Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

La consagración del superyó presidencial

Eduardo Fidanza

SEGUIR
PARA LA NACION
Sábado 07 de octubre de 2017

La encuesta de Poliarquía para LA NACION, que se publica hoy confirma lo que todos saben y constataron después de las PASO: Elisa Carrió y su lista de candidatos repetirán y aun mejorarán la excepcional performance de agosto pasado. El pronóstico reproduce con pocas variaciones el resultado de las primarias: Carrió en alza, con más del 50%; después Filmus, consolidando a sus votantes; y tercero Lousteau, que no lograría cumplir el objetivo de posicionarse en segundo término. Detrás de la victoria aplastante de "Vamos juntos" hay una explicación sencilla: la sociedad de Carrió con Rodríguez Larreta complace a los porteños. Arroja la imagen de una conjunción virtuosa entre ética y eficacia, a la que sus competidores no pueden ni acercarse. Reconocido esto, es interesante profundizar en Carrió, cuyo papel será crucial de aquí a 2019.

La magnitud de este triunfo, como resulta obvio, reforzará su influencia en la política y en la sociedad, con una característica peculiar e intransferible: ella representa un poder de naturaleza moral, sin la difícil responsabilidad de tomar decisiones administrativas. Carrió oficia de fiscal; controla, no ejecuta. Esa potestad la distingue del poder político, ubicándola en una relación tensa y ambivalente con él, cualquiera que sea la orientación programática de los que ocupen el gobierno. La ambivalencia y la tensión se trasladan también a la sociedad, en la medida en que ésta pierda, a los ojos de Carrió, noción de los bienes públicos y de las virtudes que conlleva preservarlos. El sube y baja electoral de la líder de la Coalición Cívica expresa su vínculo espasmódico y sinuoso con los argentinos: obtiene en la Capital más del 50% de los votos, mientras que en 2011 logró apenas el 4%. El peor momento de Carrió coincidió con el cénit de Cristina. Ahora ocurre a la inversa: la ex presidenta decae, mientras la diputada alcanza su éxito más contundente.

El regreso fulminante de Carrió, que entre 2011 y 2017 incrementó su caudal electoral en más de 1000%, requiere una explicación. Paradójicamente, para lograr ese récord mundial la diputada no les hizo ninguna concesión a los votantes. Más bien los ignoró, esperando el momento en que confesaran la culpa: ellos desecharon sus denuncias sobre la corrupción kirchnerista, yéndose detrás de Cristina cuando la economía crecía al 8% y volaba el consumo. Carrió se dispuso entonces a caminar por el desierto y tomó una actitud más próxima al liderazgo religioso que al político.

Hablando de la relación tortuosa de los intelectuales con el poder, Todorov sintetizó ese drama con luminosa concisión: "Como nadie escucha al profeta, éste se convierte en un perdonavidas". Los testimonios recogidos en los focus groups coinciden con esa apreciación: para la gente que le restituyó la confianza, Carrió es una profetisa. "Ella lo dijo antes que nadie, pero no le creímos", es la expresión unánime. Ahora volvemos a su seno para que nos ayude a ver la verdad y nos perdone, hasta el próximo desliz.

El carácter de profeta no es, sin embargo, la única explicación del éxito electoral de Elisa Carrió. En paralelo con la escenificación del liderazgo moral, ella evolucionó en su capacidad de construcción política, sazonando la ética de las convicciones con el realismo. Advirtió que un proyecto político requiere consenso, renuncia al personalismo y al control de las consecuencias. En esa línea, el sacrificio de UNEN y la creación de Cambiemos expresó una visión estratégica: sólo la confluencia de las principales fuerzas opositoras podía generar la alternancia. En esta convicción la acompañaron radicales lúcidos como Ernesto Sanz y Mario Negri, que ayudaron a que el partido centenario se sumara, no sin tensiones, al desafío. La convergencia de Carrió y el radicalismo con Pro, proviniendo de experiencias tan diferentes, es tal vez la novedad política más interesante de los últimos años. Sin disimular tensiones y enojos, implica la apuesta de mayor solidez hecha hasta el presente para correr al peronismo, en sus diversas expresiones, del lugar de partido dominante de la política argentina.

Quizás haya que analizar en adelante a Carrió no tanto por los avatares de su trayectoria, sino por el lugar que eligió ocupar en el presente. Enarbolando el significante de la república, decidió ser la conciencia moral de un gobierno que no pertenece a su cultura. Ella representa, para decirlo en términos psicoanalíticos, una suerte de superyó del Presidente. Para Freud, el superyó constituye una instancia autónoma y "una voz potente", que es a la vez modelo y juez, muchas veces implacable. Una conjunción de prohibición e ideal que torna temible a Carrió.

En el equilibrio entre ética y eficacia, que seduce a los porteños, acaso se cifre el futuro de Cambiemos. Si se cumplen los pronósticos, la coalición de gobierno obtendrá un fuerte espaldarazo el próximo 22 de octubre, no sólo en la ciudad. Ese día se consagrará Macri y junto con él una socia incómoda que le recordará sin descanso sus deberes morales.

En esta nota:
Te puede interesar