de la Bombonera", denunció un tabloide. Lo cierto es que sólo se verá hoy a Tapia. Infantino ya está en el otoño europeo y Domínguez, en Asunción.

El presidente de la FIFA luce delgado y en forma a sus 47 años. Fue comprensible entonces que al rato de bajarse del helicóptero y pisar el hotel porteño le dedicara 45 minutos al gimnasio. Lo esperaba más tarde un desayuno y, sobre todo, una AFA expectante. Allí se reunió con Tapia, Daniel Angelici, Rodolfo D'Onofrio, Hugo Moyano, Víctor Blanco, Alejandro Nadur, Wilmar Valdez (presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol) y Sol Muñoz, la ecuatoriana que integra el consejo de la FIFA. También estaban Domínguez y Mariano Elizondo, el jefe de la Superliga. No hubo ningún representante de San Lorenzo, el único grande que quedó fuera de la reunión.

Con los presidentes

A Infantino lo sorprendieron dos cosas: los 28 equipos que interan la Primera División y el hecho de que la Superliga, de apenas un par de meses de vida, haya podido estructurar ya un fixture previsible. A bordo de un potente y reluciente Mercedes-Benz, Infantino llegó a la Casa Rosada para generar el revuelo que sólo un presidente de la FIFA provoca. Lo esperaban tres jefes de Estado que fueron presidentes de clubes de fútbol. Mauricio Macri, el anfitrión, el paraguayo Horacio Cartés y el uruguayo Tabaré Vázquez. Las sonrisas y buenos modos de ayer podrían confundir: tan molestos estaban los uruguayos con la aparición de Paraguay a último momento como la tercera pata de la candidatura al Mundial 2030, que si el encuentro se hacía tres días antes, Infantino sólo se hubiera encontrado con dos presidentes.

Vázquez, veterano político, apeló ayer a la diplomacia: "Yo siempre estuve de acuerdo como país y presidente; lo único que le pedía a Paraguay era formalizar su expresión de deseo".

Un almuerzo para 22 personas (todos hombres) en el Salón de los Científicos de la Casa Rosada fue el highlight del día. Macri recibió a los visitantes junto al canciller Jorge Faurie; el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo; el secretario general de la presidencia, Fernando De Andreis; el secretario de Deportes, Carlos Mac Allister, y Fernando Marín, electrón libre integrado a la secretaría de Deportes y que ahora asume una nueva responsabilidad: jefe, por la parte argentina, de la candidatura para el Mundial 2030. "Gano la sede dentro de unos años y me retiro", dijo risueño. "Para el 2030 voy a tener 90 años".

Infantino estuvo acompañado por Mattias Grafstrom, su consejero especial y mano derecha en relaciones internacionales y entre el resto de los invitados sobresalió el ex tenista Víctor Pecci, secretario de Deportes de Paraguay.

Palta con camarones y hongos, lomo macerado en malbec y puré, minipanqueques de dulce de leche y vino tinto. No hubo precisamente quejas por el almuerzo en la Casa Rosada, en el que Infantino se lució explicando a los presidentes y el resto de los asistentes cómo funciona el VAR, el sistema de videoasistencia que la FIFA viene probando y quiere utilizar en el Mundial.

El tiempo se acababa. Regreso al hotel, al helicóptero y a Ezeiza. Infantino lamenta haber pasado como una exhalación por la Argentina. Quiere volver y conocer la Bombonera, pero sabe bien que hoy no era el día indicado para hacerlo.

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