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La frescura es gallega

Domingo 08 de octubre de 2017
LA NACION
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Galicia está que arde en las fantasías de los enólogos. Desde Ribera Sacra y Bierzo en tintos, pero sobre todo Rías Baixas para los blancos. No es para menos: los suelos de granito meteorizado son pobres, pero sobre todo, drenables en una zona donde llueve casi tanto como en Buenos Aires, y al mismo tiempo el frío del Atlántico permite sostener blancos y tintos de alta frescura. Son los raros de la góndola global y, al mismo tiempo, los recién descubiertos.

Lo curioso es que se planta en pérgolas, una suerte de parral donde los postes son pilares de granito que emergen como delgados menhires sobre las verdes pendientes gallegas. Y de esas plantas gigantes, que recorren las pequeñas propiedades formando galerías, salen algunos de los blancos más sofisticados que se puedan beber, a base de albariño y godello.

Todo muy bonito. ¿Pero qué es lo que llama la atención de los enólogos, como para que de un tiempo a esta parte, Galicia se haya convertido en un lugar caliente para las fantasías del vino?

La razón hay que buscarla en la singularidad. En la rareza. Y en que esos vinos blancos ofrecen un perfil particular: aromas cítricos, volumen de boca y acidez elevada. En particular, godello, aunque es el albariño el que gana atractivo global.

De hecho, Uruguay busca convertirlo -no sin razón- en el mismo camino. Bodegas como Garzón y Bouza son algunas de las que lo tienen como punta de lanza. Mientras que en la Argentina la cosa viene partida, para variar. Están los que, como Costa & Pampa lo plantan en el este y con vista a lograr vinos oceánicos. Y los que lo cultivan en Mendoza, con mucho sol y temperaturas cálidas, en un estilo enriquecido y cordial, como Las Perdices y Viña Alicia, que lo emplea en cortes.

Con todo, lo que hoy buscan los enólogos allá -polos tan opuestos como Matías Michelini y Sebastián Zuccardi de un lado, y Héctor Durigutti, por otro- es la piedra filosofal de la frescura, hoy un valor en ascenso entre los paladares más sofisticados. Y así, Galicia despunta en el mapa como un destino codiciado y por descubrir.

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