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"Lo más lindo de ser astronauta es ver la Tierra desde el espacio"

Jon McBride integró una de las misiones del transbordador espacial Challenger en 1984. Tuvo que atravesar una selección de 80 mil aspirantes para convertirse en astronauta y durante el viaje se le agrandó el corazón un 50%, creció 8 centímetros y perdió 5 kilos en sólo 8 días.

Jon McBride jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex
Jon McBride jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex. Foto: LA NACION / Juan Pablo Soler
Viernes 06 de octubre de 2017 • 00:26
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PARA LA NACION

Según todos los relatos, viajar al espacio es, para las escasas personas que lo han logrado, una experiencia que se recuerda todos los días de la vida. Al menos eso es lo que se percibe de la conversación de Jon McBride, jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex, con LA NACIÓN. A sus 74 años, este ex piloto de la US Navy recorre el mundo motivando a los jóvenes a iniciarse en la carrera de astronauta, una disciplina que por diversos motivos ya no genera tanto interés como lo hacía en generaciones anteriores.

A pesar de las construcciones narrativas que se pueden armar alrededor de las anécdotas de las personas que viajan al espacio, la vida de los astronautas puede ser muy frustrante también. Aún en momentos en que la investigadora bioquímica estadounidense de la NASA Peggy Whitson batió el récord de 665 días en una estación espacial.

Jon McBride jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex
Jon McBride jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex. Foto: LA NACION / Juan Pablo Soler

La carrera hacia el espacio

Mc Bride tuvo una carrera militar como piloto de combate, con más de 8000 horas de vuelo, 64 misiones y 4700 horas en aviones a reacción. En 1978 fue seleccionado como candidato a astronauta entre 80 mil aspirantes y luego de 4 años de preparación en 1984 integró la misión STS-41G del transbordador espacial Challenger en octubre de 1984 junto a otros 6 tripulantes. Su carrera era exitosa y tenía programado ser el comandante de la tripulación del transbordador Columbia en marzo de 1986, pero el accidente del Challenger en enero de ese año canceló todas las misiones a futuro. "Yo estaba haciendo mis prácticas en un simulador de vuelo en la NASA y en el momento del lanzamiento nos reunimos con los colegas para ver en pantalla el despegue. Luego, las imágenes de la explosión nos devastaron y sólo nos quedaron lágrimas en los ojos", relata McBride al recordar el accidente del trasbordador a los pocos minutos del despegue y en el que desapareció toda la tripulación.

John McBride / Wikipedia
John McBride / Wikipedia.

Durante su viaje al espacio que duró 8 días perdió 5 kilos, creció 8 centímetros, pudo establecer que su corazón se le agrandó un 50% y además perdió 4 litros de líquidos corporales. Además, la percepción del equilibrio y del tiempo se alteran porque cada día tiene 16 amaneceres y atardeceres. "En nuestro viaje cada hora y media se lograba dar una órbita a la Tierra y así fue que cada 45 minutos es de día y luego de noche. Y esto nos obligaba a cerrar las ventanas cuando nos tocaba dormir".

Casi siguiendo una gran metáfora, Mc Bride alza su vista al cielo cada vez que recuerda una anécdota de su viaje: "Nunca estábamos aislados, siempre trabajamos juntos en experimentos y proyectos y no teníamos ningún momento para aburrirnos. Durante el entrenamiento previo se planifica y se ensaya cada minuto que tiene un miembro de la tripulación, hasta los momentos para mirar por la ventana se planifican en una bitácora, pero eso es lo más lindo de ser astronauta: ver la Tierra desde el espacio, la belleza de los océanos, las montañas, no así las estrellas que al ser tan brillantes casi no se puede distinguir las constelaciones".

Uno de los mayores temores durante el entrenamiento es que algún miembro de la tripulación tenga alguna alteración psíquica que ponga en riesgo la misión. Pero según McBride el proceso de selección es tan riguroso, que uno de los criterios que más se pondera para ser elegido es la confianza en el otro y la auto confianza y por eso es muy difícil que alguien se vuelva loco durante el vuelo porque cada uno de los miembros fue entrenado en diversas situaciones estresantes y desarrollan la habilidad para manejar situaciones críticas.

Jon McBride jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex
Jon McBride jefe de astronautas del Kennedy Space Center Visitor Complex. Foto: LA NACION / Juan Pablo Soler

Hoy los astronautas se pueden conectar con la Tierra incluso a través de Internet y hasta tienen Twitter y otras redes sociales. Según la mirada de Mc Bride, esto no altera la rutina de la misión porque esos momentos de conexión también están planificados en el día a día del espacio. Justamente, esos momentos tan particulares de la vida en el espacio son los que se replican en el Kennedy Space Center Visitor Complex que está en Florida, Estados Unidos, y en el que los visitantes pueden vivir la experiencia de ser astronauta.

Con los pies en la Tierra y consultado sobre la coyuntura de la NASA, Mc Bride cuenta que su perfil republicano lo motiva para confiar en Donald Trump para cumplir su promesa de elevar el presupuesto de la agencia de investigaciones espaciales. "Durante el gobierno de Kennedy la NASA tenía casi 4% del total del presupuesto de los Estados Unidos. En los 80, cuando yo viajé, alcanzaba el 1,1% y en la actualidad no llega al medio punto porcentual", reclama el astronauta devenido en divulgador de su carrera y concluye con un ejemplo: "el retorno de la inversión que tienen las investigaciones de la NASA es cercano al 10 o 15%, estadística que no es fácil de conseguir en otras disciplinas".

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