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Con menos ruido: vivir y trabajar lejos de la Capital mejora la calidad de vida

Así lo indica un relevamiento hecho entre los vecinos del corredor norte; señalan que los que habitan a mayor distancia de la ciudad fortalecen los lazos con su familia

Sábado 07 de octubre de 2017
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LA NACION
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Florencia Roca, con sus hijos Valentín y Tomás
Florencia Roca, con sus hijos Valentín y Tomás. Foto: LA NACION / Victoria Gesualdi

Hace cuatro años, Ana Valdez y Juan Ignacio Ferri se mudaron a Pilar con grandes expectativas y proyectos de vida verde. Se instalaron en un barrio cerrado, en el kilómetro 38,5 de la Panamericana. Pero, a los tres meses, el sueño de la vida natural se desintegró. Ella trabajaba en el centro porteño, en una empresa exportadora y eso implicaba pasar una buena parte de su día arriba de una autopista gris. Muchas más horas de las que podía sentarse en el parque de su casa a disfrutar de la vida lejos de la gran ciudad.

"No lo aguantaba más. Llegaba de malhumor a casa. Y a nuestras hijas, de 2 y 4 años las veía menos que antes", reconoce. Su marido, que trabajaba por Pilar, en cambio, estaba feliz. Entonces, ella, que tiene 39 años y es licenciada en marketing, decidió cambiar de trabajo. Renunció y empezó a trabajar desde su casa. Ahora, lo hace medio día en una empresa radicada en el parque industrial del partido y el resto, desde su casa. "Ahora sí que lo disfruto, casi no voy a la Capital. Pero cuando pretendí seguir como si no me hubiera mudado, mi vida se volvió un infierno", cuenta.

Cuando llegan los hijos, son muchas las parejas que deciden dejar la ciudad y mudarse a la provincia, ya sea a un barrio cerrado o a uno abierto, en una localidad de casas con jardines. La ecuación casi siempre es la misma: por el precio de un departamento se compra una casa donde se escucha el canto de los pájaros.

Un estudio que se hizo en el corredor norte señala que cuanto más lejos se vive de la Capital, mejor es la relación con la familia. Y que los que más satisfechos se sienten con su vida son los que logran un equilibrio entre lo personal y el trabajo en la comunidad a la que se mudaron. Los que peor la pasan son los que se mudan de la ciudad, pero no cambian de estilo de vida. Al contrario, lo compensan yendo y viniendo, a costa de pasar más de dos horas diarias arriba de la autopista.

Las conclusiones surgen de un sondeo que hizo la Universidad Abierta Interamericana (UAI), entre 1450 personas en San Isidro, Tigre, Vicente López, Escobar, San Fernando, Pilar y Malvinas Argentinas.

"Vivir más o menos lejos de una gran urbe como la Capital modifica sustancialmente el nivel de vida. ¿Puede medirse el nivel de felicidad de una comunidad? La respuesta es sí. Y depende de varios indicadores", explica Sergio Doval, director del Programa de Opinión Pública de la UAI. "El hecho de ser más o menos feliz en determinado lugar depende no sólo de nuestra percepción, sino también de los lazos con nuestra familia, nuestra comunidad, nuestros niveles de estrés, la posibilidad de tener trabajo y de encontrar en nuestro municipio las soluciones a aquellos problemas que nos aquejan", detalla.

Miguel Weiskind, Griselda y sus hijas Margarita y Catalina
Miguel Weiskind, Griselda y sus hijas Margarita y Catalina. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

El 90% de las personas que viven en zona norte se sienten satisfechos o muy satisfechos con su familia. Pero hay matices: los que viven en partidos cercanos a la Capital, tienen peor relación con su familia que los que viven más lejos.

En Escobar, están los habitantes más contentos con su núcleo familiar: el 94,5%, seguidos por San Isidro (93,5%) y Pilar, (92,8%). En cambio, en Vicente López el porcentaje baja a 87,7%. En Malvinas Argentinas, el 89,1% se siente satisfecho con su familia y en San Fernando, el 83,6%.

Cuando se les preguntó cómo es su estilo de vida, sólo uno de cada tres habitantes del corredor norte (el 32,7%) dijo que lleva "una vida sin estrés". En cambio, casi el 40% dijo que su vida es muy estresada, y el 27,5% algo estresada. Los habitantes de Vicente López están entre los más estresados: apenas uno de cada cuatro habitantes (25%) considera que lleva una vida sin preocupaciones.

La mitad de los entrevistados dijo estar satisfecha con su vida laboral. Hay tres partidos por debajo del promedio: Vicente López, Malvinas Argentinas y Pilar. Los habitantes del primero fueron los que menos conformes se mostraron con sus trabajos: el 15% dijo estar insatisfecho y el 19% ni bien ni mal. Algo parecido ocurre en Malvinas Argentinas (14,7% disconforme y 13,8% neutral). En Pilar, "neutro" e "insatisfecho" concentraron el 19,7% de las respuestas. Y el 31,4% no contestó.

Según Doval, esto se debe a varias razones. Mientras que en Malvinas Argentinas impacta la problemática social del partido, en Pilar la crisis personal con el mundo laboral tiene que ver con la distancia que siguen recorriendo muchos para ir y volver del trabajo.

"En cambio, en Vicente López, que es uno de los partidos con mayor nivel de estrés, el conflicto viene porque se trata en su mayoría de familias que se mudaron a provincia, pero que no abandonaron el estilo de vida de la gran ciudad. Siguen yendo al centro todos los días. La mudanza les permitió ganar metros aunque, al estar tan cerca no los hizo cambiar el estilo de vida, ni sus circuitos. Esto incrementa en muchos casos el displacer con la propia vida y afecta el nivel de felicidad. En cambio, aquellos que lograron armar su proyecto de vida en función a la cercanía de la comunidad en la que viven, son los que se sienten más a gusto", apunta Doval.

¿Por qué vivir más lejos y trabajar cerca podría hacernos más felices? Doval dice que es porque se reduce el artificio de proximidad. Esto de estar cerca de lo que está lejos y lejos de lo que está cerca nos hace sentir menos felices, porque sentimos que estamos poco presentes. "En cambio, los que logran alejarse del centro urbano y conectar con su nuevo proyecto de vida y entorno se sienten más satisfechos", concluye.

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