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Potentes sí, prepotentes no

Sábado 07 de octubre de 2017
PARA LA NACION
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Aquel que se conduce de manera prepotente, atropellando, arrasando y más preocupado por vencer al otro que por generar una experiencia mínimamente acordada, muestra más lo que no puede que un genuino poder y convicción. El que habita el territorio de la prepotencia raya con lo violento, es decir, no tiene en cuenta al otro, lo considera un objeto de su deseo, un estorbo o un elemento para dominar.

Un ejemplo de prepotencia al que hoy queremos referirnos es el ligado a las cuestiones de género y la manera de abordarla que tienen muchos a la hora de poner su perspectiva sobre la mesa. El tema, lamentablemente, se ha transformado en tierra de batallas encarnizadas. De hecho, existe una suerte de patrullaje ideológico sobre la cuestión, que termina siendo violento, inhibiendo la posibilidad de una genuina toma de conciencia y sano intercambio sobre una temática que requiere madurez y generosidad para ser abordado.

En general, las transformaciones culturales no se logran a fuerza de imposiciones, sino de convicciones y valores que van impregnando la vida de la sociedad. Nada bueno se consigue "de atropellada".

Las opciones sexuales, las maneras de ver lo femenino y lo masculino, las costumbres centenarias y hasta milenarias que, buenas o malas, forjaron a todos en lo que a la sexualidad se refiere (inclusive la de aquellos que, con criterio o sin él, critican esas formas y pretenden una modificación sustancial) merecen un abordaje que no esté guiado por un afán imperativo que pretenda "colonizar" una sociedad.

Los elementos de una cultura no se toman por asalto sino que se van moldeando al calor del tiempo, de la comprensión, de la incorporación de nuevas variables que, sin dudas, van tallando las maneras en que esa cultura ve y vive las cosas. Dejar de lado segregaciones violentas, profundizar la mirada sobre las cuestiones de género, entender que es importante la equidad (más que la igualdad) no solamente para las mujeres, sino para los hombres que, también, sufren los efectos del machismo? tantas cosas hay para pensar, transformar, tomar conciencia, legislar, pero con otra "onda", porque hacerlo desde el "patrullaje" ideológico y político muestra más fragilidad y banalidad, que genuina convicción.

El resentimiento, la violencia, la lucha contra la propia sombra, el afán de dominación, "viajan de colados" en las más nobles causas. No es bueno que cualquier abordaje de la cuestión de género deba hacerse poniéndose el casco y el escudo para no sufrir los efectos de la violencia que este tema genera en muchos. Eso es signo de poca convicción, miedo a la diferencia en nombre, vaya paradoja, del respeto por las diferencias.

Muchos militantes de las diversas causas, cuando pierden el foco, terminan siendo violentos, aunque digan luchar contra la violencia. Terminan siendo egos en pugna. Potentes sí, prepotentes no, esa es la cuestión. No hacen falta provocaciones ni inquisiciones, sólo humanidad, sentido común y dejar de lado el afán de batalla, porque en las cuestiones de la cultura, la victoria está en ganar el corazón del "enemigo", no en doblegarlo, humillarlo y erradicarlo del mapa.

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