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Grupo Alma: la historia de la compañía de danza que integra a bailarines en silla de ruedas

Cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire

Sábado 07 de octubre de 2017 • 12:47
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El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire. Foto: Victor Spinelli
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire. Foto: Sergio Mussini
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire.
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire.
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire. Foto: Facundo Ballesta
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire. Foto: Facundo Ballesta
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire.
El Grupo Alma, Compañía de Danza Integradora, cumple veinte años de trayectoria y lo celebrará con una retrospectiva de su obra el 12 de octubre en el Teatro Empire.

"En medio de la dificultad, reside la oportunidad". Lo decía Albert Einstein, pero bien podrían ser palabras de Susana González Gonz, directora del Grupo Alma, compañía de danza integradora que fundó hace veinte años y que este 12 de octubre realiza una retrospectiva de su obra con el espectáculo "Dejando Huellas" en el Teatro Empire. Esas huellas son el testimonio de toda una vida dedicada a la danza, pero sobre todo, a la inclusión de bailarines con alguna discapacidad motriz.

En esa amalgama de dinámica conjunta, se genera la igualdad y la libertad de los cuerpos pero, sobre todo, del alma, ese milagro que solo es posible cuando el arte intercede. "Los bailarines en sillas de ruedas encuentran la libertad a través de la danza. Una libertad que, antes de estar en silla de ruedas, no la tenían porque vivían estructurados en el deber ser y en lo que tenían que hacer", explica González Gonz.

A través de la danza, los artistas en silla de ruedas encuentran otro lenguaje de comunicación y un modo de expresión que no los ancla en el dolor sino en la superación. Abandonan el por qué para dar paso a un para qué lúdico y de crecimiento.

"Aixa, una de mis bailarinas, dice que bailando con la silla recuperó la libertad de abrazar. Siente que con la silla, vuela", cuenta la directora. "Los chicos no se quedan esperando que la ciencia descubra el modo para hacerlos caminar, porque nosotros entendemos que se puede caminar de muchas maneras", explica la creadora de esta experiencia pionera en el país y con muy pocos referentes en el mundo.

Tal es el prestigio del Grupo Alma, que sus espectáculos han sido vistos en Rusia, Chile, Cuba y Brasil, a partir de giras en las que muestran el trabajo sobre el escenario y la modalidad de los talleres que brinda la coreógrafa quien tiene a su cargo la cátedra de Danza Integradora en la Universidad Nacional de las Artes. "Me emociono cuando pienso en la gente que pasó por este grupo y hoy son libres, creativos, realizan sus proyectos de manera autónoma", confiesa la docente que obtuvo varias distinciones, entre ellas un reconocimiento del Congreso Nacional y de la Legislatura porteña.

El vínculo de la directora con la danza integradora comenzó cuando su hijo, a los 14 años, protagonizó un accidente deportivo saltando en la cama elástica. "Yo era profesora de danza y expresión corporal en el IUNA. Allí tuve la oportunidad de hacer un curso de danza integradora en sillas de ruedas, lo invité a Demián, que ya tenía 18 años, y presentamos un trabajo en el Congreso de Educación Física Especial. Fue tan importante el aplauso que ahí decidí comenzar a trabajar con él y una bailarina. Luego se fueron sumando muchos más. Este año, Demián abrirá el espectáculo con una coreografía con música de Pink Floyd", explica González Gonz.

Romper prejuicios

González Gonz asegura que los bailarines que forman parte de este grupo "cambian la postura frente a la vida". "Para ellos, la silla ya no es un elemento de imposibilidad. La silla es parte del cuerpo y la rueda es como la cadera. Desde ahí comienza el despliegue. Movimiento puro. Pueden estar mal en sus casas, pero cuando bailan son libres", sostiene. Para González Gonz "hay que romper prejuicios, animarse".

Y a ese desafío se animó Priscila Peralta, una de las integrantes del Grupo Alma que no tiene ninguna discapacidad motriz. "Yo no me desplazo con la silla, pero muchas limitaciones las tenía en la cabeza. Me costó acostumbrarme. Uno va preguntando al partenaire: ¿te va a doler si me cuelgo? ¿Me puedo subir acá? Si hago tal cosa, ¿te molesta? Finalmente se trata de probar y disfrutar. Buscamos la comunión desde el movimiento. Desde los límites y las posibilidades de todos", cuenta.

Luciana Galván es Licenciada en Ecología Urbana por la Universidad de General Sarmiento y es una de las artistas que integra el Grupo Alma. Se desplaza en silla de ruedas desde hace seis años, cuando sufrió un accidente mientras desarrollaba una de sus pasiones, la acrobacia. Ella siempre estuvo atenta a las cuestiones vinculadas a la discapacidad. Durante un tiempo, fue guía del Museo de Ciencia de su universidad y bregó para que el edificio sea accesible a personas con movilidad reducida. Con su esfuerzo logró que se instalaran rampas y ascensores. Lo que Luciana nunca imaginó es que, años después, ella misma utilizaría esas facilidades: "La vuelta a ese lugar, ya en silla de ruedas, fue muy fuerte. Utilicé las rampas por las que había luchado yo", explica.

"A partir de lo que me sucedió, dejé de sentir el cuerpo y, en consecuencia, de moverme. De todos modos, rápidamente volví a trabajar, pero la sensación que yo tenía era como estar en una caja. Esa caja era la silla. Necesitaba salir de ahí porque sentía que me iba achicando", relata. "Me angustiaba no saber cómo recuperar ese movimiento. Por suerte, me acordé de Demián Frontera, el hijo de nuestra directora y el primer bailarín de la compañía. Lo había visto una vez bailar en silla de ruedas y me había generado una sensación muy profunda. Al verme yo en esa situación, pensé que si había algo que me podía ayudar era la danza. Así que fui en busca de los talleres. Eso fue a los siete meses del accidente", añade.

"Con la danza aprendí a aceptar mi silla, a reconciliarme con ella, a moverme diferente", sostiene Luciana. Y agrega: "Estar en silla es una manera diferente de existir. La discapacidad mayor no está en la persona que la padece, sino en el entorno".

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