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Vivimos peleando por muchas tonterías

Jueves 05 de octubre de 2017 • 23:12
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Las parejas saludables discuten y esa es la manera que tienen de liberar la tensión y de generar nuevos cambios. La pareja es una construcción dinámica, “el tercero” que los dos armamos. Pensar que, porque discutimos mucho en la pareja, no nos amamos es incorrecto. El punto no es por qué discutimos (el contenido), sino cómo discutimos (la forma).

Las discusiones muchas veces esconden una “lucha de poder”, una pulseada psicológica. No se discute por el dentífrico ni por el buzo del nene, sino por quién define la escena, quién ostenta el poder. Vivimos en una cultura machista y patriarcal donde el varón siempre ha sido el que ostentaba el poder. Sin embargo, de esta manera, no existe la construcción de pareja porque ésta es algo simétrico, un espacio que ambos construyen y donde el poder es compartido.

Errores al resolver el conflicto

Un conflicto de pareja no debe resolverse por las redes sociales, ni por WhatsApp, ni por mail. La razón es que necesitamos lo gestual, lo no verbal, la mirada del otro. Por eso, resolverlo por alguno de estos medios, o estando muy enojados, o por la noche, o tratando varios temas a la vez no son maneras inteligentes. Una discusión nunca debería tener lugar “en caliente”. Pero hacer silencio frente a un conflicto tampoco lo resuelve, lo único que logra es potenciarlo.

¿Quién tiene la razón en la discusión?

En la pareja no existe la verdad, existen versiones. Cada uno construye “su verdad” de manera subjetiva. Se trata de un juego de intersubjetividad, donde cada uno ve la realidad desde su lugar. Pensar que el otro está equivocado y que yo tengo la razón es una lectura pobre del conflicto. Desde su propia perspectiva, cada uno tiene la razón. Pero en el cerebro de pareja, en “el nosotros”, siempre se busca una solución que les resulte útil a ambas partes. Cuando en una pareja uno gana el cien por ciento, perdieron los dos.

Algunas sugerencias para discutir sanamente

a. Preguntar más y afirmar menos. La pregunta abre el diálogo, la afirmación lo cierra.

b. Cambiar la queja por el anhelo. Decir: “No me gusta cuando hacés esto”, no posee la fuerza positiva de: “Me gusta cuando hacés esto”. Pedir en términos positivos las conductas que esperamos del otro.

c. Cambiar el vos por el yo: “A mí me molesta” o “yo siento esto”, en lugar de “vos no servís” o “vos me hiciste esto y aquello”. Jamás debe haber descalificación, humillación y ningún tipo de maltrato verbal como una pauta establecida, dado que eso no busca una solución sino la manera de cargar equivocadamente los errores.

Toda pareja que no sabe discutir sanamente tiene una elevada posibilidad, una alta tasa de índice de terminar en una separación. Cuando estamos muy enojados, lo ideal siempre es poner pausa y esperar al otro día para lograr tener una conversación con tranquilidad y racionalidad, buscando siempre la mejor alternativa para los dos.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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