Stephen Larkham: "Para formar un gran equipo hay que tener pasión"

La mirada del ex apertura de los Wallabies y su receta como entrenador, antes del partido del sábado contra los Pumas

Alejo Miranda
PARA LA NACION
Viernes 06 de octubre de 2017

Stephen Larkham era uno de los jugadores más cerebrales y conserva ese honor como entrenador. Estéticamente, un apertura poco ortodoxo: con 1,90m era más alto que el normal para su posición. Su distintivo casco negro también resultaba inusual para un N° 10. Incluso su forma de jugar: fullback en sus orígenes, era experto en explotar el más mínimo resquicio que dejaba la defensa, ya sea con su larga zancada o poniendo a un compañero en posición ventajosa con un pase.

Como entrenador recién está dando sus primeros pasos y no le será fácil alcanzar los laureles de su juventud: campeón Mundial en Gales 1999 con los Wallabies , dos veces ganador del Súper Rugby (Súper XII por entonces) con los Brumbies. Dos equipos a los que les dedicó toda su carrera -excepto por un crepúsculo de dos años en Japón- y con los que sigue íntimamente ligado: como head coach en la franquicia de la capital y como asistente de Michael Cheika y encargado de ataque en el seleccionado.

"Soy un privilegiado de haber jugado en esos equipos. Tuve a grandes jugadores alrededor. Creo que lo que sucedió en 1999 fue muy especial, ganamos todo lo que podíamos ganar", dijo en una charla con LA NACION. "Hice muchos amigos. Ganar se disfruta. Esos son los mejores recuerdos. Y también el entorno especial que tenía en los Brumbies. Realmente es mi familia. Estoy allí hace 20 años, está muy cercano a mi corazón y quiero devolverle tanto como pueda".

-¿Con qué se queda? ¿Con los Wallabies del 99 o los de 2015?

-Lo que hicimos en 2015 fue especial. El trayecto que recorrimos y lo unidos que estábamos como equipo. Nadie esperaba que nos fuera ni cerca de cómo nos fue. Superamos las expectativas. En el 99 éramos favoritos y lo logramos. No se puede decir que uno fue mejor que el otro. Como jugador disfruté de ganar, pero también disfruté la experiencia como entrenador en 2015.

-¿Cómo vivió el traspaso del amateurismo al profesionalismo en 1996?

-Todo era amateur en Australia hasta el 96. Después nos empezaron a pagar algo de plata. El primer año cobré 20.000 dólares australianos (US$ 15.000). Era muy poquito, pero estaba en casa y era una gran oportunidad para encauzar mi carrera hacia el rugby. Pasamos de entrenarnos martes y jueves a la noche a estar todos los días y a toda hora concentrados en el rugby. Había un trato más profesional, teníamos a Rod McQueen que nos inculcó la mentalidad de trabajar y mejorar. Cuando se cruzó la frontera amateur había muchos jugadores de rugby y después se llenó de atletas que no necesariamente entendían el juego. Ahora creo que se dio marcha atrás y estamos encontrando un buen balance.

-¿Qué se necesita para formar un equipo ganador?

-Tiene que haber pasión. Hay que estar bien incentivado. Tiene que haber una buena razón por la que uno quiera ganar. Y tiene que haber convencimiento. Convencimiento de que como grupo uno le puede ganar a cualquiera. En los Brumbies teníamos un grupo de jugadores muy unido, pero nos apasionaba el rugby. Nos incentivaron a demostrarle al resto que estaban equivocados. Creíamos en nosotros. Creíamos que les podíamos ganar a cualquiera.

-¿Quiénes fueron sus principales influencias para formarse como entrenador?

-Algunos de los jugadores con los que jugué: Rod McQueen, Eddie Jones, Greg Smith. Es una combinación de todos los entrenadores que tuve. Uno forja su experiencia a partir de la gente que lo rodea. Respeté mucho a los jugadores neozelandeses y era con quienes me quería medir. Entonces estudié la forma en que jugaban. Rod Kafer fue una gran influencia en aquel equipo de Brumbies, porque jugaba al mismo tiempo que nos entrenaba a los backs. Teníamos que ver el rugby de la forma que él la miraba. Era muy inteligente, artístico. todos lo admirábamos.

-¿Qué tiene usted para brindarles a sus jugadores?

-Cada equipo es diferente, cada grupo es diferente. Creo que es cuestión de empatía. A veces tenés que darles una mano y ayudarlos, guiarlos. Otras veces tenés que dejarlos ser. El desafío es asegurarse que los jugadores estén motivados y confiados en sus capacidades y como grupo que sepan que pueden crear su propio destino. Ellos son los que salen a jugar.

-Entrenó a Tomás Cubelli dos años. ¿Cómo lo describiría?

-Es el típico jugador argentino. Es una persona muy cariñosa y respetuosa. El grupo lo aceptó muy bien. Y es un gran jugador. Tiene esa chispa y peligrosidad en la salida del ruck, puede correr con la pelota, lee muy bien el juego, tiene buen pase, buena patada, es un muy buen defensor. Lo que le agregaba a nuestro equipo es eso típico de los argentinos: nunca sabías con qué podía salir.

-¿Qué le aportó Mario Ledesma a los Wallabies?

-Pasión, definitivamente. Es un hombre muy inteligente. Tiene esa naturaleza argentina que lo hace muy grato de tener como compañero, pero es muy respetuoso. Es muy inteligente, sabe de rugby, sabe cómo transmitirlo y tiene esa pasión propia de los argentinos.

-¿Lo van a extrañar?

-Enormemente, sí. Si se va, sí. Mario es una parte muy importante del equipo.

-¿Por qué es tan difícil retener a los jugadores?

-El dinero que hay afuera es muy grande y hay más oportunidades para jugar profesionalmente. En Australia ahora hay sólo cuatro equipos. Es lamentable. Es la economía. La gente se muda por trabajo, esto es igual. Lo mismo pasa en la Argentina: si uno quiere jugar para el seleccionado, tiene que jugar en el Súper Rugby. Siempre se supo que iba a ser difícil mantener el grupo de elite. Pero si un jugador juega por las razones correctas, quiere llegar a lo más alto y representar a su país, a sus familias y a él mismo, entonces se queda.

-¿Qué opina del presente del rugby argentino?

-El año pasado fue difícil, el primero en el Súper Rugby. no entendían del todo lo que estaban haciendo. Ahora tienen más balance. Jugar en el Súper Rugby con el mismo equipo los va a beneficiar cuando llegue el Mundial. Es muy difícil para la Argentina. Su ranking probablemente no refleje cuán buenos son. Al jugar constantemente contra tres de los mejores cinco del mundo es muy duro conseguir resultados. Pero no están lejos. Creo que han demostrado un gran progreso con los Jaguares y creo que eso se traslada al seleccionado.

-¿Dos años son suficientes para armar el equipo?

-En 1999 tuvimos dos años desde que asumió Rod McQueen, hicimos una gran campaña y fue perfecto. Establecimos nuestros objetivos de acuerdo con esos dos años, los fuimos cumpliendo y llegamos al Mundial en la mejor forma.

-¿Qué espera del partido del sábado?

-Va a ser un partido muy difícil. Los dos equipos mostraron un gran desarrollo en el Rugby Championship este año. Los dos tuvieron mala suerte, pero ambos estuvieron tratando de jugar abierto, tratando de tener la pelota en las manos la mayor parte del tiempo posible. Creo que eso va a redundar en un gran partido.

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