Pecados de adoctrinamiento

Un grupo de sacerdotes busca direccionar el voto de los más vulnerables, contrariando su misión de pastores de todos los fieles

Viernes 06 de octubre de 2017

Un grupo de sacerdotes católicos, de variada inserción en villas y zonas pobres, difundió el 21 del mes último una carta abierta bajo el título "Ante las próximas elecciones legislativas". Herederos del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y conocidos en las redes como los "curas kirchneristas", los Curas en Opción por los Pobres (COPP) suelen denunciar los flagelos que atormentan a sus fieles. Sin embargo, en este último mensaje resulta sorprendente que no se hayan referido ni al narcotráfico ni al hambre, sino a la fuerza política Cambiemos como el más perverso y criminal azote que padecen los pobres.

La realidad que describen parece más propia de un país como Venezuela, en tanto le atribuyen al gobierno de Cambiemos la responsabilidad por una "lista interminable" de males: "represión violenta a la protesta social y abusos de autoridad de las fuerzas de seguridad, protección a los capitales más que a los ciudadanos, promesas incumplidas, mentiras y falsedades permanentes, presos políticos, un desaparecido, persecución a quienes piensan distinto, aumento de la pobreza, desempleo, un insostenible endeudamiento que hipoteca el futuro, especulación financiera, desindustrialización, entrega de nuestra soberanía".

Como ha dicho Loris Zanatta, "los curas K creen tener la solución, pero sus esquemas vetustos son parte del problema".

La carta que han hecho pública contradice hechos objetivos y oculta otros. Por ejemplo, que el Indec acaba de anunciar una leve reducción de la pobreza. O que la desindustrialización, la falta de creación de puestos de trabajo y el desempleo son problemas de orden mundial que anteceden la asunción del actual gobierno en la Argentina. Por otra parte, el comunicado acusa a todo integrante del Gobierno de "dar la espalda a los preferidos de Dios". Suponer que no hay funcionarios dentro del Gobierno o dentro de Cambiemos genuinamente preocupados y ocupados en reducir la pobreza habla de un enorme prejuicio que sólo mueve a la violencia y al enfrentamiento.

La descripción es claramente sesgada y partidaria, más aún si se tiene en cuenta que proviene de un grupo de sacerdotes llamados a servir a todo el pueblo de Dios, incluso a los que militan en Cambiemos. La conclusión a la que arriban resulta tan temeraria como preocupante: "Matar de hambre, desamparo o indiferencia al pobre es un pecado. Votar a un gobierno que asfixia a los pobres creemos que también lo es. Sin ningún temor o prejuicio, sostenemos firmemente que un cristiano no puede darle el voto a un gobierno como éste?".

Es paradójico que este grupo de sacerdotes que dice estar "caminando a la par del pueblo" se arrogue la autoridad de decirle a ese pueblo cómo votar. Parecieran más bien estar caminando varios kilómetros adelante de su pueblo. Es de una soberbia propia del totalitarismo racionalista más rancio infantilizar a los pobres y pretender instruirlos sobre cómo votar. Con absoluta arrogancia, este grupo de religiosos no sólo desprecia a los pobres al considerarlos incapaces de decidir su voto por sí mismos, sino que incluso se pone en el lugar de Dios, al juzgar quiénes son buenos cristianos y quiénes no. Citando a monseñor Miguel Hesayne, quien afirma no conocer a este grupo, subrayan que "no se puede ser cristiano y neoliberal". Desde esta visión, el pobre que vota a Cambiemos es un pecador, un mal cristiano. Los COPP condenan, según su voto, a los pobres, contrariando principios cristianos. Declarar que el voto católico es el que no va a Cambiemos vulnera la libertad de conciencia. ¿Cómo sería posible afirmar tan rotundamente que votar a uno u otro partido es o no pecado? Si hay algo que no está bien es manipular, desde el rol de pastores, las conciencias de los fieles. Una falta que ha llevado al catolicismo a cometer los peores errores de su historia.

Llama la atención ante este atropello el silencio de la Conferencia Episcopal Argentina. Salvo algunos obispos aislados, como monseñor Rubén Frassia, de Avellaneda-Lanús, que escribieron cartas a los curas en sus diócesis para pedirles que se abstengan de inducir de manera directa o indirecta el voto de los ciudadanos, la cúpula eclesial guardó un preocupante silencio. Habría sido oportuno que se les recordara aquello que afirma el Directorio para el Ministerio de los Presbíteros: "Las actividades políticas y sindicales son cosas en sí mismas buenas, pero son ajenas al estado clerical, ya que pueden constituir un grave peligro de ruptura de la comunión eclesial".

Los sacerdotes católicos están llamados a la universalidad, por lo que es contrario a su vocación más sagrada profundizar antagonismos con fines electorales. Esta actitud es igualmente contraria al deseo de los obispos de que el Papa visite el país para unirnos. Podemos conjeturar, tal vez, que sea ésta la forma que encontraron los sacerdotes en la Opción por los Pobres de expresar su preferencia porque el Papa no nos visite nunca.

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