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Viajes en crucero: otras cinco maneras de embarcarse

Navegaciones temáticas, barcos de tamaños récords, vueltas al mundo y recorridos por ríos y aguas extremas, son algunas de las alternativas a los clásicos recorridos a bordo

Domingo 08 de octubre de 2017
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PARA LA NACION
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1. En salidas temáticas

El concepto del crucero parece inspirar a los organizadores de viajes temáticos. Hay propuestas de todo tipo, desde las más tradicionales (por ejemplo enfocadas en las civilizaciones clásicas del Mediterráneo, con historiadores y conferencistas que dan charlas a bordo) hasta las más bizarras (como el Meow Meow Cruise, que junta varias veces por año a amantes de gatos por el Caribe). Uno de los temas recurrentes es la música, sea en torno a un artista o un género. Los apacibles cruceros europeos dedicados a la música clásica de décadas pasadas dieron paso a viajes pop y rock, sobre todo en el Caribe (el crucero Monsters of Rock dio mucho que hablar); o directamente kitsch. En Francia se proponen periplos con glorias de la canción de los años 60 y 70 que se reencuentran así con su envejecido público por una travesía.

2. En barcos cada vez más grandes

El mar es propicio para los récords. De la misma manera que las ballenas son los mayores mamíferos, los paquebotes son los titanes modernos de la industria. Desde principios de siglo XX, se superan uno al otro. Son cada vez más grandes, más potentes y más lujosos: el Titanic, el Queen Mary, el France. El actual monstruo de los mares es el Harmony of the Seas (ver nota en la página 6), con 362 metros de largo, puesto en servicio el año pasado por Royal Caribbean. Su supremacía será de corta duración porque el mismo armador recibirá el año próximo el Symphony of the Seas, que tendrá un metro más.

3. Por aguas extremas

Por lo general se asocia el crucero con playas de arena, bajo el sol resplandeciente del Caribe, el Mediterráneo o las costas de Brasil. En las antípodas de estos clichés, los circuitos extremos ganan adeptos año tras año. Desde Ushuaia zarpan cruceros hacia las heladas aguas del Atlántico Sur, abordando las islas Malvinas, eventualmente las Georgias del Sur y recalando finalmente en las bases de la Península Antártica. Es uno de los viajes más intensos que ofrece hoy la industria del turismo. En el hemisferio norte, el equivalente se realiza a lo largo de las costas de Groenlandia. Varios operadores se animan a armar salidas entre los icebergs para llegar hasta los pequeños y coloridos caseríos de casas de madera de los locales kalaallit. El más radical de esos periplos zarpa desde las islas del Svalbard (el punto habitado más septentrional del mundo) para navegar por la costa noreste de Groenlandia, inmortalizada en una serie de novelas breves (llamadas skrøner) del danés Jørn Riel.

4.Sin ver el mar

O mejor dicho, sí: el último día, al llegar a los muelles de Astracán, sobre el Caspio. Puede ser el viaje fluvial más largo del mundo. Dura dos semanas, el tiempo necesario para descender el río Volga desde Moscú hasta los pies del Cáucaso. No sólo se atraviesa buena parte de la Rusia europea, sino que se navega por un milenio de historia. Las escalas desfilan como páginas de un libro: luego de la capital vienen Yaroslavl, Nizhni Nóvgorod, Kazán y Volgogrado, para nombrar las más conocidas. Como grupos de Iván Strogoff acuáticos, los pasajeros escuchan a los conferencistas de a bordo que hacen revivir a los zares de todas las Rusias pero también a Stenka Razin y sus cosacos, a los mongoles y los tártaros. Los rusos llaman al Volga Matushka, madrecita. Es a la vez el río más largo de Europa, la arteria principal de las llanuras rusas y una frontera invisible donde se entremezclan los confines de Occidente y Oriente. Las escalas son generosas (se permanece un par de días en Moscú al principio del viaje) y permiten ver absolutamente todo en el camino.

5. Alrededor del mundo

Todos los viajeros sueñan con dar la vuelta al mundo algún día, de alguna forma. Pocos son los que lo cumplen. Menos todavía los afortunados (en ambos sentidos de la palabra) que lo realizan a bordo de un crucero. Como el de Oceanía Cruises, que zarpará el 3 de enero para un viaje de 180 días, suficiente para terminar de conocer íntimamente a los otros 700 pasajeros. Será el crucero más largo del año: 87 paradas en 40 países. Varios hitos marcan el derrotero, como cruzar el Ecuador, pasar por el canal de Panamá, doblar el Cabo de Buena Esperanza. Se recomienda hacer buenos ejercicios mnemotécnicos o bien llevar un grueso anotador. Si no, ¿cómo acordarse de dónde fue sacada esa foto? ¿En las islas del Caribe o del sudeste asiático, en Japón o en Corea, en la Polinesia o en Hawai, en Nueva Zelanda o en Tasmania? Una pequeña decepción sin embargo: este viaje-de-una vida no llega hasta Europa. ¿O habrá otro de ocho meses?

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