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Ecuador-Argentina, eliminatorias: el hechizo del 9, víctima del Superman de turno y la mira descalibrada

Si bien los arqueros de Uruguay, Venezuela y Perú fueron las figuras de los tres últimos partidos, hay culpas propias: sólo Messi asiste a los centrodelanteros argentinos; los errores de los extremos

Sábado 07 de octubre de 2017
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LA NACION
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Benedetto ensaya una queja en el área de la Bombonera; esta vez no se repitieron las alegrías
Benedetto ensaya una queja en el área de la Bombonera; esta vez no se repitieron las alegrías. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo

Malvadas finales, además de clavar puñales sembraron un hechizo. Como si perder las definiciones de Brasil 2014, Chile 2015 y Estados Unidos 2016 no hubiese representado suficiente castigo, aquellos síntomas se transformaron en un cuadro tan agudo que la Argentina teme desfallecer. La selección atravesó esos 360 minutos, entre el tiempo regular y los alargues, sin convertir. Había un mensaje encriptado. Desde entonces la selección viaja por toda Sudamérica peleada con el gol. Alejada de ese capital que ofrece una rentabilidad única: el gol es un aliado imprescindible para la victoria, incluso, muchas veces desentendiéndose de los merecimientos.

Apenas 16 gritos en 17 fechas, la peor cosecha de la historia rumbo a un Mundial. Sólo nueve como local, menos que cualquier otro camino a Rusia. Hace 435 minutos que no convierte un gol propio, porque en el medio festejó uno en contra del venezolano Rolf Feltscher. Para encontrar el último tanto de jugada hay que remontarse a noviembre del año pasado, ante Colombia. Bauza todavía era el técnico. 'El día que entre uno., entran mil', sentencia una máxima callejera con el deseo como mayor sustento. ¿Por qué no en Quito? Cierto. Y, ¿por qué tendría que ocurrir en Quito? Un vendaval de 33 remates desató la selección contra Venezuela y Perú. Ni un gol, árido cañoneo.

Messi es el goleador camino a Rusia con. cuatro gritos. Pero dos fueron de penal, uno de tiro libre y otro porque se desvió en un rival uruguayo. Cuando queda sólo una fecha de las interminables eliminatorias, ¡todavía no convirtió de jugada! Síntoma de una selección que añora el poder de fuego de futbolistas que arrasan en las ligas más poderosas.

A otros les tocó vestirse de salvadores o héroes accidentales. Con un grito de Biglia la selección ganó en Barranquilla. Un tanto de Mercado le dio la victoria ante Chile, en Santiago. También Mercado abrió el triunfo frente a Bolivia, en Córdoba. Fue Otamendi el que rescató un empate contra Venezuela a minutos del final. Ramiro Funes Mori hizo el primero en Lima en la igualdad con Perú. ¿Y los delanteros? Di María, dos. Pratto, dos. Higuaín, uno. Lavezzi, uno. Punto. Y también desfilaron Tevez, Agüero e Icardi. Es verdad que los arqueros rivales casi siempre se lucieron, como el ecuatoriano Alexander Domínguez, el brasileño Alison y el paraguayo Villar, en sus visitas al país.

Para Sampaoli, el problema no es el 9. Faltan varios ensayos para el partido con Ecuador, pero si hubiese que jugar ya mismo, el entrenador sostendría a Benedetto. No hay reproches hacia su producción, más allá de que la exquisita puntería que había mostrado en las prácticas no lo acompañó en las, al menos, tres situaciones de gol que dispuso ante el arquero Pedro Gallese. Pero no hay condena sobre el centroatacante de Boca. Sin la sombra de una tormentosa culpa ni la angustia, Benedetto puede sostenerse en la titularidad.

El cuerpo técnico sí encuentra un déficit en la calidad de asistencias que recibe el centrodelantero. Ocurrió con Icardi y se repitió con Benedetto. Si no los pone de cara al gol Messi, prácticamente nadie ofrece auténticas asistencias. A las bandas les ha faltado jerarquía. A Lautaro Acosta, por ejemplo, y especialmente a Di María. Desequilibrio en el pie a pie y desborde. Si funcionan los pistones y desbordan su marca, la zaga debe acudir al rescate y el N°9 argentino puede encontrar espacios. Una cadena de aciertos va agrietando la fortaleza adversaria. La Argentina no logra esa sintonía y los movimientos quedan atenazados. Detrás de cada gambeta el acorazado oponente descubre una nueva excoriación, pero el único que se quita marcas es Messi.

La selección no escapó del empate en sus tres últimos partidos. Tres puntos que la condenaron al sufrimiento. Los tres tuvieron una figura excluyente, el uruguayo Fernando Muslera (8 para la nacion), el venezolano Wuilker Fariñez (9) y el peruano Pedro Gallese (8). Embrujo, desenfoque, infortunio. Si hubiera razones esotéricas, son ingobernables. Mejor rastrillar las terrenales, en las que se puede tallar. Sin buenos abastecedores, sin aceitados circuitos, sin afirmadas sociedades, el área se vuelve zona minada. La selección se quedó sin gol hace tiempo. Sólo quedan 90 minutos para escapar del laberinto.

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