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Cinco rincones culturales para visitar en Tigre

Importantes museos y pequeños centros culturales conviven en el cada vez más atractivo circuito del Delta

Domingo 08 de octubre de 2017
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LA NACION
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El MAT, el buque insignia de la propuesta cultural tigrense
El MAT, el buque insignia de la propuesta cultural tigrense. Foto: María Aramburú

"Esta ciudad debería llamarse Yaguareté en vez de Tigre", dice Yésica Urriche, guía del Museo de la Reconquista. La sala está repleta de información sobre la naturaleza y los pueblos originarios de la zona del Delta, con notable protagonismo del yaguareté, que dominaba estas tierras. "Supongo que habrán elegido tigre por una cuestión más bien de marketing...", reflexiona.

La historia atravesó el río de la Reconquista y marcó con un punto rojo la pequeña casa colonial donde ahora funciona el museo. En 1806, Santiago de Liniers desembarcó allí y el dueño de ese ex almacén de ramos generales, Martín José de Goyechea, le abrió las puertas. Cada habitación representa un capítulo de la historia de las invasiones inglesas y del papel que tuvo esa parte del Delta en los hechos. En el centro de la sala principal, dos vitrinas con miniaturas de soldados, caballos y barcos reconstruyen escenas de diferentes batallas. Con detalles infinitos, es un atractivo imperdible para los chicos que visitan el museo. Después del recorrido, lo recomendable es sentarse en el jardín y contemplar las enormes azaleas fucsias que están floreciendo por la primavera.

Como en el museo de la Reconquista, todo el abanico de ofertas culturales que ofrece Tigre comparte un mismo mensaje: revalorizar y respetar la historia de cada espacios. Tanto la antigua sede del Tigre Club o una pequeña casa de barrio tranformada en centro cultural, cada lugar respeta su pasado e intenta transmitirlo a los visitantes.

"Mi mamá compró la casa del lado y le regalaron este espacio, le vendieron dos casas por el precio de una. Estaba venida abajo pero siempre supimos que queríamos hacer algo relacionado con el arte", relata Milagros Noblía, codirectora de la Casa de las Artes Tacuarí. Este pequeño centro cultural autogestionado, ubicado en lo que antiguamente se conocía como Isla Grande, a sólo unos metros del Paseo Victorica y del río Luján, conserva la bohemia de cuando el Delta no estaba tan poblado. Al atravesar la puerta principal, se percibe el olor típico de los lugares húmedos mezclado con la intensidad de un sahumerio humeante sobre un pequeño escritorio de madera.

Un rincón para el Yaguareté, en el Museo de la Reconquista
Un rincón para el Yaguareté, en el Museo de la Reconquista. Foto: Andrés Bonatti

"El olor a humedad es muy de las casas de la isla", dice Milagros. Una gran sala, que aún conserva las aberturas del 1900, es el corazón de este refugio de adobe. "Este espacio se va transformando según la actividad: ponemos un telón y un par de sillas para las obras de teatro, un par de alfombras para las clases de yoga o colocamos un par de rieles y cuadros y la transformamos en galería de arte", comenta Milagros mientras comparte unos mates con gustito a yuyos.

Sillas, mesas, paredes e incluso la fachada están salpicadas e intervenidas con litros de pintura. "Nunca paramos de hacer cosas y siempre tratamos de combinar lo bohemio con una línea muy profesional", dice Yamila Allen, la otra directora de la Casa. Desde teatro, arte y música para niños, hasta canto, filete porteño, tai chi, fotografía, mosaiquismo, diseño de vestuario escénico, pandeiro, entre otros. El patio es uno de los los rincones más especiales. Todas las paredes están dibujadas y, algunas noches de invierno y casi todas las de verano, se transforma en una sala de espectáculos al aire libre.

Arquitectura y arte

El Museo de Arte de Tigre (MAT) es la principal joya de este circuito cultural. En 2016, la prestigiosa revista Condé Nast eligió como uno de los más lindos del mundo entre el Guggenheim de Bilbao, el del Vaticano y el D'Orsay de París. Lo que sucede es que no sólo la estructura es de una belleza imponente sino también el entorno. La cuidada rambla que acompaña el curso del río Luján invita a tigrenses y foráneos a caminar o simplemente ocupar uno de los bancos de madera y contemplar el movimiento del agua y el desfile de las embarcaciones.

Los prolijos jardines son también un museo a cielo abierto ya que cobijan muchas obras de arte en medio de espirales y medias lunas de petunias y senderos. Resulta prácticamente imposible imaginar cómo era ese espacio antes, cuando una calle atrasaba los actuales parques y una parada de colectivos de la línea 60 ocupaba el lado izquierdo. Tampoco es fácil imaginar un casino dentro de las paredes repletas de detalles en color oro ni a las mesas de ruletas y máquinas tragamonedas rechinando bajo las imponentes arañas de caireles de vidrio.

Esta construcción de estilo francés, comenzó a funcionar como museo en 2006. A lo largo de las múltiples salas de exposiciones, las obras dialogan de manera constante con la arquitectura. La lujosa ornamentación del edificio se mantiene en cada rincón y deja ver los vestigios de un club social muy exclusivo. "La gente puede recorrer sectores donde antes sólo ingresaban los socios", dice Fernando Echagüe, director de coordinación administrativa del Museo de Arte de Tigre.

La colección permanente también es un lujo. Dentro de las más de 200 piezas aparecen firmas como las de Carlos Alonso, Benito Quinquela Martín, Luis Felipe Noé e internacionales como Pablo Picasso y Henri Matisse. "Cuando se fundó el museo, la idea fue acercar el arte a los chicos de la zona, por eso hay una preponderancia de lo figurativo", agrega Echagüe.

Una recomendación: visitar el salón oval donde se realizaban los bailes del club social y donde actualmente se realiza, una vez al mes, un ciclo de conciertos. Dentro de ese mismo espacio, se podrán encontrar las últimas incorporaciones al acervo del museo, como la serie La obsesión de la belleza, Antonio Berni. Otro espacio imperdible es la pasarela que conecta el edificio del museo con la vera del río. Con vista espectacular, un buen punto para tomar fotos de la imponente fachada.

Casa de las culturas

A más de 2 kilómetros, frente a la Estación Fluvial de Tigre, otra maravilla arquitectónica. La Casa de las Culturas Villa Carmen es una antigua construcción de 1910 que pertenecía a una familia escocesa y que tuvo varios destinos antes de convertirse en museo municipal. Fue hotel en los años 70 y geriátrico en los 80.

El Delta aparece como protagonista. Lucas Distéfano con sus fotografías y Adrián Paiva con sus pinturas transforman las paredes blancas de la casona en un entorno repleto de bosques, senderos, costas, epífitas y claveles del aire. Los artistas dialogan entre sí a lo largo del recorrido al igual que lo hace la disposición del museo con la estructura de la casa.

En el segundo piso, un estrecho pasillo -en el que sólo cabe una persona- conduce a la habitación principal. El respeto de la estructura funciona perfectamente para que los visitantes puedan imaginar cómo vivía la familia en otra época. Un espacio imperdible es la habitación circular contigua a la principal. Rodeada por varias ventanas, este espacio era utilizado por las mujeres como sala de bordado. Si las ventanas están abiertas, se podrá tener una privilegiada vista panorámica de la zona.

Un número ambicioso

De ser una ciudad industrial y contaminada, a ser una de las más vanguardistas. De gris y empobrecida, a un referente del turismo y los negocios. Bilbao es uno de los ejemplos más citados al hablar de reconversión urbanística y Gustavo Mario Porta no duda en nombrarla como la inspiración para su 9,37 Sudestada, un espacio de arte independiente y autogestionado "en la zona más contaminada y pobre del Delta".

"La recuperación de Bilbao se relaciona con el arte. Y la creación del Guggenheim hizo de sinergia para crear una realidad más sustentable", explica Porta. "Encuentro que todos, políticos, vecinos, organizaciones, queremos lo mismo para esta zona del Delta, pero no estamos poniéndonos de acuerdo. Por eso, quise empezar a hacer algo."

Más allá de tomarla como modelo, 9,37 tiene una relación más profunda con Bilbao y, en especial, con la Fundación Guggenheim. Apenas surgió la idea, Gustavo viajó una vez más hacia la ciudad vasca y se reunió con los directores de la asociación del museo. "Me ayudaron mucho a generar ideas y me guiaron en el concepto del valor agregado que debe tener un museo", aclara. Dos diferenciales que tiene 9,37 son: la tienda donde se pueden encontrar todo tipo de objetos de diseñadores de la zona (las cerámicas valen la pena) y Coma, el bar donde los sándwiches de rúcula con queso de cabra son una muy buena opción.

Hace 40 años que Gustavo es arquitecto y un apasionado del diseño; y eso se ve en cada detalle: las mesas, que acompañan a las paredes donde se realizan muestras de todas las disciplinas, son piezas únicas realizadas en hierro y madera. Cada empuñadura de las puertas es hecha a mano e imita a las embarcaciones que circulan por el delta.

Detrás de la pasión por el diseño también existe una gran amistad: Gustavo compartió muchos proyectos con el uruguayo Carlos Páez Vilaró. Ambos trabajaron juntos en Casa Pueblo, la singular construcción en Punta Ballena, a 17 kilómetros de Punta del Este."Cuando él murió, supe que debía construir algún testimonio de tantos años de amistad, por eso 9,37 es una mezcla de espacio cultural con galería de arte", dice Porta. En noviembre, algunos de los recuerdos de esa amistad saldrán del cajón y se expondrán en las paredes del pequeño espacio.

El nombre 9,37 surgió simplemente por la altura que ocupa sobre la calle Aníbal González. "En Bilbao, les encantó -cuenta Gustavo- y el director me dijo: Te felicito porque es casi 10, un número que sólo utilizan dioses y soberbios."

Datos útiles

Museo de la Reconquista. Av. Liniers 818. De miércoles a domingos, de 10 a 18. Teléfono: 4512-4496. Entrada libre y gratuita

Museo de Arte de Tigre. Paseo Victorica 972. De miércoles a viernes, de 9 a 19; sábados, domingos y feriados de 12 a 19. Tel: 4512-4528. Entrada general $50. www.mat.gov.ar

Casa de las Culturas-Villa Carmen. Bartolomé Mitre 370. De miércoles a viernes, de 10 a 18; sábados, domingos y feriados, de 13 a 18. Tel: 4512-4572. Entrada libre y gratuita

9,37 Sudestada. Aníbal González 937. De martes a viernes de 11 a 19; sábados de 14 a 19; domingos y lunes cerrado. Tel: 4731-9140. Entrada libre y gratuita. www.937sudestada.com

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