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Alberto Prebisch, en público

Miércoles 11 de agosto de 1999

Bucear en los documentos gráficos, fotográficos y escritos que haya dejado tras de sí un arquitecto con una considerable obra construida puede convertirse en un modo de acercamiento a algunas facetas menos obvias de su actividad. Cuando se trata de hacerlo en el fondo documental legado por Alberto Prebisch, creador de la imagen simbólica más fuerte que hoy tiene Buenos Aires, el Obelisco -considerado por el autor en su madurez como un pecado de juventud -, la riqueza de las revelaciones para el público en general y aun para los profesionales de la arquitectura, puede ser sorprendente.

Quizá sea esa misma la fuerza -y la validez- de armar una exposición de divulgación del fondo documental de arquitectos que han dejado su sello en los espacios cotidianos de la ciudad. Más allá de la figura conocida, y aun de la comúnmente estudiada, surgen aparentes contradicciones que refuerzan la consistencia de ideas que nunca son pensamientos aislados, sino parte de una línea conceptual unidireccional.

Ver a Prebisch como el ascético intérprete de una modernidad alemana , como lo pueden reflejar el cine Gran Rex; sus proyectos para el entorno de la Plaza de la República, que crean perspectivas monumentales; las casas particulares en la calle Luis María Campos y en Vicente López, o sus obras de departamentos-estudio para Victoria Ocampo, es un reduccionismo equivocado.

De la muestra organizada por el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (Cedodal) en el Museo Histórico del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Sarmiento 362 (abierta hasta el viernes 13 del actual), se deriva una visión compleja y multifacética de este representante de las vanguardias argentinas.

Se alternan proyectos con obras construidas, perspectivas y planos con fotografías, y las escalas también se diversifican: desde el Obelisco, viviendas individuales, edificios de departamentos y cines, hasta la ciudad azucarera en Tucumán. El mercado de Abasto en Tucumán se presenta a la vista como síntesis entre la claridad racionalista y las tradiciones compositivas Beaux Arts: el edificio cumple con su función, representa lo que se espera de él, sugiere la presencia de ornamentación acorde con su fin, y rescata la esencia de las proporciones áulicas, la mejor herencia de la historia al Movimiento Moderno.

Una vanguardia con tradición es el subtítulo elegido para el libro-catálogo que supera las 200 páginas, editado por el Cedodal con la dirección del arquitecto Ramón Gutiérrez y la coordinación técnica de la arquitecta Patricia Méndez, también curadores de la exposición. Este libro reúne escritos de varios estudiosos del movimiento moderno nacional. Graciela Viñuales, Juan Molina y Vedia, Alberto Nicolini, Jorge Tartarini, Julio Cacciattore y Federico Ortiz, entre otros, participan con estudios y visiones singulares de la inserción de Alberto Prebisch en la vida cultural de una época que abarcó desde los años veinte hasta su muerte, en 1970.

Hombre de la cultura y no sólo de la arquitectura, como cuadraba a su tiempo y preocupaciones, fue también director del Teatro Colón. Curatella Manes, Basaldúa, Butler, formaban parte de su círculo más próximo.

Desde la práctica, la Universidad, como jurado, como crítico y escritor o promocionando, desde un anuncio en una revista, las virtudes de un novedoso revestimiento de mosaico veneciano _que acababa de utilizar para una de sus obras_, Prebisch se muestra, en la exposición y, sobre todo, desde el libro-catálogo, como uno de esos hombres que se adaptan a sus tiempos porque en la esencia permanece la línea dura de un convencimiento feroz: ser fiel a sí mismo.

Marta García Falcó

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