Un japonés que es el más británico de todos los británicos

Viernes 06 de octubre de 2017

Lo entrevisté en 2005. Nunca voy a olvidarlo. Llamó las novelas de Jane Austen "muy de nena que sueña con novios". La puñalada me duele al día de hoy. Era mi ídolo contemporáneo atacando a mi ídolo universal. Después, naturalmente, matizó el tema. Dijo que ése había sido su pensamiento inicial, pero que, con los años, "había desarrollado la madurez para apreciarla". Aun así, subrayó que, aunque escribiese tanto de Inglaterra y, sobre todo, de lo que él llamó una "Inglaterra mítica", no le gustaba que lo comparasen con Austen. Y ahora la Academia Sueca le acaba de otorgar el Nobel describiéndolo, justamente, "como Jane Austen: sus comedias costumbristas y su forma de entender la psiquis".

Nacido en 1954 en Nagasaki, pero educado en Inglaterra, Ishiguro es conocido, entre otras cosas, por su prosa lírica, la forma en la que trae a la vida los lugares y su agudo análisis de las clases sociales británicas. Su padre era un oceanógrafo que mudó a su familia a Surrey cuando Kazuo tenía cinco años. Ir a la escuela allí "posiblemente fue la última oportunidad de saborear una Inglaterra que ya había desaparecido", dijo a The Guardian.

Cuando lo entrevisté para LA NACION, Ishiguro contó que, cuando jugaban a los soldados en el recreo, siempre pedía que el enemigo fuesen los alemanes, no los japoneses, pero salvo por eso siempre se sintió integrado, aunque en un principio no supiera decodificar del todo su entorno. Ishiguro, autor de los que ya son clásicos contemporáneos como Los restos del día y Nunca me abandones, quedó como el eterno extranjero en Inglaterra más inglés que los ingleses. Por eso, Brexit le resultó un golpe durísimo. Y muchos ven en su última obra, El gigante enterrado, una Edad Media semimítica que se sintió premonitoria de esta era de nacionalismos que recrudecen.

Pero no todo es Inglaterra para Ishiguro. Cuando concluíamos nuestra entrevista, se reconoció fanático del tango. "El tango es muy parecido al arte japonés: de una ternura y una melancolía enormes, pero que esconden algo muy agresivo detrás. Escuchar a Piazzolla es como ver las películas de artes marciales de Kitano, de una gran belleza y una triste calma, pero sobre las cuales uno sabe que en cualquier momento la sangre va a explotar. Siempre me emociona". Y quizá ni Jane Austen lo podría haber dicho mejor.

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