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Sobre las segundas oportunidades: el amor después del amor

Su alegría contagiosa lo enamoró, y más allá de sus relaciones y los hijos de ambos, el acercamiento se hizo posible, aunque el recorrido no sería tan fácil

Viernes 06 de octubre de 2017 • 00:16
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Se conocieron en el trabajo. Ella se reía a carcajadas y contagiaba su alegría, era incondicional con quien necesitara de su ayuda, mostraba ser una persona leal y poseía una sabiduría que trascendía todo lo que hasta el momento Pablo había conocido. "Desde el momento en que la vi -hace ya casi 28 años- supe que me había enamorado de ella. Yo estaba casado en ese momento y ella formó pareja un tiempo después. Esos fueron básicamente los motivos por los que tardamos diez años en encontrarnos el uno al otro pero no sin antes habernos hecho saber, de alguna forma y por pequeños instantes, que algún día íbamos a estar juntos", dice Pablo pensativo.

Pasaron los años y de forma natural, los encuentros y las salidas se hicieron cada vez más frecuentes. "Fue como si el mundo se detuviera; cuando estaba con ella sentía algo muy fuerte y a la vez hermoso. Jamás había experimentado algo así antes", confiesa él que ya se había convertido en padre de dos hijos, mientras que Laura tenía uno propio. Consolidaron la pareja, tuvieron dos hijas fruto de esa unión y formaron una familia ensamblada. "Pusimos mucho pero mucho esfuerzo en nuestra familia, criamos juntos a nuestros cinco hijos con el mayor amor que los padres pueden sentir por sus hijos. Pasamos dificultades de todo tipo y nos sobrepusimos a todas. Fuimos unos leones", dice Pablo orgulloso.

Pero, poco a poco, la rutina, las obligaciones y responsabilidades propias de la crianza hicieron estragos en la pareja. Pablo y Laura se olvidaron el uno del otro, comenzaron a distanciarse y el amor que se tenían se fue perdiendo lentamente. "Nos amábamos con locura pero nos estábamos alejando. Era muy contradictorio y doloroso para los dos". Tuvieron varias pequeñas separaciones, pero se amaban y decidían volver a estar juntos para seguir intentándolo. Hasta que un buen día el enojo, el dolor y la impotencia de no poder dar forma a eso que sentían el uno por el otro rompió lo que con tanto esfuerzo habían construido. Tenían un dolor tan inmenso que se sentían vacíos, sin esperanzas y acabaron por distanciarse definitivamente. "Tenía un dolor que me generaba un vacío en el alma y sabía que nadie lo iba a poder llenar. A veces me encontraba tirado llorando en el suelo intentando comprender qué era lo que estaba pasando, me preguntaba una y otra vez porqué no estábamos juntos. Pero las respuestas no aparecían y la angustia era cada vez más grande. Los chicos también la estaban pasando mal. Eran espectadores de algo que ni siquiera nosotros, los protagonistas, podíamos explicar. Aceptaron la ruptura y se acomodaron como pudieron", cuenta Pablo.

Guiados por los dictados del corazón, Laura y Pablo a veces se buscaban. Pero lo hacían de la forma incorrecta y en el momento equivocado. Aunque evitaban verse, cuando mantenían el contacto, lo hacían a través de mensajes cargados de ironías que dejaban ver el interés que todavía tenían por el otro. "Yo la extrañaba siempre, todos los minutos de todas las horas del día. Racionalmente decia tener millones de motivos para no verla nunca más, pero la realidad era que la extrañaba y no toleraba la idea de vivir mi vida sin ella", dice él.

Caer solo, levantarse acompañado

La rabia y la desesperación los hizo dar un paso más hacia el abismo. Decidieron divorciarse y firmar la sentencia de su alejamiento definitivo. "El día que nos vimos en la audiencia, tuve el impulso de decirle que la amaba y que no quería divorciarme de ella. Pero no pude. Pensé racionalmente y no me permití expresar mis sentimientos. Sentía que probablemente ya fuera demasiado tarde. Después de firmar caminé y perdí la noción del tiempo, con cada paso me desmoronaba. No podía creer lo que había pasado: fue el día más triste de mi vida, me había divorciado de la mujer que amaba y que iba a amar siempre...".

Contra todos los pronósticos y en dirección opuesta a lo que habían firmado, Pablo decidió darle lugar a lo que sentía en su interior. Se encontraron, se miraron a los ojos y el mundo se detuvo nuevamente. "Seguíamos funcionando, nos seguíamos amando. Fue maravilloso, como volver a respirar", aclara Pablo. Se juraron amor eterno y se prometieron volver a ser compañeros. "Tenemos mucho miedo y no queremos volver a lastimarnos, mucho menos lastimar a nuestros hijos. Todos sufrimos mucho. Lo vamos a intentar, va a ser mi último gran desafío. Si algo me haría feliz sería volver a casarme con Laura, lo voy a intentar y espero que esté leyendo estas líneas que salen desde lo más profundo de mi corazón: Laura te amo, gracias por estar en mi vida".

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