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En el nombre del Padre, del Hijo y la Play 4

Sebastián Campanario

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PARA LA NACION
Sábado 07 de octubre de 2017
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En julio del año pasado, el virus de Pokémon Go se expandió con tanta rapidez que tardó sólo diez días en llegar a 50 millones de usuarios. El juego de realidad aumentada aprovechaba las herramientas de geolocalización de los teléfonos inteligentes y tabletas y permitía salir "de caza" por la ciudad, buscando personajes para capturar. Yuval Noah Harari, el historiador israelí, pensó que era un buen programa para compartir tiempo con su sobrino Matan, por entonces de seis años, pero la jornada terminó mal cuando Matan y otros dos chicos discutieron por un monstruito virtual situado en una esquina que los tres reclamaban como propio.

Harari reflexionó que la situación planteada no era muy distinta al conflicto entre judíos y musulmanes por la ciudad sagrada de Jerusalén. "Si uno observa objetivamente la realidad de Jerusalén, sólo se ven piedras y edificios. No hay nada sagrado por ningún lado. Pero si la miramos con la lente de la Biblia y otros libros religiosos, aparece el carácter sagrado", dice Harari. Nada muy distinto al software que le permitía a su sobrino jugar al Pokémon Go.

La realidad virtual y aumentada, y los juegos que utilizan esta tecnología podrán ser una novedad para muchos, pero Harari remarca que "por miles de años, miles de millones de personas han tratado de encontrar sentido en sus vidas embarcándose en juegos de realidad virtual. Sólo que los llamábamos «religiones»".

El historiador remarca, de manera muy provocativa, que todas las religiones construyeron "leyes imaginarias" ("No comas cerdo", "eleva plegarias todos los días", etc.) con las cuales se van ganando o perdiendo puntos todos los días.

En 2017 se difundieron varios estudios económicos que dan cuenta de la creciente reducción de horas de trabajo entre jóvenes a partir de la mejora de los videogames. El National Bureau of Economic Research difundió una investigación de los economistas Erik Hurst, Mark Aguiar, Mark Bils y Kerwin Charles que da cuenta de cómo la población de entre 31 y 55 años hoy trabaja unas 163 horas por año menos que en 2000, con un impacto muy alto de reemplazo de este tiempo por el uso de consolas de juego.

La agenda de la innovación tiene innumerables puntos de contacto con el discurso religioso. En el credo de la singularidad hay creyentes, escépticos, conversos, mecas y sumos sacerdotes. Meses atrás, el físico argentino Mariano Vázquez, que coordina un equipo que trabaja con una supercomputadora en Barcelona, comentaba estos paralelismos. La capacidad de cálculo del dispositivo con el que trabaja es tan grande que permite hacer simulaciones precisas sobre desastres naturales (terremotos, inundaciones) y también del funcionamiento del corazón y de otros órganos. No es muy distinto a "jugar a ser Dios". Con un detalle increíble: la supercomputadora está ubicada en una capilla del Siglo XIX en la zona del Politécnico de la Universidad de Cataluña.

Para Harari, la realidad virtual y aumentada no se parece sólo a las religiones, sino a otros "mundos imaginarios" con los que nos entretenemos los humanos, como el "consumismo" (vamos ganando puntos con un auto más caro o una casa más grande) o el fanatismo por el fútbol y otros deportes. Amén, Gol o ¿Play Again?, parte del mismo idioma.

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