Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

No fue necesario preguntar cuál era el límite

Sábado 07 de octubre de 2017
PARA LA NACION
0

"¿Tu marido sabe todas tus claves?", me preguntaron extrañadas mis amigas durante una cena. Es que me escucharon cuando hablaba con mi esposo y le pedía que ingresara a mi cuenta y me leyera un e-mail que por alguna razón no podía ver desde mi celular. Cuando escuché la pregunta empecé a recorrer mentalmente todas mis cuentas. "Sí", respondí con cierta timidez.

Recién en ese momento me di cuenta de que en los más de 15 años que llevamos juntos le había dado, por diferentes circunstancias, todas mis contraseñas. Pero se fue dando naturalmente, no es que un día anoté todas mis claves y se las di para demostrarle mi amor incondicional.

Si embargo existen muchas parejas que se ofrecen sus contraseñas mutuamente, como quien promete amor eterno. Incluso algunas personas insisten en intercambiar sus códigos para ingresar a los teléfonos celulares del otro antes de comenzar una relación formal. Es que para ellos ésta es la prueba de amor que necesitan para confiar en su pareja.

Y, en caso contrario, si uno de los dos no quiere compartir esta combinación de signos, el otro puede sentir una gran desconfianza. Es en ese momento cuando surgen las dudas. "¿Por qué se niega a darme sus claves?, ¿qué oculta?, ¿con quién chatea?, ¿tendrá a su ex dentro de los contactos de Facebook?".

Es que uno de sus principales argumentos es que no pueden existir secretos en la pareja, que no tienen nada que ocultar, y que está bien que ambos puedan ver sin restricciones mutuas desde el correo electrónico hasta los perfiles de las diferentes redes sociales y el celular.

Otros han ido más lejos compartiendo las mismas cuentas de Facebook, Twitter e Instagram. Un informe publicado hace unos años por The New York Times reveló que incluso los jóvenes crean contraseñas idénticas para permitirse, recíprocamente, leer su e-mails y otros contenidos digitales. Además, muchos señalaron que crean nuevas contraseñas con cada flamante pareja.

Pero más allá de los riesgos de privacidad que implica dar las claves o compartir las mismas, psicólogos especialistas en parejas advierten que nunca es buena idea espiar, ni en el mundo real, ni en el virtual.

Además recomiendan que si el intercambio de las contraseñas empieza a generar inconvenientes en la pareja, o si alguno se siente invadido, debe modificar la clave y tener una conversación sobre el tema.

En mi caso nunca nos preguntamos cuál era el límite, pero no fue necesario. Conozco a muchos que nunca cederían a dar sus claves por una cuestión de privacidad. Yo creo que no es necesario "bloquear" ese espacio privado para que el otro no ingrese. Eso sí, estaré alerta. Él sabrá mis claves, pero yo sé que puedo cambiarlas.

La autora es periodista

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas